Sexo y relaciones

Machismo a la cubana

Hombres dominantes, supremacía y prepotencia masculina, discriminación hacia las mujeres, poder y superioridad varonil, legado patriarcal, actitud ignorante y egoísta…

Estas —entre otras— son frases y palabras que, de forma inmediata, asociaron las personas consultadas por Mujeres ante la pregunta: ¿qué es el machismo?

Sin distinción de edad, mujeres y hombres definieron con claridad algún aspecto de ese mal que todos coinciden en condenar, algunas personas confiesan vivir en carne propia y tan difícil resulta de erradicar.

Escenas de la vida cotidiana lo confirman y la Doctora en Psicología Mayda Álvarez, directora del Centro de Estudios de la Mujer de la Federación de Mujeres Cubanas (CEM), lo reitera: «Cuba es una sociedad machista».

La experta aclara que, actualmente, es muy difícil no encontrar en el mundo una sociedad que no tenga una cultura patriarcal.

«Y aunque en nuestro país ocurren y han ocurrido transformaciones importantes relativas a las relaciones de género, todavía hay manifestaciones de machismo en el plano de las relaciones interpersonales y también de carácter institucional, organizacional», apunta.

La periodista Isabel Moya cree que habría que ver este asunto en dos dimensiones, porque es una ideología que promueve lo tradicionalmente masculino no solo como norma sobre la cual se estructura la sociedad, sino que también ejerce una función de control, e incluso se supone que debe corregirse lo que se sale de la norma, argumenta la Doctora en Ciencias de la Comunicación y directora de la Editorial de la Mujer.

«Pero habría que verlo, además, en los roles y con el matiz de una revolución de las mujeres durante 55 años», advierte.

A la hora de dar definiciones, el historiador Julio César González Pagés afirma que se trata, sobre todo, de una ideología negativa que obliga al hombre a tener ciertos comportamientos hegemónicos para subordinar a las mujeres y a otros hombres, aunque las principales víctimas son casi siempre ellas.

«Es una forma de socializar, porque el hombre que no se comporte como un macho, no es un hombre legítimo. Se supone que el más golpeador, el más violento, más impositivo… es más macho. Hay un ideal de cierta hidalguía que resalta la noción del hombre como ser superior», explica el también Doctor en Ciencias.

Cuando alude al contexto cubano, Mayda Álvarez identifica situaciones con las cuales convivimos a diario y, lamentablemente, asumimos como lógicas y naturales: cada vez que se cosifica a las mujeres y se les considera un objeto sexual; cuando se les subestima para algún tipo de oficio o para el acceso a responsabilidades de dirección; se le deja a ella toda la responsabilidad del hogar y se le convierte en el centro de una familia que es de todos; cuando la violencia indica que hay una desigualdad de género y alguien se cree dueño del poder y lo ejerce como dominio…

En otros casos, pasa con más sutileza: cuando el hombre no acepta o se resiste a los éxitos de su pareja, la descalifica o subestima; cuando los chistes la desvalorizan y también si se concibe el amor como subordinación, se supeditan la feminidad, los intereses y deseos al servicio de los hombres. «Esa exaltación del hombre y la masculinidad es ideológica, pero también afectiva, jurídica, erótica; incluye todos esos aspectos», sostiene Álvarez.

EL MACHISMO SE DISFRAZA

Más allá de posiciones y debates que emergen cuando estos temas se tratan y que colocan en espacios aparentemente irreconciliables a hombres y mujeres, sucede que, como ideología y cultura, el machismo no es patrimonio exclusivo de los hombres, pero tampoco es culpa absoluta de las mujeres, como se cree con frecuencia.

«No me gusta que se justifique, sobre todo en la familia, diciendo que las primeras machistas son las mujeres porque no quieren que sus hijos hagan nada… No, ellas también son un resultado de la cultura y no las únicas responsables porque, a la vez, hay en esa familia un hombre que no hace nada y está reproduciendo, sin decir una palabra, la cultura patriarcal».

