Vivienda y medio ambiente

Ladrón que roba a ladrón…

Por estos días, los Comités de Defensa de la Revolución (CDR) realizan reuniones con  el objetivo de implementar una campaña contra la indisciplina social y las ilegalidades.

En la reunión del CDR del lugar donde resido las intervenciones se hicieron eco del último discurso del presidente Raúl Castro, en el que refiere la crisis de valores que adolece a la sociedad cubana.

Volcados todos a llevar a la práctica la última orden que dio el general, omiten las verdaderas causas del desorden y el deterioro de los valores morales.

El primer omiso fue el vecino Carlos Rafael Miranda Martínez, coordinador nacional de los CDR, promovido recientemente al Consejo de Estado. El funcionario exhortó a los reunidos del barrio a participar en la próxima jornada cederista de tres días para rescatar los valores, higienizar los lugares de residencia y eliminar las indisciplinas.

Otros participantes evocaron el asalto al cuartel Moncada el 26 de julio como guía para eliminar las ilegalidades y rescatar los valores perdidos. Los dirigentes locales dispusieron el final de la “batalla revolucionaria”, en septiembre, mes que los CDR celebran su aniversario.

Estas reuniones son la manifestación de la hipocresía fanática, lo peor del deterioro moral de la sociedad cubana. ¿Podrán rescatarse los valores morales perdidos en una jornada de tres días? Ese “entusiasmo revolucionario” es también parte de la pérdida de la honradez que acaba de descubrir el general.

Se ve normal el robo al Estado, porque el pueblo se percató de que los gobernantes atesoran los bienes estatales y lucran de ellos. Con esta visión del Estado, se acomodó la máxima de “¨ladrón que roba a ladrón,  tiene cien años de perdón”.

Se construye ilegalmente y se ocupan viviendas porque existe déficit habitacional y un deterioro constructivo en más del 70% de las viviendas de la capital.

Se incumplen los horarios laborales porque  los salarios no incentivan la productividad y se  requiere realizar otras actividades para completar la economía doméstica.

Se soborna, revende, acapara porque es parte de la supervivencia impuesta por el sistema socialista a los cubanos, por más de medio siglo.

El gobierno acaba de descubrir que los cubanos son  altos consumidores de alcohol después de ofrecer el circo durante cincuenta años, pero con poco pan.

Se revela con asombro que el pueblo es mal educado y destructor de los bines sociales, después de imponer maestros sin educación en el sistema de enseñanza. Profesores sin vocación que abandonan las aulas durante la jornada, venden exámenes y promueven el culto al vocabulario obsceno.

Hace muchos años, los que el General-Presidente llama detractores de su revolución, advierten sobre la pérdida de valores en la sociedad cubana. Pero hizo falta un arrebato revolucionario para descubrir la destrucción social.

La solución para el rescate de los valores, mediante campañas y jornadas populares, es otra de las fanaticadas que culminará sin resultados.

La educación y el valor de la familia en la sociedad son dos de los principales factores sustituidos, durante todo este tiempo,  por principios políticos decadentes. Rescatarlos  llevará la misma meticulosidad y tiempo que tomó al gobierno en destruirlos.

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