De Cuba traigo un cantar

Confesiones

Escrito por Yara.Publicado en De Cuba traigo un cantar Imprimir

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La noche está fría, caminar se hace eterno.

Soy como María Branes, para pensar necesito la calle, andar, un banco donde sentarme y simplemente mirar como pasan los minutos.

Mañana es mi último día en Cuba, no podré virar en mucho tiempo, no se como despedirme de las cosas. De mi colcha, de mi pomo de agua, la llave de casa, el cepillo de dientes, mi pitusa lavado, el reloj de la abuela.

Extrañaré el trabajo de mierda, y la guagua apestosa, echaré de menos mi calle, y mi paraguas roto. La farola está ciega, hace dos años que no alumbra, acompaña mis noches en vela. La casa de enfrente, con su jardín chapeado, recuerdos imborrables de mis días de niña.

El perro de Marta, con su pelambrera llena de churre. Las manos limpias de Estela cuando me brindaba un pan.

Quisiera abrazarme a los míos, a mi madre, hablarle al oído y decirle cuanto la amo.

Desearía sentarme en las rodillas del viejo y pellizcarle los cachetes, fumarnos juntos un cigarro. Ver a mi hermano y fundirme con él en nuestra placenta jimagua.

Sin embargo, me tengo que ir así, en silencio sin decir adiós a las personas.

- Dios, en una balsa que son sólo cuatro tablas. Estoy muerta de miedo. No me gusta el mar.

- Dios, tengo partida la vida y me arriesgo a partirme en la muerte. ¿ Para llegar al paraíso? ¿El norte existe? La brújula está pensante.

Me voy a un destino incierto, se pierde y se gana. El resultado viene en un variado prisma de color. Hay blanco, rojo, grises, hay negro y amarillo, hay azules, azules como el mar.

Se que no volveré, lo presiento. No se si es pánico o una visión de futuro.

Estoy cansada de ladrar como un perro mudo, no puedo soportar más las noches en medio de la nada. Perdí la esperanza un día de desamor.

Mañana es el día de la huída, la escapada en boca del mar ogro. Una noche de entrega al mar, un océano que odio, porque es traidor.

Tengo deseos de vomitar, el dolor no se va.

La cama me llama para torturarme, la rehuyo. Clausuro mi boca y mi expresión. Dibujo la sonrisa del fingido. Nadie lo sospecha.

Me tiemblan las manos, los pies ya no quieren caminar.

Las piernas quieren ser aleta de sirena, y yo ilusa me olvido de que soy humana.

Mejor será no mirar atrás.

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