En ese proceso, entonces, hay machismo también, sin darnos cuenta, cuando «las mujeres consideramos como natural que ‘nos toca’ ser dominadas, nos subvaloramos para cualquier tipo de actividad o pensamos que no vamos a ser capaces de realizarla».

Detrás de esos preceptos funcionan el peso de la subjetividad y los imaginarios sociales, las prácticas y saberes que se transmiten de una generación a otra acerca de lo que deben ser hombres y mujeres, desde mundos antagónicos.

También la naturalización del machismo, que nos hace creer que «esas cualidades superiores de los hombres están dadas, necesariamente, biológicamente, porque así nacimos. Son ideas que se anclan en lo biológico, en lo natural, y por eso son tan resistentes», considera la directora del CEM.

Esos mecanismos que instauran y sustentan la supremacía masculina en casa, en la familia y los grupos, trascienden a la sociedad, alertan especialistas. «Reaparecen en la manera en que se organizan las instituciones y empresas, en cómo se conciben los puestos de trabajo, en las reuniones y actividades laborales que se convocan en horario extra, sin tener en cuenta que hombres y mujeres tienen familia y deben atenderla; en la sutileza de negar un puesto de trabajo a una mujer embarazada o con planes para ello», ejemplifica Álvarez.

Y aunque «no hay un ‘machómetro» para medir dosis bajas o altas de machismo, al decir de González Pagés, «lo cierto es que en muchos espacios se legitima».

«Todos estamos en contra del machismo, pero a la hora de valorar muchas actitudes en el mundo público, exigimos que hombres y mujeres actúen de manera machista. Entonces existe una experiencia hipócrita de cómo se debe ser y cómo se es realmente», sostiene el fundador de la Red Latinoamericana y Africana de Masculinidades (RIAM).

«En una sociedad como la cubana, donde la Revolución derribó estructuras sociales, una de las principales dificultades es que el machismo ha mutado y muchas veces las personas se toman muy a la ligera el tema. Y luego lo naturalizan con frases como: Los hombres cubanos son así. El piropo, por ejemplo, que muchas veces es acoso sexual directo contra la mujer, se ve como parte de esa forma cultural del macho cubano», agrega.

A juicio de Moya, lo complejo del machismo es que a veces se estructura desde presupuestos que escamotean las actitudes o conductas más tradicionales. Supuestamente se está resquebrajando y hay toda una serie de masculinidades emergentes, híbridas y en tránsito, pero a la vez pudiéramos hablar de los neomachismos, que se dan desde la negación de lo tradicional», apunta.

Un ejemplo es cuando llega disfrazado de protección, explica. «Cuando te dicen: no es que no quiera, pero quizás no sea lo mejor para ti. Eso media el acceso a determinados oficios, como el de taxista, del cual se dice que es muy riesgoso para las mujeres. Y yo parto del presupuesto de que nadie debe decidir por otra persona».

González Pagés coincide con ella cuando afirma que «hay falsas galanterías que refuerzan al machismo». A la par, muchas actitudes de ese tipo se siguen reforzando desde la música, los audiovisuales y el consumo cultural.

Moya advierte que el neomachismo se ve hoy, cada vez más, en la dependencia que se evidencia en las relaciones de pareja, «todavía muy ancladas en el mito del amor romántico y los estereotipos de posesión, en la idea de que solo nos realizamos si vivimos con una pareja que nos complementa», sostiene.

El fundador de la RIAM advierte que el machismo no forma parte del pasado y por eso es necesario mantener una vigilancia constante. «Los logros hay que defenderlos constantemente porque el machismo muta, se adapta, y a veces se nota cierta relajación en su enfrentamiento», señala.

ROMPIENDO BARRERAS

En las redacciones de radio, televisión y prensa escrita cada vez son más las mujeres que se desempeñan como periodistas deportivas, un ámbito que ha sido tradicionalmente muy masculino. Ellas redactan, entrevistan, realizan reportajes y conducen espacios con profesionalidad, aunque aún no se les ve como narradoras deportivas.

