Comunicaciones

El gobierno abrió 118 cibersalones, pero las tarifas son muy caras. Internet es inaccesible a mayoría de cubanos.

Según los estándares de muchos cubanos, Lázaro Noa García es un internauta apto. Envía mensajes por correo electrónico a su hija, en México, dos veces por semana desde un cibersalón de un suburbio de clase alta.

También verifica los resultados del fútbol y las noticias en general en Yahoo. Sin embargo, hasta el mes pasado, lo más cercano que estuvo García, de 59 años, al cibesrespacio fue con el servicio de correo electrónico, de dolorosa lentitud, en la Oficina de Correos local. El 4 de junio, Etecsa, la empresa estatal de telecomunicaciones abrió 118 cibersalones alrededor de Cuba, expandiendo el acceso público a la web -al menos por una fracción- en el que se estima es el país el hemisferio occidental menos conectado. García un oficial militar retirado, se inscribió de inmediato.

"Esto es como el Día de Reyes", señaló García respecto de su nuevo acceso a Internet y al referirse a la llegada de los Reyes Magos, el 6 de enero. Pero, como regalo, resulta muy caro, dijo. A US$ 4,50 la hora, una sesión en uno de los nuevos cibersalones cuesta casi lo mismo que gana en promedio un empleado estatal en una semana, lo que induce a muchos cubanos a pensar si el presidente Raúl Castro en realidad actúa con seriedad para llevar Internet a las masas, o simplemente está ganando tiempo.

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La puesta en función de 118 puntos de internet en Cuba, fue recibida con alborozo. Sin embargo, pocos saben que pese a los 4, 50 CUC que deben pagar por una hora de conexión (alrededor de 90 pesos en moneda nacional), no serán libres de buscar la página de su interés.

La maniática persecución de las autoridades a quienes acceden a la red es violatoria y enfermiza. Los pocos ciudadanos que, antes de la ampliación anunciada, lo hacían por su profesión u oficio, están bajo una vigilancia que les impide buscar las páginas necesarias.

Más allá de los medidores argumentos ideológicos, políticos y económicos que usan como razones de Estado para coartar el acceso a la diversidad de opiniones en medios alternativos al oficialismo cubano, ahora las autoridades acuden también a un supuesto pudor erótico y a la falsa pureza revolucionaria.

Las expulsiones del centro laboral, el traslado a una plaza de menor remuneración, las amonestaciones públicas y privadas, entre otras medidas arbitrarias, son aplicadas a los que en función de su especialidad o trabajo entran en una página prohibida o son sospechosos de buscar pornografía.

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En medio de subsidios que se esfuman, derrumbes que demandan con urgencia la reconstrucción de La Habana, con más de un 50% del servicio de agua potable perdido por causa de los salideros, en medio de la escasez de alimentos y medicinas, con menudos salarios y precios exorbitantes, el gobierno cubano introduce progresivamente la televisión digital.

Ante esta disyuntiva, ¿quién invertirá más en la televisión digital? ¿El Estado o el sector residencial? Según la dinámica de pruebas en 55 consejos populares de La Habana, es poco probable que el apagón analógico culmine en 2021. La televisión estatal -ahora con metástasis en la multinacional Telesur- ha sido en 50 años la herramienta más efectiva ideológicamente, determinada a desinformar y persuadir a las masas.

Para que se tenga una idea sobre la prioridad de la televisión digital, en repartos como Santa María del Rosario, en el municipio habanero Cotorro, ni siquiera se instalaron los convertidores de análogo a digital. Los equipos fueron entregados al presidente del Comité de Defensa de la Revolución, para luego repartirse (vendidos a un precio de 7.35 pesos cubanos, menos de 30 centavos de dólar) en los hogares escogidos. De antemano se sabe que la señal digital se ve en toda La Habana.

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Hace varios años, la empresa de comunicaciones ETECSA realizó en Jaimanitas una significativa inversión de recursos técnicos y personal calificado, que trabajó durante semanas en la instauración de la infraestructura para posibilitar la instalación de líneas de teléfono fijo a la población. En aquella ocasión las planillas se repartieron en el Consejo Popular y debían llenarlas los solicitantes, acompañados de avales firmados por militantes del partido comunista, certificando la integración revolucionaria del interesado. La anuencia del presidente del Comité de Defensa de la Revolución de la cuadra finalmente decidía que vecino podía acceder al servicio.

Más de trescientos postes telefónicos y miles de metros de cables se desplegaron por todo el pueblo. Las expectativas por conocer los beneficiados colmaron las viviendas durante muchos días, al final del proceso, cuando se colocó el listado de aprobados en la pared de la bodega, gritos de alegría y dolor se mezclaron durante toda una semana con la algarabía habitual de bodegueros y clientes. Los beneficiados con el teléfono, muy contentos, llamaban a familiares y amigos para darles la gran noticia, o se llamaban entre ellos mismos, los rechazados redactaron cartas de reclamación a la administración municipal y provincial del Poder Popular, a la dirección de ETECSA, al Partido Comunista, a la Asamblea Nacional del Poder Popular, o al presidente de los Consejos de Estado y de Ministros.

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Era el soleado miércoles 9 de febrero de 2011. Entre sonrisas y discursos, varios funcionarios del gobierno cubano recibían en la oriental playa de Siboney el cable de fibra óptica que cruzó parte del mar Caribe, proveniente de Venezuela, y que prometía sacar a la isla de la era de Piedra informática en la que vive.

En ese entonces, los funcionarios prometieron que en julio de 2011 la fibra óptica entraría en operación, pero a más de un año del anuncio la conexión de Cuba a la red de redes sigue siendo de las peores del continente y hasta ahora nadie se explica qué pasó con una infraestructura por la que se pagó unos 70 millones de dólares.

"Ellos posaron para la foto, se desató el escándalo... luego simplemente desapareció de la conciencia humana", dijo a The Associated Press Larry Press, un profesor de sistemas informáticos de la Universidad Estatal de California Dominguez Hills.

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