Trabajo y economía

La realidad de la Cuba rural

Lejos de los principales centros políticos, económicos y culturales, millones de cubanos viven en pequeñas comunidades. Un grupo importante de ellos, en lugares de difícil acceso.

Según el último censo, más del 24 por ciento de la población del país se ubica en zonas rurales. La balanza demográfica se inclina decididamente hacia las ciudades y poblaciones, pero no se puede desconocer a ese sector poblacional, que se traduce en más de dos millones de habitantes.

Lo cierto es que a la hora de hablar del pueblo cubano, a la hora de articular el debate nacional, los medios extranjeros e incluso, la prensa nacional, suelen minimizar el impacto de esa ciudadanía.

La población rural —los guajiros, al decir popular— no parecen actores de primera línea en el proceso de cambios que vive el país, particularmente activo en pueblos y ciudades.

No parecen, pero en realidad lo son. Porque muchas de las estrategias económicas encaminadas a salir de esta crisis que ya se extiende por décadas, tienen su base precisamente en los campos de Cuba.

Uno de los mayores retos, de hecho, es aumentar la producción agropecuaria, de manera que responda a las demandas de la población.

La agricultura es uno de los sectores más deprimidos de la economía nacional, en buena medida debido a erradas políticas y también al éxodo de fuerza laboral hacia las ciudades.

El campo cubano tiene mucho que aportar en ese sentido. Pero para eso es necesario revalorizar su potencial.

La población cubana que vive en zonas de difícil acceso tiene un considerable nivel de cobertura en los servicios sociales, si lo comparamos con la situación de hace medio siglo o con el contexto de varios países de la región.

La electrificación llega a más del noventa por ciento de los hogares del campo. En algunas zonas, lejanas de las redes, se han consolidado alternativas: pequeñas hidroeléctricas, paneles solares.

Absolutamente toda la población infantil tiene acceso a la educación primaria, sin necesidad de recorrer distancias extremadamente largas.

Por supuesto, algunos niños, residentes en parajes apartados, deben sortear algunos obstáculos para llegar a la escuela. Pero todos están escolarizados y tienen garantizada la continuidad de estudios.

Hay además un importante sistema de consultorios, que ofrecen servicios básicos de salud. Y médicos y enfermeras recorren habitualmente los caseríos en los que no hay puestos sanitarios.

Las dificultades materiales y la falta de personal han afectado los programas de atención primaria en las zonas más rurales. Pero hoy por hoy ningún cubano está a más de 24 horas de un servicio especializado de salud pública.

Así descrita, la situación de los campos pudiera parecer idílica. Pero la realidad tiene muchos matices. Los salarios son muy bajos, las ofertas laborales reducidas, las condiciones constructivas de muchas de las viviendas dejan mucho que desear, el transporte es insuficiente, las ofertas recreativas son esporádicas…

El resultado es que muchos habitantes de esas zonas deciden emigrar a las ciudades o las poblaciones más grandes, en busca de oportunidades.

Es un fenómeno hasta cierto punto universal, pero en Cuba —con una población que tiende al decrecimiento y al consiguiente envejecimiento— tiene efectos concretos en el ámbito económico y social.

Buena parte de las tierras aptas para el cultivo están inutilizadas, invadidas por el marabú.

La propiedad estatal de importantes extensiones nunca garantizó su óptimo aprovechamiento. Son los agricultores privados o los que se unieron a cooperativas los que pueden exhibir los mejores resultados.

Pero, a juzgar por la demanda insatisfecha de productos agropecuarios y la elevada factura que debe adquirir el país en el mercado internacional para garantizar el consumo interno, hacen falta más manos en el campo.

Y políticas menos centralizadas y rígidas, que no ignoren circunstancias específicas de la población rural.

En los últimos años, algunos habitantes de las ciudades han vuelto al campo, aprovechando nuevas opciones de arrendamiento de tierras.

Lo ideal sería que el campo cubano se convirtiera en un ámbito atractivo para mayores fuerzas laborales. Potencial hay. Potenciarlo debería ser una tarea nacional.

Yuris Nórido es periodista de medios oficiales como el diario Trabajadores y el sitio digital CubaSí. Es miembro del Partido Comunista de Cuba (PCC), "porque confío en que puede ser motor de cambios necesarios para este país".

Fuente: BBC Mundo

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