Cuba es un cuento, compay

Maquinista Armenteros

Una factura pendiente de cobro.

-Pipo, si quieres yo puedo quemarlo fácilmente, tú sabes que los marinos no pueden vincularse con cubanos en el exterior y mucho peor con tus antecedentes. Me dijo en una de las llamadas telefónicas realizadas a La Habana sorteando todo tipo de dificultades, burlar el cerco que me tendieron no resultó muy sencillo. Tuve que marcar fechas y números telefónicos en dos almanaques similares, luego enviarles uno a la capital. Unas veces lograba hablar con ellos desde Alamar, otras desde Santos Suarez y por último, usando un teléfono de los vecinos de mi madre en Luyanó. Para no abusar de la confianza de esas personas, yo los conectaba con sus familiares en Estados Unidos. Fue en esa época donde no existían llamadas directas desde la Yuma a la isla y yo pagaba un servicio de Three Way. Desde Canadá teníamos comunicación directa vía satélite y al instante esas personas sabían de los suyos, favor con favor se paga, siempre he pensado. Para esas fechas el precio del minuto a Cuba superaba los $3.00 dólares, así que ya pueden imaginar en los gastos incurridos. No hay un solo cubano separado de su familia que se satisfaga con una llamada de cinco minutos, todas sobrepasaron los diez y nunca protesté.

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Evaluaciones.

En la marina mercante cubana existían tres tipos de evaluaciones a saber, las técnicas, laborales y las políticas. En la medida que se satisficieron las demandas de oficiales y técnicos de diferentes categorías, aumentaron las evaluaciones técnicas y sus complejidades. Fueron más frecuentes y exigentes, no había plazas para todos los graduados. De la noche a la mañana, nuestra marina se convirtió en el más fiel cumplidor de las regulaciones establecidas por la OMI (Organización Marítima Intergubernamental). Se impusieron las evaluaciones de "Recalificación" de acuerdo al cargo ocupado y las que realizaba el Departamento de Seguridad para la Navegación. Situación que obligaba a todos los oficiales a mantenerse constantemente actualizados en las asignaturas sometidas a exámenes. Tal fue el caso, que llegaron a viajar capitanes inspectores en nuestras naves para evaluar la preparación de sus oficiales. Desaprobar alguna de aquellas evaluaciones solo podía repercutir en una democión de cargo, es lógico que sus efectos se sintieran en el salario, pero nunca tendrían consecuencias negativas en la vida laboral, continuabas navegando.

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CAPITULO 1.-

-Todo el que lo desee puede escribirles a sus familiares en EU y pedirles que los reclamen. Nos entregan la carta y nosotros se las haremos llegar. Anunciaba el Sargento Soto en cada una de las casas de campaña que teníamos como dormitorio. Era un negro espigado y delgado como una vara de pescar, algo bembón y de glúteos pronunciados. Siempre vestía aquellos uniformes verde olivo fabricados en China y de un verde muy diferente a los importados de la Unión Soviética. Esos solo se los daban a los oficiales, el de los reclutas eran los rusos. Soto disfrutaba destruyendo muchachos, porque eso éramos todos los del Primer llamado del Servicio Militar Obligatorio, yo tenía cuando aquella fatal carta 15 años de edad.

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Marinos y marinos

Por la saga de los marinos cubanos. Caso: Marinos y marinos.

La escuchaba con mucha atención, me interesaban los temas que trataban directamente la conducta de los hombres. En el teatro de la Empresa de Navegación Mambisa reinaba el silencio y los asistentes estaban obligados a vestir sus uniformes. Charreteras de tres y cuatro rayas, mezcladas entre sí, ocupaban tres filas de asientos, algunos de ellos vacíos, no éramos tantos. Era la segunda ocasión en la que recibía una conferencia impartida por la psicóloga que trabajaba para nuestra empresa, tampoco sabía que un profesional de esa especialidad prestara sus servicios a nuestros marinos. Muchos años atrás había recibido varias conferencias de psicopedagogía en la Academia Naval y ambas tenían un propósito común, aprovechar y usar las potencialidades del hombre de acuerdo a su carácter y temperamento. ¡El líder! Es muy importante identificarlo, él puede colaborar mucho en el desarrollo de esta tarea. Luego, la psicóloga se extraviaba por laberintos desconocidos para ella, mejor dicho, dominados solo por el uso de los libros o explicaciones de sus profesores. No tenía remota idea de lo que fuera la vida del hombre de mar y sus exposiciones comenzaron a ser muy vagas. Llegó el punto donde verdaderamente me sentí ofendido y no pude contenerme, alcé mi mano y pedí la palabra. Su desconocimiento sobre las generaciones pasadas de marinos la delataba. ¿Cómo podía atreverse a incursionar en un campo desconocido por ella?

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Contramaestre Galán in memoriam

Aquel gallego tenía la costumbre de posarse contra el vidrio de nuestra fachada, como si poseyera ventosas en el rostro y colocaba ambas manos pegadas a sus ojos a modo visera. Con aquella leve oscuridad trataba de penetrar en el interior del restaurante y yo me escondía, hablaba mucho, demasiado. No era capaz de comprender cuando estábamos ocupados, poco le importaba si no habíamos abierto o atendíamos al público, era demasiado posesivo. Hablaba, hablaba, lo hacía sin parar, como deseando descargar en ráfagas todo el arsenal acumulado en sus soledades.

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