Trabajo y economía

Especulando con las barberías

La lucha del cubano: "O comes o te pelas"

"Los maestros no te dejan ir a la escuela con el pelo largo. Te obligan a ir pelado, como si el dinero para pagarle al barbero se diera en las matas. Todos los meses se me van más de 10 fulas en pelarme"

"Cuando vuelvas a salir de viaje, tráeme una maquinita de pelar", me ha pedido un vecino. Él no pretende dedicarse al oficio de la barbería, ni siquiera es barbero, sino un simple estudiante al que no le alcanza el dinero que le dan los padres para pagarse un pelado.

Pero, según me explicó, es mucho más rentable invertir 10 o 15 dólares en comprar el aparato de pelar que pagar al barbero del barrio entre 5 y 10 dólares cada quince días por algo que pudiera hacer él mismo. Incluso, me comenta este joven vecino, él hasta alquilaría su máquina por 1 dólar o 2 a otros amigos de la escuela, o los pelaría él mismo, al final, como bien afirma, la barbería actualmente es un negocio mucho más rentable que cualquier oficio garantizado por una carrera universitaria.

Daysi Arosemena fue administradora de un salón de belleza en Arroyo Naranjo y ahora decidió trabajar en su casa, de manera particular. Ella nos ofrece sus puntos de vista en cuanto a este asunto: "Hace 5 años atrás ya los precios estaban altos, pero no como ahora. Cuando el Estado se desentendió de las barberías y peluquerías entonces nos convirtieron en cooperativas de servicio. Eso quiere decir que nosotros teníamos que ser rentables y cubrir todos los gastos de agua, electricidad e insumos de todo tipo, productos de belleza, implementos de trabajo, en mi caso era un salón de belleza unisex que incluía hasta manicure y masajes, todo eso en un local destartalado, ya puedes imaginar cuánto había que invertir y el Estado no te daba ni un peso para comenzar. Era dejarte sin empleo disimuladamente.

En apariencias ibas a mejorar pero, te soy sincera, sucedía que eran los mismos malos servicios de antes, incluso las condiciones del local no fueron mejoradas ni los productos eran de mejor calidad, ni la mano de obra era mejor calificada, para decirte, teníamos un barbero que aprendió a pelar en la cárcel cuando estuvo preso, no sabía manejar las tijeras, solo la maquinita pero aun así teníamos que ser rentables y nos vimos en la obligación de subir los precios. Eso fue espantando a todos los que no podían pagarlos y nos perjudicó porque estamos en un barrio donde la gente no tiene dinero. Todos los meses debía salir a buscar nuevos barberos y peluqueras porque se iban al no tener clientes (…) pero es que no podía bajar los precios, ya de por sí estaba cobrando muy por debajo de lo que realmente debía. Hasta que me cansé, mandé todo al carajo y comencé a trabajar en la casa. Ahora cobro precios aceptables y el negocio no me va mal. Al final, eso es lo que quería el gobierno, botarnos disimuladamente. (…) Pero yo no cobro tanto, vete al Vedado o la Habana Vieja para que veas los precios, los míos te van a parecer súper baratos".

Precios exorbitantes

Sonia y Roberto son un matrimonio y poseen un pequeño establecimiento de peluquería y barbería en Centro Habana. Ellos nos explican por qué deben cobrar precios exorbitantes.

"Todos los productos que yo uso tengo que traerlos de afuera [del extranjero], el tinte, los champús, la queratina, las pintura de uñas, todo, hasta la secadoras profesionales, todo. Aquí no hay un mercado mayorista para nosotros los cuentapropistas, y en las tiendas los productos no son los de mejor calidad y los precios no son los que deben ser.

Si yo usara esos productos de la tienda, no tuviera clientes e incluso tendría que elevar aún más los precios. (…) Yo tengo que recuperar lo que invierto. Es un negocio rentable por el lugar donde estamos. Recuerda que aquí en Centro Habana y Habana Vieja hay mucha jinetera, gente que recibe dinero de afuera y esa es la mayoría de mis clientes, a mi salón no van gente que no tiene dinero o gente que vive de su salario, no pueden ir. El arreglo de manos más simple cuesta 5 dólares, y está en precio. Un pelado de hombre está más o menos por ahí".

