Transporte

Los conductores habaneros de bicitaxis están poniendo el grito en el cielo, debido a los altos impuestos que deben pagar por una actividad tan útil socialmente, pero con beneficios económicos tan exiguos para quienes la ejercen.

La carga impositiva, dicen, se agrava hasta el colmo cuando se le suman los pagos por una seguridad social cuyas dudosas ventajas no parecen ser de su interés.

Haciendo tabla rasa a la hora de aplicar dogmas político-económicos, el régimen incurre en el soez absurdo de aumentarle las tributaciones para impedir que estos conductores de triciclos a pedal (una tarea parecida a la de mulos carretoneros) se hagan ricos cobrando sus recorridos a cinco pesos en moneda nacional, o sea veinte centavos de dolar. 

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El tren

Siempre que caminaba por la terminal de trenes de La Habana en dirección al puerto, mi vista saltaba involuntariamente como un resorte, hacia una enorme valla que se encontraba situada muy próxima a su edificio central. Desconozco los motivos que me llevaran a observarla siempre que usaba ese camino, lo cierto es, que allí estaba pintado ese viejito de barbas y melena llamado Carlitos Marx (único hippie autorizado en la década de los sesenta). Al lado de su brillante cabeza había un pensamiento de él, decía en sus inicios algo así; "El ferrocarril es el nexo más importante entre la ciudad y el campo, tao, tao,tao.

Yo siempre me reía después de leer aquello, creo que mi comportamiento era algo masoquista, luego continuaba a luchar contra Alicia en el país de las dificultades. Pienso que por ser marino, no solo pertenecíamos a esa clase de cubanos que viajaban por el mundo, muy escasos por cierto. Viajábamos más que el ciudadano común a bordo de los ineficientes servicios de Cubana de Aviación (una autorizada justificación para emborracharme), no es broma, el problema es que al enterarme de que los aviones cubanos usaban gomas recapadas, y que además de eso las mostraban con orgullo en los noticieros, era motivo suficiente para viajar en esa condición, no sin antes encomendarme a Dios.

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La guagua

Una guagua es una enorme caja rectangular y por lo general metálica que descansa sobre seis ruedas, casi siempre cuatro detrás y dos en la parte delantera que sirven para doblar. Tiene mucha semejanza con una jaula aunque no lo es, posee unas ventanillas que algunas veces van provistas de cristales y otras veces no.

Las ventanillas tienen sus usos exclusivos, sirven para que la gente disfrute el panorama exterior cuando viaja dentro de ellas, para que se sirvan del aire que alimenta su interior cuando viajan en un clima asfixiante, para que la gente que va sentada se burle de la gente que no puede abordar la guagua en determinada parada, para que los que se encuentran sentados se hagan los guillados y no le ofrezcan el asiento a una mujer embarazada, para que los ladrones le arrebaten una cadena de oro del cuello a uno de los viajantes, sirven también para que le roben la gorra a cualquier pasajero sentado en lo que arranca la guagua, en fin, sirven también para dedicarle un piropo a una de esas mujeres con un desarrollo fenomenal de sus glúteos o simplemente para gritar groserías. Sus usos han cambiado con los tiempos y actualmente el más importante es, que la ventana sirve también para entrar en la guagua.

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