Trabajo y economía

El reparto de tierras en usufructo

Anterior a 1959, en que tomó el poder la Revolución de Fidel Castro, las tierras cultivables del país estaban en plena producción. Los productos del agro no faltaban en los mercados de consumo, como la carne de res, de cerdo y de las distintas especies de aves de corral, y los precios de estos productos estaban equiparados al salario mínimo.

No existía una equitativa distribución de la tierra; unos la tenían en exceso y otros tenían muy poca o ninguna. Hay que tener en cuenta que algunos cultivos como el de la caña y el ganado vacuno requerían grandes extensiones de terreno.

Fidel Castro había prometido al pueblo -desde su guarida en la Sierra Maestra- una amplia reforma agraria si llegaba al poder.

La reforma agraria ya estaba estatuida en la Constitución de 1940, pero por cuestión de intereses -no cabe dudas- no se habían hecho las leyes complementarias para ponerla en práctica. Este anuncio de Fidel, como tantas otras promesas que hizo al pueblo, fueron aceptadas con mucha simpatía.

Una vez instalado en el poder, Fidel Castro llevó a cabo su anunciada reforma agraria, que en la práctica no fue más que la incautación de las fincas agrícolas sin compensar a sus legítimos propietarios, a los cuales les dejó pequeñas cantidades de tierra y repartió supuestos títulos de propietarios sin valor alguno en la práctica, pues el colono arrendatario estaba amparado por la Ley de Permanencia de la Tierra, vigente desde hacía años que lo hacía inamovible mientras pagara la renta.

Mediante esta llamada reforma agraria Castro se adueñó de todas las tierras del país, convirtiendo a Cuba en un gran estado feudal en pleno siglo XX. Los en-sayos de producción agrícola se sucedieron: las Granjas del Pueblo (GP), las Regiones, las Cooperativas de Producción Agropecuarias (CPA), las Cooperativas de Crédito y Servicio (CCS)

Los resultados de estos experimentos fueron pasos descendentes hacia el desastre: manos inexpertas e indolentes maltrataron las plantaciones que mermaron la producción; administradores sin conocimientos prácticos de agricultura, con sus errados procedimientos enfermaron y esterilizaron las tierras que hicieron ostensible la merma en la producción, al extremo que se hizo incosteable el cultivo de los renglones agrícolas. Entonces el régimen optó por comprarlos en el exterior incluyendo el azúcar, así -Cuba- la otrora primera exportadora de azúcar, se vio importando este producto para cubrir -a medias- el consumo doméstico.

Las áreas de cultivo del país fueron abandonadas y entonces, las malas hierbas y el marabú las invadieron. Hoy los campos de la isla permanecen incultos y el viajero sólo contempla a ambos lados del camino grandes extensiones de maniguas.

Hace unos cinco años el actual encargado del gobierno del país -Raúl Castro- mediante el Decreto Ley 259, puso en práctica el reparto de tierras en usufructo.

El aspirante a la explotación de estas tierras boscosas, carece de los más ele-mentales medios de explotación: no tiene maquinaria para desmontar el marabú y cultivar la tierra, ni una yunta de bueyes, ni aperos de labranzas; lo primero que tiene que hacer en la tierra adquirida es una construcción para resguardar sus útiles de labranza, pero no hay madera ni clavos en el mercado para la construcción; tiene que cercar su tierra, pero un rollo de alambre de púas le cuesta varios cientos de pesos. En resumen: los mercados de producción agropecuaria continúan desabastecidos y lo poco que llega al pueblo tiene precios prohibitivos; muchos adquirentes de tierra la han devuelto; los únicos que le han saca-do provecho en usufructo son los criadores de ganado vacuno, que siempre la utilizaron mediante el pastoreo en sabanas abiertas; ahora sólo han legalizado la explotación de la hierba.

Cuba está urgida de una genuina reforma agraria que distribuya la tierra en propiedad, en cantidades según los miembros de la familia disponibles para su explotación; se le debe cobrar al agricultor un precio razonable por la adquisición de la tierra con facilidades para amortizarla. Además, necesita el agricultor que le otorguen créditos bancarios para la adquisición de maquinaria y equipos, fertilizantes, herbicidas, etc.

Estos créditos serán otorgados cobrando la entidad bancaria bajos intereses por los mismos. El campe-sino cultivará en su predio el producto de su conveniencia y lo venderá al mejor postor, sin injerencias extrañas.

Son muy interesantes las cooperativas auto gestadas por los propios campesinos que aunando fuerza de trabajo, capital y medios de producción, con una dirección interna han de lograr óptimos resultados.

En la Cuba nueva, siendo el campe-sino dueño de la tierra y de los me-dios de producción, con su espíritu emprendedor y su esforzado quehacer, volverán los campos a henchirse con todos los productos del agro; entonces ya el pueblo no sufrirá hambre; ya habrá carne y leche para todos; ya el cuerno de la abundancia estará presente en todos los hogares cubanos. Entonces volveremos a decir con sano orgullo que nuestra patria es "La Perla del Caribe".

Fuente: El cubano Libre de Hoy. 1 de agosto del 2013. Edición quincenal Año I No.7

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