Cuba es un cuento, compay

Brindis por un bache

Amigos, he suspendido mis dosis de antibióticos para darme un cañangazo, no puedo evitarlo. Hoy, me invade la alegría y quiero brindar por un bache. No es un bache cualquiera, aunque hoy, Eusebio Leal, historiador de la ciudad, pretenda ignorarlo. Nació como un pequeño manantial en 1973 en la esquina de Mayía Rodríguez y Luís Estévez, según consta en el registro civil de nuestro barrio Santos Suárez. Sus aguas cristalinas se desplazaban Mayía abajo y durante su juventud, atravesó sin temor la calle Lacret sin respetar la luz roja de su semáforo. Sus aguas fueron atropelladas miles de veces por las guaguas de las rutas 79, 179, 83, 74 y 174. No satisfecho el gobierno con esos crímenes impunes, ordenó a todos los camiones del Minfar, ECOAS, combinados lácteos, Mitrans y cuanto organismo estatal transitara por esas vías, colaborar en el crimen que se perpetraba. Es de suponer que a esa campaña se sumaran los carros patrulleros, los del G2 cuando se dirigían a Villa Marista, los de la ANCHAR y los de todos aquellos vanguardias y profesionales premiados por el gobierno.

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Un día regresarán las golondrinas

Varios remolinos adornan la calle principal, enormes bocanadas de polvo los alimentan desde las bocacalles. Olas de hojas resecas y basura danzan dulcemente al compás de una armónica ventisca obligando a cerrar los ojos. No sé si algún instante los tuve abiertos. Sentía que avanzaba desesperadamente, como esperando el asalto de cualquier bache. Esquivaba con genial maestría raíces fugitivas de la prisión a la cuales durante mucho tiempo las sometiera el suelo. Las aceras eran discontinuas, aún así, presentí que aquel paisaje fuera conocido por mí y nada me detuvo. Buscaba entre muros y columnas destruidas el origen de muchos sueños, el aleteo y sonrisa fresca de muchas golondrinas. Puede que el ensordecedor ruido producido por el viento opacara aquellas risas que una vez existieron.

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Disposiciones generales

1.- Queda terminantemente prohibido llamar terroristas a los compañeros revolucionarios que, asesinen, secuestren, torturen y trafiquen con drogas en sus justas luchas por los ideales bolivarianos.

2.- Queda prohibido atacar bases de guerrillas revolucionarias (llamados terroristas antes de entrar en vigor la presente) que se encuentren fuera del territorio nacional. Los países vecinos donde se encuentren esos emplazamientos, pueden considerarlos fronteras ficticias en igualdad de condiciones otorgadas a embajadas, consulados, naves y aeronaves de acuerdo a las leyes internacionales vigentes. Gozarán de iguales privilegios e inmunidad diplomática.

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Blanquito y Blanquita

Formaban una parejita muy simpática que navegó conmigo a bordo del “Topaz Island” cuando yo era Segundo Oficial, correría el ochenta y uno. Ambos eran camareros y recuerdo que su camarote daba al frontón de la superestructura y muy cerca de la puerta de babor en la cubierta principal. Se llevaban muy bien y aquella guarida siempre estaba ocupado por visitantes inoportunos que iban a nutrirse de alguna razón para luego masturbarse. Ella acostumbraba andar en bata de casa muy transparente por el exceso de millaje y dejaba escapar sin pudor la oscura aureola de sus pezones. Amén del provocativo escote que siempre resaltaba en todas sus prendas, y aquellas enormes tetas que podían amamantar a toda la tripulación sin agotarse. No era bonita de rostro, pero ese detalle carece de interés cuando se pasa el límite de una semana de navegación. La bruja de Blanca Nieves es convertida en Miss Universo en esos casos de desesperación, los marinos saben de qué les hablo, y pregúntenme a mí, vi casos de sacrificio humano digno de conservarlo para la historia. Además, se imponía su juventud por encima de cualquier defecto posible, no es lo mismo ni se escribe igual cuando se han vencido varios almanaques náuticos y la gente no quiere utilizarlos, aún conociendo que se le pueden aplicar correcciones. Se podía jamar y cuando no, al menos mirar. No tenía un cuerpo que provocara angustias o desvelos, era un poquito canillúa y su piel extremadamente blanca, que en nuestro país era síntoma de anemia u otra enfermedad. Pero era muy feliz y se sabía deseada, presa constante de la mirada agresiva de decenas de hombres y eso le daba importancia, eso no falla.

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Una noche en el solar

Cada parada en Santiago era una escala obligada en aquel solar, tuvo que ser las simpatías de sus inquilinos las que me ataran firmemente a un lugar tan deprimente. Pudo ser ese exceso de hospitalidad de la gente que vive al borde de un miserable abismo del que nunca escapan por miedo, impotencia, imposibilidad de burlar un campo minado de méritos y medallas. Sin haber encontrado nunca el por qué, mis pasos siempre se dirigieron desde la puerta de cualquiera de las aduanas hacia aquella inmunda madriguera. Pudo ser esa abundancia de solidaridad recíproca, la sencillez de sus vecinos, esa humildad que destila amor de ellos hacia los otros y la indiferencia de los otros hacia ellos. Pudo ser la excesiva pobreza en la que siempre vivieron y sirviera de coraza para proteger todo el cariño del mundo que solo allí existía en aquellos momentos. El solar era un oasis al cual acudiría por un extraño embrujo en cada uno de mis viajes, era un punto virgen de aquella ardiente ciudad que se hundía en la mugre de su inmoralidad. Era mi Rincón, donde sin manifestarlo, me prometía regresar cada año para nutrirme de sentimientos humanos cada día tan escasos.

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