De Cuba traigo un cantar

La llave de Baracoa

Mis antepasados.

Siempre tuve inquietud por conocerlos. Las dos partes sabíamos de la otra rama de la familia, pero no de una específica existencia; no había ubicación, solamente nociones vagas y el nombre de un lugar: Baracoa. Era una cuenta pendiente, adquirida a través de los años, desde que supe y tuve razón para pensar. Y sin pensarlo, de repente me vi en la misma casa de madera que vivió mi tatarabuelo Mario Casales, terrateniente y alcalde del citado pueblo, esposo por dos veces, amante en descontadas ocasiones, de donde nacieron veintidós hijos y padre despreocupado donde los hubiera. Subido en su caballo, se paseaba por el pueblo, luciendo traje blanco, impoluto, presumiendo de tener, quizá lo que menos tenía: orgullo.

Años atrás, en Tenerife, había dejado la huella palpable que deja una criatura, mi bisabuela, la primogénita de todos sus hijos, la malquerida, la olvidada y menospreciada bastarda. Fue criada con el sudor de su madre y de su abuela, y registrada con el nombre de Sara, pero en la familia siempre fue la Niña, mi bisabuela. Fue concebida una noche cualquiera en un pueblo de monte, de mentalidad cerrada y de penurias. En ese entonces Mario aún era ciudadano de las islas; intimó con la madre casi sin pedirle permiso, con la autoridad que antes tenía el que poseía tierras y patrimonio. Fue una mujer que se enamoró de un sueño. Ese día se adentraba en una marabunta y no se daba cuenta de ello; de ignorancia llenó su corazón, y cometió la equivocación que a la larga sería la suerte de que mis antepasados y yo EXISTAMOS... Volviendo al tema, ¿cómo adivinar que quien prometía regresar pronto y llevarla a su lado, como tantos y tantos emigrantes, jamás volvería? Este hombre, había dejado atrás una hija y un pasado, pero ese pasado, quizá sea protagonista ya de otra futura historia, no de la mía.

En mi primer viaje a Cuba, con mi mochila llena de interrogantes, me planté en Baracoa, y con la suerte de los principiantes y un apellido, - poco común, a Dios gracias -, pude encontrar la otra parte de los míos: una de las familias, la primera que formó Mario cuando llegó a su destino. Mi toque tímido, en una puerta de madera abierta de par en par, la cara de una muchacha vivaracha que se me acerca y me dice: "sí, aquí es, ¿le podemos ayudar en algo?" En mi interior una lucecita roja de peligro me decía, vete! olvídalo!, pero en mis entrañas, un gran semáforo verde se abría como un arco iris, y entré...

Entré en la casa y entré en sus vidas. De eso hace ya once años. Al principio pude conocer a varios hermanastros de mi bisabuela Sara, y hasta había una segunda hermana, también apodada La Niña. El parecido era tremendo, se me erizaba la piel de verlos a todos pues me parecía que cada uno tenía algún rasgo similar a la gente de mis Islas Afortunadas. Pobre de Sara: ella había fallecido y yo estaba conociendo lo que siempre soñó, ver a sus hermanos: Luego ellos mismos también han ido falleciendo.

- ¡Chinaaaa, pero mira esto! mira quien llegó, una pariente nuestra de Islas Canarias.

- ¿Cómo va a ser eso?

-Zelaida, entra, y dile a ella que pase....

Recuerdo un 17 de diciembre lleno de improvisadas tertulias, con gente que meses más tarde formarían parte latente de mi entorno. Y al final si me pongo a analizar, lo menos importante es haber tenido ese lazo común de consanguinidad. (San Lázaro estuvo a mi lado todos los minutos de ése día)

La Habana ha sido título de muchas canciones indelebles, libros y novelas; será siempre así, no conozco otra forma ... Conocí a mi prima, casada y con un hijo de ocho años. Estaba de lleno en planes de separación. Fue el blanco de una infidelidad, o de muchas, ¿quién sabe?, problemas que entre marido y mujer es mejor no remover ni contar como una gran hazaña. Vilma, bebe un refresquito, de esos inventados. Yo la acompaño, me cuenta lo crudo que le van las cosas, lo difícil que resulta echar pa´lante aún siendo licenciada y ocupar uno de los mejores puestos de su empresa. Yo, haciendo hilos de telaraña, en una idiosincrasia ajena, como quien camina por terreno pantanoso, con sumo cuidado y temor a lo desconocido.

La confianza la da el roce, y entre risas cómplices, meto también mis historietas, mi particular visión del mundo, jajaja no sé ni como no me echó para la calle, con la etiqueta de loca colgando de una oreja; ¡a lo mejor, ella y yo no nos diferenciamos tanto!. Después del refresco con chicharrita, vino un pan con timba, y un ir y venir de moscas y mosquitos fajaos por mi sangre vegetariana, ¡increíble eso en Cuba, caballero!, en mí ni deberían fijarse. Gracias a que un ventilador chino guerrillero los mandaba para la otra esquina. Mi prima, recién estrenada prima, hablaba de sus viejos, hermanos, su infancia y de su bisabuelo, Mario Casales. Intuí como no se sentía, en absoluto, orgullosa de su antepasado, (el mismito que el mío, para más desgracia). Decidimos no hablar más de él, y empezar de cero igual que se conocen dos personas en una cola del pan. Y así fue. Las horas pasaron lentas, amamantando mi curiosidad.

A los dos meses, ya estando en España, recibo una carta suya. Su esposo se había marchado hacía bastante tiempo y es ahora que ella se da cuenta de que está embarazada. La decisión la tomó el destino.

Después de los años, la sigo viendo sola, con sus "maridos" llegando al portal de la casa, pero nunca dentro probando su comida ni su cama. Aquella "barriga" no deseada tiene nombre: un flaco desgarbado, que es mi ahijado y se llama Jaile.

Martes, 05 de Julio del 2005

0
0
0
s2sdefault

Escribir un comentario

NOTA IMPORTANTE SOBRE EL USO DE LOS COMENTARIOS:
Por favor, recuerde que los comentarios son comentarios no un consultorio, es decir, si usted tiene algún tipo de consulta que realizar, hágalo en nuestros foros, (http://www.conexioncubana.net/foro) allí siempre hay personas dispuestas a ayudar.
Gracias.


Código de seguridad
Refescar