De Cuba traigo un cantar

Mis primeras vacaciones en Cuba fueron buscando un lazo familiar, roto por la emigración de finales del siglo XIX, en La Perla encontré no solamente eso, sino una manera fiel, grandes enseñanzas para afrontar la vida, como nunca imaginé. A pesar de lo que digan unos y otros, de las estimables críticas, puedo decir que allí he pasado los momentos más felices de mi vida.
Yara

Orgullosa y guajira

Si yo hubiera nacido en Sagua de Tánamo, no sería más guajira de lo que soy. Me gusta el olor a campo, a tierra mojada, al silencio de un sueñecito bajo un aguacatero, y la compañía de cualquier clase de animal, menos los humanos en algunos casos. Y como me preguntan siempre, por qué prefiero el campo de Cuba a la ciudad que la mayoría ansía habitar, se los voy a explicar de la única forma que sé.

En Alquízar, el domingo había una matanza de puercos, y yo estaba allí pa no perderme na del vacilón. Lo de menos era lo que iba a almorzar; la vieja Luisa, la pobre, sin yo saberlo, buscaba que darme de comer. Ella no sabe que yo no me paro a mirar nada de eso, y lo que me gusta es empaparme de lo verdadero, de la forma de ser del cubano y el corazón con que te da hasta lo que no tiene. Claro que hay hijoeputas, ¿pero de ésos pa que voy a hablar si no saco nada en concreto y me desadornan el cuento?

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El verdadero nombre de Clara

Vive en un banco frente al parque. Mario hace el mismo recorrido todos los días desde su edificio hasta el trabajo y le dice Hola al pasar, pero no hay respuesta.

Al principio él pensaba que la persona en cuestión era un hombre. La suciedad, unos ropajes amplios y un gorro calado hasta las cejas la hacía una persona asexual; hoy sabe Mario que es una mujer. Fue a causa de una visita de la Asistencia Social del Ayuntamiento, la semana pasada. Hablaron largo y tendido con ella pero era como estar hablando con una pared, su mirada estaba perdida, muy lejos. A fuerza de convencimiento, lograron llevársela en una furgoneta de color gris.

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La supuesta Marita

Vivir oyéndote, mi amigo, es como escuchar las telenovelas radiadas de hace treinta años. Tu voz se me antoja a la de un locutor cuarentón con barba blanca y descuidada, de pecho canoso y ropas de un gris cansino, que me aburre.

El hecho de que tú me aburras, mi amigo, no es una falta de respeto. Significa simplemente que todo en ti es añejo.

Añejo, como lo es Cuba.

Porque Cuba no es vieja, mi amigo, ni anciana. Es añeja, como los buenos vinos, igual que tú. Ayer fui a Alamar, vi a tu viejo. Dice que está apalabrando un pacto con el diablo.

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Confesiones

La noche está fría, caminar se hace eterno.

Soy como María Branes, para pensar necesito la calle, andar, un banco donde sentarme y simplemente mirar como pasan los minutos.

Mañana es mi último día en Cuba, no podré virar en mucho tiempo, no se como despedirme de las cosas. De mi colcha, de mi pomo de agua, la llave de casa, el cepillo de dientes, mi pitusa lavado, el reloj de la abuela.

Extrañaré el trabajo de mierda, y la guagua apestosa, echaré de menos mi calle, y mi paraguas roto. La farola está ciega, hace dos años que no alumbra, acompaña mis noches en vela. La casa de enfrente, con su jardín chapeado, recuerdos imborrables de mis días de niña.

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Mensajero Valdés

Mi mensajero Valdés se paseaba por el edificio llenando los vacíos, como la esperanza esa que llena el agua con azúcar. Siempre lo esperé como cosa buena, y cada vuelta que nos daba era como ver un cielo donde sólo hay días de lluvia.

¡Qué lástima!, Valdés está solo en el mundo, pero no es huérfano por hacer honor a su apellido o viceversa sino por la poca suerte de perder de niño a sus padres, en un accidente de tráfico en la carretera de Santiago de Las Vegas. Desde aquel entonces, pasó de llamarse Eduardito Ramos a Valdés, a secas. Se quedó sin familia y hasta sin nombre.

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Meilide Habana

Mae, había ido de visita. Los padres no hay que descuidarlos mucho y los domingos en familia tampoco, había oído una vez de niña. Ojalá fuera así de fácil.

