Cuba deportes

Así llegaron a España Orlando Ortega y otros atletas cubanos.

Forman la 'Pequeña Habana' de Madrid, deportistas que dejaron en la isla a familiares para encontrar en nuestro país las condiciones para competir.

Miden todos más o menos 1,85 metros y gastan cuerpos estilizados y musculosos, producto de sus entrenamientos y de sus genes. Son de lo mejor del atletismo mundial y han nacido en Cuba, aunque ahora son españoles o quieren serlo y ganar medallas bajo nuestra bandera. Son la Pequeña Habana de Madrid, donde el destino, su excelencia atlética y el deseo de triunfar los han reunido. Omar Cisneros, de 26 años, es casi un recién llegado. Compitió en Cuba, en su Camagüey natal, por última vez, en mayo de 2015. Después viajó a competir a Europa, buscando infructuosamente la mínima para el Mundial de Pekín.

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Julio Alfonso

El cubano-guaymense Julio Alfonso representa otro de los grandes héroes del béisbol de las Ligas de Sonora y de la Costa del Pacífico.

En su tiempo, gran protagonista del pitcheo en todos los parques donde se le vio jugar, especialmente alcanzando la talla de gran ídolo en el viejo Abelardo L. Rodríguez de los Ostioneros, el equipo de su vida en México.

Fue el pítcher que le dio el primer título a Guaymas en lo que fue la segunda temporada veraniega de la Liga de Sonora al vencer 4-3 en la gran final a los Rieleros de Empalme y al pítcher Dammy García.

Luego, al inaugurarse la Costa del Pacífico (1945-46), fue el primero en lanzar una blanqueada (2-0) siendo sus víctimas los Tacuarineros de Culiacán y superando en el duelo a Lupe Ortegón.

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En mi larga existencia en el mundo del béisbol, he visto cosas que me han llamado la atención, por su carácter peculiar. En la pelota de Minas de Matahambre jugó un ruso, por las décadas del cuarenta y el cincuenta del siglo pasado, quien según palabras de mi padre, defendió el short stop como nadie, incluyendo al genial Willie Miranda y al no menos prodigioso Germán Mesa. También lanzaba, a más de noventa millas, como se mide hoy, otro corpulento y violento al que le decían «El Moro». En segunda teníamos un japonés, Nilo Uratsuka, de buenas manos, veloz, sobre todo para la percepción de nuestros ojos, dada sus cortas extremidades.

Ni uno era una cosa ni el otro la otra. «El rusito» solo conoció Cuba, vino de brazos para acá. El «Moro de Quinto», hijo de un fornido minero, no tenía ni ápice de aquellas tierras; ni qué decir de Uratsuka, jamás ha visto Japón, si no es en películas o por televisión; nació en Cuba.

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Las firmas de jugadores cubanos que desertaron de la isla caribeña han estado rodeadas de nubes oscuras y en su gran mayoría han sido un fiasco para el béisbol.

Los jugadores jóvenes de los demás países latinoamericanos deben pasar todo tipo de pruebas, exigencias y críticas cuando reciben un buen dinero por fichar al profesionalismo, en tanto los cubanos, incluida la parafernalia política, tienen todo tipo de privilegios a la hora de estampar sus firmas.

Los equipos de las Mayores se han enamorado de esos peloteros, quienes tras pasar tantas calamidades en Cuba se aburguesan, engordan, se lesionan y les molesta el sol y el intenso frío norteamericano. Los hermanos Gourriel, por poner un ejemplo, no han firmado todavía, pero se están dando una vida de príncipes. Los desertores, en su gran mayoría, son los peloteros más ingratos y tramposos del globo terráqueo.

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Camilo Pascual o el tiempo equivocado

Cuando empezó a jugar beisbol era "el hermano de Patato" y, en la historia del juego, tal vez haya sido el jugador mas barato adquirido por un club en una liga profesional; porque la transacción que le envió al Cienfuegos desde el Marianao se concreto así: "…dame 12 bates y llévatelo…" De esa forma, los Elefantes de la Liga Cubana adicionaron a su departamento monticular a uno de los más notables y dominantes lanzadores cubanos e hispanos de todos los tiempos.

Patato había sido la estrella del club Ceiba en la temporada juvenil de 1947 y su joven hermano, de solo 13 anos, su fanático más incondicional. Después vendría la liga cubana para Carlos, el Big Spring de la Longhorn League, en Texas y, en 1950, los Senadores de Washington. Patato era un corajudo y valioso pitcher y jugador de cuadro de inteligencia innata para el juego, aptitud que le llevo a ser un buscador de talento triunfador y un manager de talla, capaz de conducir al Magallanes a la primera Serie del Caribe que gano Venezuela en 1970. Durante su niñez y adolescencia, observando a su hermano, Camilo se debatía entre jugar el campo corto; o utilizar la serpentina; pero, cuando firmo para los sempiternos "malísimos" de siempre, los sotaneros por excelencia de la época cuando las Grandes Ligas eran verdaderamente grandes, los Senadores de Washington, ya estaba decidido a ocupar la posición que le convirtió en leyenda. Tenía solo 17 anos cuando comenzó su carrera profesional en Ligas Menores, como Patato, también con los Broncos de Big Spring.

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