Sexo y relaciones

¿Dónde hacer sexo en La Habana?

Fue en la posada de 11 y 24, cercana al puente de hierro que une al Vedado con Miramar. En la habitación rentada por dos horas, se escuchó el feo piropo: "¡Mami, que pestecita más rica tú tienes!" Eran los años 80s, Cuba aun recibía un subsidio de cinco mil millones de la Unión Soviética, no asomaban las carencias del Período Especial, pero ya campeaban las vulgaridades.

Hace más de dos décadas que se acabaron en La Habana esos hoteles para hacer el sexo (o el amor) que los cubanos llamamos posadas. Un ciclón tuvo la culpa. El viento y los fuertes aguaceros dejaron a miles de habaneros sin techo, y el gobierno, a falta de viviendas, los albergó en las posadas.

Solución difícil para los albergados: "Tuvimos que poner un cartel en la entrada: Esto ya no es una posada, aquí viven familias, no moleste - narró un albergado en la antigua posada Venus, cercana a la terminal de trenes, y agregó- "Las parejas llegaban, borrachas, gritando: ¡posadero, dame un cuarto que estamos locos por…..! Imagínese, esas groserías a toda voz, donde vivían niños chiquitos, personas mayores, tremenda pena."

El destino de las posadas en La Habana, cambio definitivamente después de la llamada Tormenta del Siglo, en marzo de 1993. Para esa época, la mayoría se hallaban en manos del Poder Popular. Algunas en muy mal estado, con filtraciones en los techos y humedad en las paredes.

Hay ciudades del interior del país, como la oriental Holguín, que conservan las posadas. En esa capital provincial, el gobierno logro destinar, años atrás, un presupuesto para la reparación básica de antiguos hoteles en el área urbana como el Majestic y El Turquino. Estos conservaron el pago en pesos (CUP) por el servicio.

En otra ciudad del interior de Cuba, en Santa Clara, los hoteles Modelo y América recibieron supuestas reparaciones capitales y fueron reinaugurados a bombo y platillo. Los villaclareños se las arreglaban para conseguir un cuarto para hacer el amor por dos horas, que los carpeteros no reportaban. Negocio redondo.

En la capital, el precio de un cuarto -en casas particulares- obedece a las comodidades que ofertan y la ubicación. Se cobra más caro en el Vedado, cerca de la zona de los hospitales Oncológico y Calixto García. En Playa están los arrendatarios, situados cerca de la Casa de la Música de Miramar, que tienen clientela fija. El precio, va desde los 5 CUC la hora. Según la calidad de la habitación y el día de la semana, el importe puede ser mayor.

Cerca del Malecón habanero -prácticamente un área de prostitución-, muchas familias, rentan por horas la habitación de la hija, o de cualquier miembro, a jineteras y pingueros. Cuenta un turista, acompañado por una mulatona, que llegó a una casa en la habanera calle Laguna, donde la familia veía la novela en televisión y el padre de familia le dijo a una de sus hijas: "despierta a tu abuela que llegó una parejita¨.

Mientras tanto, en la memoria popular, se va extinguiendo el recuerdo de las posadas de la Habana del Este o de la Circunvalación, impecables cuartos de hotel, con aire acondicionado, baño con agua fría y caliente, sabanas limpias, y servicio de bar las 24 horas, a las que cualquier pareja accedía en auto, para no ser vista por ojos indiscretos.

En La Habana de hoy, le será difícil encontrar una habitación segura, confortable y limpia para hacer el sexo, si no puede pagar en moneda dura o una tonga de pesos; podría arriesgarse y bajar a los arrecifes, o adentrarse en las oscuridades de algún parque, aunque no se recomienda: deambulan chicos malos.

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