Cuba es un cuento, compay

Chocolate con tristeza (Model Town)

El chocolate, producto obtenido luego del proceso industrial que se deriva del cacao, fruto o materia prima original y abundante en las regiones orientales de Cuba. Cuyo origen y consumo se remonta a una América que, perteneció a un nuevo mundo desconocido por las viejas civilizaciones de Europa. Supo invadir prontamente el reinado de aquellos imperios y expandirse al mundo con su agradable sabor. Viajando con la historia, el chocolate se impuso como un producto elegido para manifestar ciertos estados emocionales del hombre. Es un digno embajador del amor y regalo favorito entre muchas parejas de diferentes nacionalidades, idiomas o credos. Una manifestación de amistad, distinción, elogio, premio y hasta gratitud o reverencia. El chocolate mantiene una anciana preferencia entre las costumbres del ser humano al consumirlo de diferentes maneras, es un producto que nunca pasa de moda y su vigencia comienza desde los primeros años de la infancia.

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El acceso a la ciudad de Rangún (hoy Yangón) por el río con el mismo nombre, consume varias horas de navegación incapaces de despertar la curiosidad de cualquier navegante. Tiempo gastado entre campos sembrados de arroz u hortalizas, pequeñas aldeas donde los niños corren para ver nuestro paso por el río y agitar sus infantiles manos. Selvas impenetrables donde la mirada se pierde agotada entre un verdor oscuro que desafía la constante lluvia de la temporada. Ausencia total de civilización durante las decenas de millas navegadas desde el mar de Andamán hasta el punto elegido por el Práctico para fondear en espera de la marea. Fue en un recodo de ese río color café con leche donde soltamos ancla, sumergiendo varios grilletes de cadena para soportar la fuerza de su corriente. A estribor, una pequeña aldea o batey que me trasladó a los intrincados campos cubanos. Por el techo de algunas de esas viviendas escapaba el humo de la leña utilizada en lo que suponía fueran sus cocinas.

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Sirenas

Cuando salí para Angola en el año 77, la presencia de mujeres en nuestra flota era escasísima. Solo unas pocas se encontraban navegando en nuestros barcos en aquellos momentos, unas cuantas viejas militantes del partido a las que por la sola posesión de aquel carné se les debía un exagerado respeto. No creo llegaran a la decena de ellas en una flota mercante que, superaba en esos instantes las sesenta naves de mediano porte dedicados a diferentes especialidades de carga. Cuando te cruzabas con alguno de esos “afortunados” barcos premiados con su presencia, te la presentaban con cierta y muy exagerada solemnidad que picaba en lo ridículo.

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Cualquier material, evento sin relevancia, persona, sitio, parque y hasta una simple edificación, puede convertirse en material útil a los intereses manipuladores del régimen castrista. Poco importa si los protagonistas de esa historia tergiversada se encuentran presentes, para los muertos la suerte es más penosa, ellos no pueden hablar.

Recorriendo una de esas páginas de Internet donde por accidente o maliciosa ingenuidad, se hacen eco de muchos artículos aparecidos en la prensa cubana con ciertos matices culturales inofensivos, y que de paso, todo sea bienvenido en nombre de la cultura y la tolerancia. Me encuentro con un trabajo que habla de la escuela donde pasé mi infancia y cuyo nombre sirve de título a este artículo. Extraña amalgama de medias verdades, mentiras, citas históricas inviolables, y por qué no, algunas verdades que con el paso del tiempo han sido convertidas en falsedades. Vamos a ver como puedo contestar a ese señorito de pluma roja, cuya labor es harto conocida por todos los que nos desarrollamos en ese sistema.

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Contando hasta cien

...-Muchos Antonio, la revolución genera infinidad de cambios. Los barcos tendrán que pagar millones de dólares por sobre estadía. Se necesitarán millones de cortadores de caña, no se podrá templar tranquilamente en una cama. Será imposible beber un buchito de café en el país, los niños tomarán leche hasta los siete años, desaparecerá la carne de la dieta popular, no habrá malanga ni tomates. El divorcio y la pegadera de tarros estarán a la altura del proceso que las genera...

-No sé que haces por acá. No le prestaba mucha atención entonces. El auto se deslizó unos siete metros luego de aplicar el freno a tope. Un ligero susto hizo que concentrara la mirada en los autos que esperaban por la luz verde en la avenida perpendicular. Por suerte, la mayoría de los conductores se toman unos segundos más antes de poner sus vehículos en marcha. Debía reducir la velocidad, cuarenta kilómetros por hora eran demasiados para las condiciones actuales. Hacía solo dos horas que estaba lloviendo hielo y todas las calles de la ciudad se convirtieron en una pista de patinaje, agravada la situación por la nieve caída dos días atrás. Ésta es la etapa más difícil del otoño, llueve, nieva, cae hielo. Luego, cuando las temperaturas descienden hasta saltar por debajo de los treinta, todo se torna normal y la gente se adapta a su vida de pingüino.

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