Jinetero,... ¿y qué?

Como lo oyen.

Yo conocí un señor que trabajaba en Regla, creo que vivía en el Diezmero. Comunista sincero de los que ya no se fabrican. Su hoja de servicios o mejor dicho sacrificios por la revolución no tenía pa´cuando acabar. De Girón pa´cá no se perdió una. Los cinco picos, alfabetización, Angola, Nicaragua, En la microbrigada, nunca aceptó la casa en Alamar que por méritos se había ganado, a pesar de tener mujer y dos hijos, porque habían siempre compañeros más necesitados que él. Eso sí, hombra a to ´. Nunca echó a nadie pa´lante, porque creía en el hombre nuevo. Hablaba con la gente, aunque nadie le hiciera caso.

Siempre fuimos amigos. La primera bronca la tuvimos a principios del ´93, cuando un día le comenté: Asere, hay una bola por ahí que dice de que van a permitir el dólar. COMOOO!!! Qué tú dices!! Los principios no son negociables!! Me puso nuevo.

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Esto no es un comentario políticamente correcto, pero como, de hecho, ya mi vida es políticamente incorrecta dependiendo desde donde se mire; ahí les dejo eso. Estas son mis verdades que podrán ser lo que sea, pero son las mías y como siempre no tienen que ser acatadas por nadie:

Una visita a la Mafia de Miami. (1 de 3)

¿Qué cubano nacido después del triunfo de la Revolución no ha oído acerca de la mafia de Miami? Es algo así como el “coco” oficial con capacidad para cargar con sus culpas y las nuestras en un mismo cuerpo. No importa cual tarea haya terminado en fracaso: Para eso tenemos una Mafia de Miami, detrás de nuestra incapacidad está su largo brazo. ¡Si es que hasta un ciclón tuvimos que fue catalogado de ciclón imperialista!

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Mientras más me lo preguntan más alto lo grito: no estamos preparados para vivir fuera de la isla. Salir de debajo de la saya de mamá Cuba puede ser peligroso y hasta veces mortal para esos seres inválidos y sobreprotegidos que comúnmente se les llama “cubanos de Cuba”. Nada hay más peligroso para sí mismo -y lastimoso- que un cubano “de allá, recién llegado al más allá”. Con unas ganas inmensas de comerse el mundo, de crear una empresa, de hacer dinero, de empezar a enviar dinero a Cuba, de meter su nombre en el club de los cubanos triunfadores y directores de la Coca Cola. Cuanta para ello con todos sus títulos cubanos y la “maldá” traida de la isla.

Desgraciadamente esta no es una historia de ficción es tan real como dolorosa.

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Un personaje célebre en la República Popular de la Habana Vieja, gallego de nacimiento pero aplatanao en Cuba desde los 50. Allí vivió al menos desde que yo vine al mundo. Una vez me contó más o menos acerca de la geografía particular de los cubanos. Su propia geografía. La otra geografía.

El gallego me dijo un día:

"...En el mundo hay muchos países, mencionarlos les forma un lío en la cabeza del carajo, así que el mapamundi de los cubanos es bastante más simple que para el resto de los mortales. Ellos resuelven rápido:

Poco importa donde haya nacido alguien de ojos rasgados. Poco importa si viene de Shangai, Tokio, o Malasia: Para los cubanos es CHINO.

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El bus ayer se detuvo a las 8 y 40. No más poner pié en el suelo vi a lo lejos, sobre el puente que cruza la calle, el tren que me llevaría finalmente hasta la oficina y eso me hizo echar a correr como un loco. Si me apresuraba podría saltar dentro del vagón en el último momento. Pero el intenso tráfico a esas horas de la mañana y la gente, que aquí siempre está apurada, no me dio una oportunidad de cruzar ni de casualidad. Finalmente alguien se apiadó, redujo la marcha y me volví a lanzar a toda velocidad en post del tren, que detenido ya, abría las puertas. Entré sin detenerme en la estación con riesgo de enredarme con el puesto del chino que vende flores justo en el pórtico, pero como yo sé que siempre está ahí, esquivarlo no fue tan milagroso como pudo haber parecido. El vestíbulo quedó atrás y en el momento que ponía pie en las largas escaleras mecánicas, el sonido inconfundible de las puertas al cerrar y el estruendo del tren alejándose me dijo que mi esfuerzo fue en vano.

- Me cago en… - golpeé el pasamos.

Aquí los trenes tienen, por sobre todas las cosas, manía de puntualidad. En un país normal pasaría a las “y cuarenta” o a “las y cuarenticinco”, pero no: En este planeta que habito, pasa a las “y cuarentiuno”, ni un minuto más ni un segundo menos.

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