Se quedó parada en la puerta antes de entrar unos segundos. El barrio, parecía mejorado, ser patrimonio histórico no había caído en saco sin fondo. Se veía gente en los comercios, movimiento de personas buscando quizás calmar su dolor de cabeza y de vida, buscando la pomadita del tigre y el dragón.

De fondo, en la casa de su prima Li Sung sonaba la canción china Meilide Habana que algunos traducen como Linda Habana. Mae lo desconocía, pero aquella canción decía muchas cosas ciertas.

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El viaje a Cuba

La madrugada duele, pero de una forma diferente cuando el destino del viaje es Cuba.

En la cabeza no cabe otro síntoma más que la presión psicológica. Presión por el equipaje, ¿que podré pasar?, ¿ que me quitarán?¿ con quien me tendré que fajar en la aduana? y cuantas " zetas" tendré que acusar en el acento para hacerme respetar.

Tenerife - Madrid no fue fácil, me parte el corazón todo, porque yo soy a su vez una mitad partida. Una abuela cubana, llora porque los regalos de sus nietos se quedan atrás en un mostrador de facturación de Iberia, exceso de equipaje, de ilusión y de esperanza. Era la abuela, fue la abuela que trabajó todo un año limpiando en un hotel para llenar sus ausencias emocionales de materia prima para exportar a Cuba; pulovitos, pinturitas,culeros desechables, amor, un par de zapatos, etc.

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Ionel

Cuando voy a Cuba, siempre visito a mi familia del campo.

La Habana se hace pequeña para quien ha nacido guajira como nací yo.

En la capital, al igual que todos los que no tienen carro particular, me muevo en guagua, en bicicleta, a pie, en almendrón o en botella.

En mis salidas largas, normalmente a otras provincias, buscaba la fórmula para empatarme con algún chofer de rastra que me dejara lo más cerca posible de mi destino. Esta suerte se consigue, esperando un par de días, con paciencia y alertando de tu necesidad a la gente conocida. Casi siempre me salía la posibilidad y hacía el viaje tarde o temprano.

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Escalera en espiral

Estamos en una fecha histórica, crucial.

Nuestros nietos nos preguntarán, como era Cuba antes y después del "Cambio ".

Ellos querrán saber como era el malecón cuando se caía a trozos y como era La Habana Vieja cuando era vieja de verdad. Les interesará saber cómo fueron los últimos días, qué se vio en la televisión.

Es cuando nos tocará contarles: imaginarnos en una escalera de espiral, agarrados a un gastado pasamanos de mármol, todos y cada uno de los momentos que jamás se volverán a suceder.

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La llave de Baracoa

Mis antepasados.

Siempre tuve inquietud por conocerlos. Las dos partes sabíamos de la otra rama de la familia, pero no de una específica existencia; no había ubicación, solamente nociones vagas y el nombre de un lugar: Baracoa. Era una cuenta pendiente, adquirida a través de los años, desde que supe y tuve razón para pensar. Y sin pensarlo, de repente me vi en la misma casa de madera que vivió mi tatarabuelo Mario Casales, terrateniente y alcalde del citado pueblo, esposo por dos veces, amante en descontadas ocasiones, de donde nacieron veintidós hijos y padre despreocupado donde los hubiera. Subido en su caballo, se paseaba por el pueblo, luciendo traje blanco, impoluto, presumiendo de tener, quizá lo que menos tenía: orgullo.

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Cuba en mi horizonte

Mi marido dice que yo también soy más cubana que las palmas. Dice bien. Soy española, canaria y afortunada porque incluso soy cubana.

A los quince años, cuando en mi escuela otros oían a Spandau Ballet o Duran Durán, yo escuchaba a Benny Moré. Las casetes las grababa gracias a un profesor mío de música llamado Adolfo que, si no recuerdo mal, tenía familia en Holguín. A mí ese nombre de ciudad me sonaba a África, no se por qué.

Mi gran sueño era, algún día, de mayor, pisar la tierra de acogida de algunos parientes míos, pues para nosotros los isleños Cuba siempre fue la casa materna, la esperanza de un futuro mejor. Llegar al puerto de Santiago o La Habana era como cuando dos seres queridos se funden en un abrazo.

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