"El pelado normal, son 5 dólares", nos dice Roberto, "pero si ya quieres cosas más complicadas como el Yonki [estilo de pelado de moda entre los más jóvenes, que imita el estilo de un popular reguetonero cubano] o grabarte un nombre o una marca, ya estaría por los 20 y hasta 30 dólares. Los jóvenes que vienen aquí no sé de dónde sacan el dinero pero aquí yo tengo muchachos que vienen todas las semanas, y eso viene siendo como 100 dólares o más al mes. (…) Si estudian, ¿dime tú de dónde sacan tanto dinero? Y si vas a una barbería cualquiera no creas que los precios son muy distintos. Un pelado, y mal hecho, te cuesta 1 dólar y hasta 3, ¿qué viejo por ahí puede gastarse 1 dólar en pelarse? Con 200 o 300 pesos al mes [8 o 12 dólares al mes] no puede. Yo tengo clientes a los que no les cobro. Sonia me pelea y hasta me deja de hablar por días, pero son gente que conozco de hace años y sé que no tienen, ¿a dónde van a ir?"

Andro, un joven de 16 años que, al azar, entrevistamos a la entrada de una barbería, nos comentó al respecto:

"No le puedo decir a la vieja [la madre] que me dé dinero para pelarme o teñirme. Cuando era más chiquito ella misma me pelaba para ahorrarse el dinero. La gente en la escuela se reía de las cucarachas [malos cortes] que me hacía pero nada, todo el mundo hacía lo mismo. Para colmo, los profesores no te dejan ir con el pelo largo, tienes que pelarte, pero nadie piensa que un pelado cuesta 1 fula [1 dólar]. Aun así, te obligan a ir pelado, como si el dinero se diera en las matas. Todos los meses a mí se me van más de 10 fulas en pelarme (…) los busco por ahí, en donde sea, olvídate de eso que yo salgo a buscar el dinero, aquí en La Habana eso no es problema, lo que hay es que saber dónde buscar".

Tengo que mantener a mi familia

Orelvis, un barbero que tiene su modesto local en el municipio 10 de Octubre, en la capital cubana, ha intentado mantener los precios de acuerdo con el poder adquisitivo de sus clientes habituales pero confiesa que a veces ese gesto caritativo le ha causado pérdidas:

"Es que hay gente que lleva años pelándose aquí, y yo sé que no pueden pagar más de 5 pesos [aproximadamente 20 centavos de dólar]. Sé cómo viven, no son unos descarados. Simplemente no pueden pagar. Para algunos es complicado: o comes o te pelas. Entonces cobro según quien sea. Todo el mundo no es igual. Y en este país casi todo el mundo está jodido. Aquí solo vienen gente pobre, los pepillos que se hacen pelados extraños no vienen por aquí, además, yo no sé hacer esas cosas (…). Como es un local pequeño no gasto mucho en electricidad, aunque a veces me han cortado la luz por no pagar, porque para poder pagar los impuestos tengo que hacer malabares. Al final solo tengo un salario pequeño. Compadecerte de los demás, afecta los bolsillos. Yo he estado a punto de irme para otro lugar donde no me dé lástima cobrar lo que cobran otros. Tengo que vivir y mantener a mi familia".

Si durante los años 70 y 80, en cualquier barbería del país, un corte de cabello tradicional solo costaba 1 peso (escasamente 5 centavos de dólar), a finales de los años 90 los precios por los servicios más elementales en las barberías y peluquería comenzaron una carrera en ascenso que ha sobrepasado la capacidad de pago de cualquier estudiante, trabajador o jubilado honestos. Incluso, en medio del sálvese quien pueda decretado por el nuevo modelo económico cubano, la transformación de las empresas estatales en cooperativas de servicio donde las tarifas de cobro dependen de la llamada "oferta-demanda", ha traído como consecuencia la desaparición de esos barberos y peluqueras "baratos" a donde recurrían los de menos recursos, es decir, la mayor parte de la población cubana.

Fuente: CubaNet

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