Uno de los espacios que acoge mayor número de mujeres dedicadas a la comunicación deportiva es el Canal Tele Rebelde, bautizado desde hace dos años y medio como el «Canal de los Deportes en Cuba».

Según Daily Sánchez Lemus, subdirectora de Tele Rebelde, que haya más mujeres dedicadas al periodismo deportivo no es fruto de la casualidad, sino de los avances en temas de igualdad. «Es consecuencia del camino que abrieron mujeres como Julita Osendi, a quienes sí les tocó vivir el momento más difícil y los frenos machistas más fuertes», asegura.

Para la joven comunicadora, el reto de las actuales es llegar a narrar certámenes atléticos. «En la actualidad –comenta– ya hacemos reportajes, secciones en noticieros estelares y revistas informativas, conducimos programas… Las muchachas se están superando y ahora cursan el posgrado de narración y comentario deportivo para luego insertarse en las trasmisiones.

«Será algo paulatino porque, en la cultura machista que tenemos incorporada, los patrones de la narración son masculinos», acota.

Daily explica que si un hombre narra por primera vez quizás el público deba adaptarse a su timbre de voz, porque no esté acostumbrado a escucharlo. Sin embargo, con la primera mujer que lo haga aflorarían, además, suspicacias sexistas.

«Ella estaría sometida a una doble presión. La pondrían en tela de juicio por las cuestiones técnicas, la preparación, pero también por ser mujer en un espacio donde no hay antecedentes», afirma.

Y pese a que todas miran con buenos ojos la inclusión de más mujeres en el periodismo deportivo y su creciente desarrollo, advierten frenos asociados a un acceso desigual a las oportunidades profesionales.

«Todavía hay mucho recelo y cuidado a la hora de darnos deportes de peso», alerta Karlienys Calzadilla Padilla, quien ingresó a Tele Rebelde en septiembre de 2013, pocos meses después de su inauguración.

Ella reconoce que «el contexto favorece la inclusión de las mujeres porque ya no hay una pequeña redacción, sino un canal con una amplia programación.

«Pero en ocasiones –puntualiza– percibo que tenemos más oportunidades porque hacemos falta. Algunos narradores comentaristas no quieren cubrir los espacios de la mañana, no madrugan y mayormente los asumimos nosotras.

«Pagan menos por realizar secciones de revistas y noticieros que por las narraciones. Nosotras quedamos entonces en los segmentos deportivos y ellos protagonizan las trasmisiones», precisa.

Sánchez, sin embargo, distingue más rezagos machistas en las familias. «Todavía hay esposos celosos que cuestionan por qué llegas tarde, por qué no estás los fines de semana o simplemente oponen resistencia porque la mayoría de los colegas son hombres», revela.

«El periodismo no tiene horarios y en el ámbito deportivo siempre son más los hombres que las mujeres, pero eso no tendría por qué ocasionar conflictos familiares y de pareja», sostiene.

Más centrada en la socialización diferenciada, la periodista Niurka Talancón Villafranca dice sentirse afortunada, aunque con cierta desventaja. «Hemos llegado a donde muchas no han podido y mucho más rápido y con menos trabas, pero con ausencia de algunos conocimientos.

«Estamos en desventaja con los hombres en el tema de cómo nos llega la información sobre deportes. A los varones los incentivan desde pequeños a ver competencias y sentarse al lado del padre, el tío o el hermano a ver la pelota, el boxeo… Las mujeres, en mayoría, descubrimos ese mundo mucho más tarde», reflexiona.

La situación plantea un reto grande para las mujeres. «Lo que ellos conocen a los10 años, nosotras lo incorporamos después. Son muchos los vacíos que debemos llenar y eso requiere preparación adicional, más allá de las cuestiones técnicas o de estilo periodístico».

Además, repercute en la creencia de que los deportes no son para mujeres. «Quizás por ello un hombre pueda pasar toda la vida con conocimientos básicos y tener una carrera de 30 años como periodista o comentarista, pero nosotras tenemos que demostrar día a día, con más cuestionamientos», expone Talancón.

No obstante, Daily Sánchez Lemus considera que esas deudas quedarán saldadas con trabajo y rigor de las muchachas.

