Jinetero,... ¿y qué?

Las Marchas Antiimperialistas

Desde que al ciego de Osvaldo Rodríguez se le ocurrió componer El himno de La marcha del pueblo combatiente, ha llovido muchísimo ¡Y hemos tenido más marchas que lluvia! Las multitudinarias, inútiles y antieconómicas marchas son cosa de todos los días en Cuba.

No importan qué aires soplen en Washington, en La Habana estarán en contra de ellos, no porque apesten sino porque son aires americanos.

Pero, ¿Cómo funciona una “marcha antiimperialista” por dentro?

Las hay que se celebran en días laborales, surgen de ahora pa´ horita. Te enteras cuando llegas a tu centro de trabajo con tremendas pocas ganas de trabajar o caga´o por el examen al que no te preparaste si eres estudiante y … “Voilá”: Hay que contestarle a Bush hoy mismo. ¡No hay pincha! Y tú le das las gracias al presidente de USA por librarte de esa.

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Los pequeños actos que se ejecutan son mejores que todos aquellos grandes que se planean.
- George Marshall

En Europa me he acostumbrado a debatir. Sí, porque debatir no es lo mismo que discutir. Acá puedo decir mi opinión de manera civilizada mientras todos me oyen en silencio a que termine de exponer mis ideas. Luego uno tras otros mis interlocutores irán tomando la palabra y expondrán sus puntos de vistas, que pueden ser iguales o diametralmente opuestos a los míos. En resumen, en el debate el objetivo no es convencer al otro de algo, sino hacer pública nuestra posición. Al final todos levantamos las copas o la cerveza según sea el caso y brindamos por la salud de todos y de la pluralidad de pensamiento.

Vi hace un tiempo en la TV de este país al presidente de la república frente a sus electores. Vi a una vieja del público pedir la palabra y ha poner al presidente como un culo, le dijo todo sin alzar la voz, sin una palabra mal dicha: déjate de mentirnos, que los números no mientes. Tú eres el fracaso y la verguenza de este país… . Y ¿podrás creer que el presidente tragaba en seco y clavaba los ojos en el piso, rojo de la verguenza como hace un chiquillo cuando su mamá la reprime? Tal escena sigue siendo para los cubanos una quimera, eso en Cuba no pasa ni en sueños. Pa´ qué explicar lo que pasaría… tú sabes, no vale la pena que te describa la escena. Además en Cuba el presidente nunca se equivoca; la culpa de cualquier cosa siempre la tienen los americanos, que pa´eso son los malos de la película.

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No recuerda, de niño, haber disfrutado de historias contadas por sus padres a la hora de dormir, ni arbolitos, ni regalos de navidad ni na’ de na’. A los nueve años ya no tenía sus padres consigo. Su madre se fue temprano, víctima de una enfermedad y su padre murió en los disturbios de la revolución del 33. Sólo le dejaron dos hermanos más pequeños que él y la inmensa preocupación de sacarlos adelante. Dios no le dió tiempo siquiera de terminar de ser niño cuando le cayeron del cielo las preocupaciones de adultos.

Sus juguetes, si es que se les puede llamar así, fueron su cajón de limpiabotas y los barcos de papel que hacía con los periódicos que no lograba vender en el día y que junto a sus hermanos echaba en la bahía de La Habana.

Me contó mi padre, que con suerte podían comer una vez al día y que a veces tuvo que sacrificar su porción para que su hermano más pequeño ganara fuerzas y aprendiera finalmente a caminar a los 5 años.

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Como de costumbre a las tres de la tarde ya es de noche. Este año no tenemos aún tormentas de nieve cubriendo y devorando cuanta superficie queda expuesta a la buena de Dios. No. Este año hace buen tiempo, tenemos sólo – 1 grado. De cuando en cuando cae una fina lluvia helada que atraviesa la cara como agujas, pero eso es todo.

Hemos decidido aprovechar “el buen tiempo” y llegarnos al mercado de navidad que llena de colorido la ciudad vieja, algo que por no tener en Cuba, siempre resulta agradable visitar. Al menos en estas estrechas callejuelas inundadas por la alegría del mercado de navidad no hay que avanzar por sobre toneladas de nieve.

Desde los gruesos muros de la ciudad medieval se nos abalanza el eco de viejos marinos anunciando aceite de ballena para las lámparas que mantenían alumbrados a los lugareños en los meses en que el sol cierra el negocio y se va de vacaciones al Caribe. El aire se llena también de sonidos de instrumentos góticos y chasquidos de viejas jarras de barro y en grandes potes se cuecen menús hipercalóricos para poder soportar este frío increíble.

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