Jinetero,... ¿y qué?

Juanito nunca hubiera creído que la vida lo lanzaría a esta encrucijada. Tener un hijo libre y otro esclavo… eh… bueno, a ver cómo me explico.

Como casi cada cubano de esta época Juanito soñó irse como fuera de Cuba, pero eso no basta con desearlo, hay que pasar por un estrechísimo y larguísimo tamiz que separa la paja buena de la mala o los cubanos malos de los buenos. Envió sus datos cada año para cada bombo o como le llaman los americanos: la lotería de Visas… pero él nunca ganó ni en las rifas de los cumpleaños. Probó entonces como balsero, no una sino tres veces. La primera balsa naufragó a sólo 100 metros de la orilla, hizo la segunda con unos socios que le sabían un mundo a eso de la marinería, pero que desaparecieron un día antes de la partida con balsa y todo y lo dejaron atrás. Esos socios viven hoy en Miami. La tercera balsa la hizo sólo, experiencia no le faltaba. Salió una mañana de mayo pero los guardacostas americanos lo detectaron a sólo 5 millas de su destino y lo devolvieron a Cuba.

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Yo no creo que Europa signifique automáticamente más posibilidades para los cubanos. Somos inmigrantes, los últimos que llegamos. Este continente tiene ya bastantes problemas, incluidos una pila de millones (creo que más de 40) de desempleados repartidos entre todos sus países. Los cubanos en USA tienen oportunidades miles puestos que están respaldados por una comunidad poderosísima y leyes que en cierta medida les allanan el camino. Eso es otro problema.

Pero del otro lado del Atléntico la cosa cambia. La “comunidad cubana” no es sino una más, sin ventajas políticas, ni carismáticas. La salsa y el mojito hacen algo por individualizarnos, pero hay vida también fuera de las Discos. Somos uno más del pelotón conformado por africanos, asiáticos y suramericanos. Dicho en cubano: A jamar soga como el que más.

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A mí no me gusta la política, prefiero templar; siempre lo he dicho. Otra cosa es que me pueda aguantar la lengua cuando veo alguien diciendo algún que otro disparate. Claro que la palabra disparate depende de quien es el censor. Resulta que mataperreando en la Blogosfera cubana, he encontrado un post que preguntaba si la gente creía que la izquierda desaparecería en Cuba. ¡Qué pregunta! Pero lo mejor es que todos los que opinaron estaban convencidos de que la izquierda desaparecería de Cuba, para bien de la nueva república donde todos serían derechos. Y ahí es cuando tengo que ir en contra de mis preferencias, dejar lo que estoy haciendo y entrar al trapo a decir cosas de sentido común… que como dije yo nunca hablo de política.

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Una mano lava la otra y las dos lavan la cara
Felo, el carnicero.

Aunque soy quien hace las compras en casa, llevo siempre una lista en mi bolsillo que sigo al pié de la letra pues estos capitalistas te venden lo que no te hace falta y bueno… ya tú sabes, el consumismo. Pero a la doña ayer se le olvidó poner qué carne he de comprar y heme aquí perdido ante un mar de ofertas, ante un mostrador de veinte metros de largo lleno de cuanto bicho muerto existe, completo o por piezas, se aglomeran tal cantidad de carnes que no me puedo decidir… y entonces pienso en Felo.

¿Quién es Felo? Un guajiro, pinareño pa´ más señas que llegó a La Habana hace una pila de años sin muchos estudios, no porque no tuviera oportunidades de estudiar, sino porque no tenía cabeza pa´ los libros. Felo es más bruto que un arado; eso sí, buena gente como el sólo, con una sonrisa perenne asomando a sus labios. Algo claro tenía en la cabeza el día que dejó atrás su natal Los Palacios: En “La Poma” se puede luchar. Y así fue como llegó a ser el carnicero de mi barrio: siempre en la lucha.

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La gente de mi barrio era de pinga, en na´ formaban un brete, una fajazón o un güiro que se acababa a las 6 de la mañana bailando sobre el muro del malecón. Eso sí, allí los hombres son hombre a to´, los amigos son amigos de sus amigos y las veces que la fiana entraba preguntando por tal o más cual persona “ni el sol le daba”…

El Teti, ratero de oficio.

Teti no llegó nunca a ladrón, no fue Arsenio Lupin o el mítico Fantomas de las películas francesas de nuestra infancia. No, él sólo fue un ratero de mierda que se contentaba con llevarse la ropa de las tendederas o apropiarse de algo cuando algún descuidado dejaba la puerta de la calle abierta en un barrio común de La Habana. Claro que sus necesidades se limitaban a la botella de chispa por eso no pasó de ser un tipo pintoresco al que la gente le metía un escándalo pero pasaba la página sin denunciarlo porque, con el tiempo, llegó a ser sólo el borracho del barrio; aunque el discurso oficial insistiera en denominarlo “un problema social”.

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