Educación

Ítalo es un joven que enfrenta a diario uno de los mayores desafíos para un padre de familia cubano: asegurar la merienda escolar de sus hijos. Al igual que muchos ciudadanos, trabaja clandestinamente como botero (taxista), de noche; como plomero durante los fines de semana. El resto del tiempo saca chispas con lo que aparezca para llenar un poco sus bolsillos.

El gobierno, como parte de un plan para que los niños se mantuvieran fuera de las calles, aseguró un almuerzo para los alumnos de las escuelas primarias (de 6 a 11 años), y una merienda reforzada para los de estudios secundarios (12 a 14). Al principio los alimentos eran aceptables, pero con el paso del tiempo la calidad se esfumó, hasta el punto de que se equiparan a la alimentación que reciben los prisioneros.

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A propósito del Día del Educador, mi hijo comentó en la casa necesitaba siete pesos convertibles, algún comestible para la fiesta de ese día, y un regalo aparte del de la maestra para entregarlo a una trabajadora de la escuela del área de servicio.

Se entiende la importancia de la fecha, pero otros acontecimientos permiten reflexionar sobre el tema de la escuela José Manuel Lazo de la Vega, situada en Santos Suárez, Ciudad de la Habana.

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La vista de la "Mansión" con rejas, que espera a Elián en La Habana, ha desempolvado en mi recuerdo como transcurría la vida de un alumno interno, en una de las escuelas de Cuba, que ha dejado su impronta en mi memoria, en mi carácter y en mi vida toda; no era una escuela para alumnos corrientes, ni especial para niños de mala conducta, o con problemas mentales, NO!, era para la élite de la niñez, los que serían al decir de Raúl; "Los futuros Cuadros de Mando de las FAR", me refiero a la Escuela Militar "Camilo Cienfuegos" de Holguín.

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El expediente

El día que su hijo terminó la enseñanza primaria y le manifestó su deseo de pasar la Secundaria en una de las becas del gobierno, Efraín no lo contradijo aunque no estuviera de acuerdo con él, por experiencia sabía que una vez fuera de la casa, los padres perderían todo el control sobre sus hijos, no se oponía a estos deseos porque comprendió que su hijo comenzaba a echar alas y como todo joven quiere descubrir y conquistar el mundo, vivir nuevas sensaciones, saberse más hombre, gozar de esa independencia que se lucha cuando se empieza a ser joven y se deja la atracción por los dibujos animados, para sustituirlos por otros de carne y hueso.

Maduro al fin y con muchas millas recorridas por la vida, sabía que a partir de ahora se produciría una lucha tenaz, entre la educación que su hijo recibió en el seno de la familia y las influencias que pudieran ejercer sobre él en esas escuelas, lucha que sería en desigualdad de condiciones toda vez que a partir del momento en que ingresara en ella, tendría la oportunidad de verlo solamente cada quince días y el poco tiempo de sus pases lo emplearía, para compartirlo en fiestas con los nuevos amiguitos de la escuela.

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La severa crisis existente en Cuba desde hace más de diez años ha incidido en toda la sociedad, incluido el sector de la educación, donde se observa un significativo retroceso. En esta decisiva actividad, aunque utilizada ampliamente como mecanismo de adoctrinamiento ideológico y lastrada de enfoques dogmáticos, resulta innegable que se lograron progresos en la instrucción de la ciudadanía con niveles altos de escolarización, superiores a los de la inmensa mayoría de los países del llamado Tercer Mundo.

Cuando se examina el estado actual de la enseñanza en Cuba, sobresale la drástica reducción de los recursos. Si en 1989 el presupuesto asignado a la educación fue de 1664,0 millones de pesos, en 1998 sólo alcanzó 964,0 millones, ambas cifras calculadas a precios constantes según datos publicados por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe de las Naciones Unidas (CEPAL). Ello representa en términos comparables una caída del 42,0 por ciento. Ahora bien, tomando en consideración el crecimiento poblacional, mientras en 1989 se gastaron 157,32 pesos por habitante, en 1998 se emplearon 86,53 pesos, o sea un 45,0 por ciento menos.

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