Historia de Cuba

Ha muerto el que sugirió a Nikita Jruschov que hoy no estuviéramos vivos.

Fidel Castro ha muerto. Con él ha desaparecido el último líder de la Guerra Fría. El caudillo por quien la Unión Soviética instaló cohetes nucleares a sólo 90 millas de los Estados Unidos.

Ha muerto el que sugirió que hoy no estuviéramos vivos. No estuviéramos vivos porque millones de seres humanos hubiéramos muerto quemados por el fuego nuclear en lugares tan distantes y a la vez tan dispares como lo son Washington y Moscú, La Habana y Estambul.

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Los guerreros no mueren en la cama, como cualquier hijo de vecino. Entregan la vida en el campo de batalla, después de lanzar una consigna patética. Al grito de patria o muerte muchos latinoamericanos cayeron en la guerrilla o asesinados en las ciudades. El inventor de la frase falleció anciano, achacoso, buscando excusas para su final, convertido, fatalmente en un abuelito bueno, olvidado por su verdadero enemigo, Estados Unidos, abriéndoles las puertas de la isla a los que podían sacar de abajo a su país, los turistas. A los cubanos quedó entrenarlos, recibirlos en prostíbulos, bailar, atenderlos. Los turistas vienen ahora de todo el mundo y Cuba vuelve a ser lo que siempre ha sido, una isla cuyo atractivo son los propios cubanos, las playas, la rumba. Los últimos cubanos que se atreven a hazañas heroicas son los que se lanzan al mar en una improvisada balsa para llegar a la Florida. Los cubanos no sueñan con la revolución sino con Miami.

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Se publica un libro inédito del periodista Enrique Meneses sobre el fallecido líder cubano

Sierra Maestra, invierno de 1958. Tras una jornada agotadora, el periodista español Enrique Meneses duerme en una hamaca. Acompaña desde hace semanas a la guerrilla cubana que pretende derrocar al dictador Fulgencio Batista. De repente, le despiertan unos gritos en mitad de la noche. "¡En cuanto llegue lo fusilo! ¡Me importa un carajo que sea mi hermano! ¡Lo fusilo!". La voz enfurecida pertenece a Fidel Castro, entonces un joven revolucionario y el principal líder de los insurgentes, y el objetivo de su ira es su hermano menor, Raúl. "Celia Sánchez (una guerrillera muy cercana a Fidel) intentó calmarlo diciéndole que no era posible que un hermano fusilase a otro por mucha culpa que tuviese", prosigue el relato de Meneses, que aparece recogido en su último libro, Fidel Castro, patria y muerte.

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Más de veinte mansiones, yates y criadas: la vida de lujo de Fidel Castro

El guardaespaldas personal durante 17 años del líder cubano reveló que el exdictador «vivía como un capitalista con todos los placeres de un monarca del siglo XVI»

Aunque el guardaespaldas personal de Fidel Castro durante 17 años murió en su exilio de Miami hace un año y medio, llevándose consigo secretos de alto voltaje de la vida del dictador cubano, muchos de ellos los reveló en su libro «La vida oculta de Fidel Castro». El que fuera también ex teniente coronel del Ministerio del Interior (Minint), Juan Reinaldo Sánchez, reveló información acerca de la gran riqueza acumulada por el líder comunista, mientras el pueblo cubano vivía gracias a las ayudas de la URSS, primero, y sobrevivía después a duras penas tras la desmembración del bloque comunista.

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No sólo España puede pavonearse de tener su celestina. La Habana colonial también la tuvo. A diferencia del personaje de Fernando de Rojas, pobre y lenguaraz, la celestina cubana era real, palpable, de carne y hueso; una encopetada dama perteneciente de la aristocracia criolla, y bien entradita en años.

El poeta modernista y cronista Julián del Casal (1863-1893), descorrió el velo de las habladurías y, de paso, hizo patente que alcahuetería y chismografía no pasan de moda, sobre todo cuando es el pellejo ajeno el que está en boca de todos.

Ni loco ni tonto, Casal tuvo como escudo el buen tino de expresar el comentario en lenguaje indirecto, algo torcido, motivado por el rango social de la dama, para librarse del posible escándalo, y hasta de la posible acusación por difamación. Por lo obvio del asunto, no era necesario dar nombre alguno.

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