«Ellas se están imponiendo porque ahora las que salen de la facultad están mejor preparadas, encuentran soluciones más rápidas y efectivas a los problemas que tenemos desde el punto de vista informativo. Trabajan mucho con las nuevas tecnologías, aspecto que no dominan del todo generaciones anteriores», concluye.

NI MÁS NI MENOS MACHOS

Una creencia extendida en Cuba refiere que el machismo está mucho más arraigado en las zonas rurales. Sin embargo, especialistas prefieren hablar de manifestaciones diferentes, en lugar de estigmatizar a hombres y mujeres de campo.

La realidad denota avances y resistencias al cambio, sugiere Dilcia García, responsable de género de la Asociación Cubana de Producción Animal (ACPA).

«No creo que el hombre rural sea más machista que el de la ciudad, aunque hay un estereotipo de rudeza asociado a las condiciones del campo, a su modo de caminar, de vestir, de comportarse… Hay un pensamiento machista, pero creo que eso está cambiando», afirma.

Según su experiencia, «los hombres rurales son muy sensibles, quizás por su cercanía a la naturaleza y el hecho de vivir una vida más tranquila. Por otra parte, defienden su posición de varones, porque desde la cultura les enseñan que son los fuertes y deben tomar las decisiones», acota la experta.

García asegura que cuando a los hombres se les explica dónde y cómo se manifiestan las desigualdades, algunos sienten vergüenza. «Se dan cuenta de cuánto daño han provocado a sus parejas, a sus familias, por esos conceptos machistas».

Además, señala que se perciben progresos referidos al liderazgo y empoderamiento económico de las mujeres. Y cuando eso sucede «su valor personal y profesional es más reconocido por los esposos y cambia la manera en que las ven en la comunidad».

La responsable de género en ACPA subraya que para generar cambios se debe trabajar más con la familia y, sobre todo, discutir sobre los modos en que se expresa el machismo en las relaciones de pareja.

Con ese criterio coincide la psicóloga y Máster en sexualidad Livia Quintana, quien realizó pesquisas en cuatro municipios de la región oriental: Jiguaní y Manzanillo, en Granma, y Guamá y Tercer Frente, en Santiago de Cuba.

Asumir el rol de padres como validación de hombría y ejercer presiones sobre las mujeres para tener descendencia fueron algunas de las manifestaciones de machismo más evidentes en las indagaciones sobre paternidad, maternidad y toma de decisiones sobre la reproducción, destaca la investigadora del Centro de Estudios Demográficos de la Universidad de La Habana (CEDEM).

Quintana indica que «algunos hombres, mayormente de mediana edad, revelan su deseo de formar pareja con mujeres por dondequiera que van. Y luego agregan que si pudieran tener hijos e hijas con esas muchachas, sería mucho mejor, visto como una forma de reafirmar su masculinidad».

Esos mismos hombres, precisa, suelen tener más de dos hijos y no necesariamente llegan a establecer un vínculo habitual con ellos.

Para la especialista, ello coincide «con los testimonios de madres solas que sufrieron el abandono de sus parejas, en ciclo que se repite una y otra vez. Llegan a tener uno, dos, tres y hasta cuatro hijos con hombres diferentes».

El protagonismo casi exclusivo de los varones en la toma de decisiones sobre el momento y lugar de la iniciación sexual evidencia también el machismo en los temas salud sexual y reproductiva en jóvenes.

«Ellas afirmaban que lo deseaban, pero en muchos casos no hubo negociación referente a ese inicio. Además, suele ocurrir en casa de los hombres o en un sitio escogido por él, en ocasiones sin consultarlo con la muchacha», destacó la profesora.

Al respecto, fueron comunes frases como: Él me llevó, se encargó de todo, fuimos a visitar a su mamá y no había nadie, de pronto estábamos solos, tenía miedo, pero me gustó, entre otras.

La psicóloga acota que «son numerosos los casos en que los varones preparan, dominan y deciden cómo se hace todo».

Fuente: Mujeres

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