Dramas

Muerte en el asilo

Cinco personas fallecieron en una sola noche la pasada semana, presuntamente por frío y hambre, en centro de acogida Chung Wah.

Cinco ancianos murieron en un “asilo” de la capital, en una sola noche, un hecho que no constituyó noticia para la prensa oficialista cubana. Mientras, trabajadores de otro Hogar de Ancianos se quejan de la difícil situación que están atravesando para garantizarles las debidas condiciones a sus pacientes.

El suceso tuvo lugar a inicio de la semana pasada en el Hogar de Ancianos Chung Wah, perteneciente a la barriada Jacomino, del municipio San Miguel del Padrón, en La Habana.

La información la habían suministrado desde el pasado jueves 23 Yoeldis Giménez Cabrera y Yosvani Torres Zaldívar, dos activistas pro Derechos Humanos que residen en el municipio, pero no había sido posible tener comunicación con trabajadores de ese centro geriátrico para confirmar la veracidad de los hechos.

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Paisaje cubano

Alejandro Gilberto Soto Marrero espera de pie y con la vista perdida, junto a la puerta de la que solía ser una casa familiar en los años sesenta. Hoy es un hombre de aproximadamente 67 años, con el cuerpo delgadísimo. Su piel llagada nos muestra el hueso casi al desnudo. Su mente, pese a la desatención y la penuria, aún se encuentra lúcida.

Su padre español, incitado por deseos de conquista, emigró a Cuba desde su natal Tenerife, a finales del siglo XIX. Su madre era cubana de nacimiento. Ambos fallecieron. Él solo heredó la pobreza.

Según Soto Marrero, hace más de 15 años perdió parte del techo de la casa y comenzaron las filtraciones; el agua acumulada creó un foco de larvas de mosquitos, su hermano y él se quejaron a muchas instituciones. Pedimos ayuda al gobierno de Guanabacoa -lugar donde vive-, a la Dirección Municipal de Vivienda, al Departamento de Seguridad Social, pero ninguno les dio respuesta.

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En mi país más del 80 % de la población vive los rangos de la pobreza y la miseria a pesar de tener la educación y la salud gratuita. Esto es una verdad objetiva, aunque nunca lo diga la mesa redonda. Una estadística que salió en una de las tantas revistas económicas que circulan por el mundo de hoy dice, que la nación más pobre del mundo es Haití. El salario promedio de un trabajador haitiano es de 3 dólares y un poquito. Las estadísticas de Cuba no salen en dicha revista, pero los trabajadores de la mayor de las Antillas ganan 8 pesos cubanos al día. Eso es un tercio de dólares, pues el cambio está a 25 por uno. Significa que mensualmente un cubano promedio gana 350 pesos al mes, equivalente a 14 dólares. Un médico especialista gana 550 pesos mensuales, que es equivalente a 22 dólares. La tasa de inflación sube de manera alarmante y aunque no se diga por los medios de comunicación, la gente siente cada subida de precios y lo comenta.

Leer más: Cuba, el país más pobre del mundo

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Por encima del muro que divide nuestros patios, el vecino me llama y me dice que sus hijos adolescentes le reclaman porque no tienen nada que comer en su casa.

Se lamenta de los altos precios. Dice que no tiene dinero porque tuvo que llevar al suegro al hospital y gastar en un carro de alquiler para traer al anciano de regreso. Entonces, con qué va a comprar comida. Prefirió llevarle cinco huevos que quedaban en el refrigerador a los hijos, nacidos de su anterior matrimonio. Para ellos, les quedó una sopa de cubitos de pollo con tomate y pan. Ya se arreglarían con eso. Lo escuchado no me causó mayor sorpresa, aunque quien me lo dijera fuese uno de los miembros más combativos del CDR. Pero es que las consignas y las orientaciones no se comen.

El viernes entré en un puesto de ventas agrícolas, a comprar miel de abejas. El producto estaba envasado en canecas de ron, de 350 ml. Pero ahora costaba treinta pesos; y hace unos diez días me costó la mitad. Mientras, la botella de ron llena de miel cuesta cincuenta pesos.

Leer más: Actualización a la miseria

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El dolor de Cora

Cora tiene setenta años y fue una aguerrida militante del partido comunista hasta hace unos años, que se retiró de su empleo como secretaria general del Sindicato de la Industria Alimenticia. Entonces comprendió que su chequera no alcanzaba solo para empezar el mes. No podía comer ideología, ni desayunar tareas, dijo, y entregó el carné del partido para convertirse al cristianismo.

Cora vive sola, su hija Mily se marchó hace años en una balsa para Estados Unidos y su hijo Pipe cumple una condena de treinta años en la prisión de Quivicán por robo continuado. Como la comunidad evangélica de Jaimanitas no tiene casa de culto, ofreció su vivienda y también brindó uno de sus cuartos para que viviera el pastor hasta que encontraran un lugar donde levantar la iglesia.

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