Varios autores

Esta sección está dedicada colaboradores esporádicos, a aquellos con alma de escritores, poetas o ensayistas que sienten la necesidad de contarnos algo, de gritar algo, de compartir sentimientos y emociones con los demás, para que no todo concluya en un apagado grito en el silencio.

Aquí pondremos todos esos escritos que por falta de tiempo o cualquier otro motivo, no pueden o no están interesados en tener aquí una sección propia y mantenerla actualizada.

Todas esas personas solo tienen que rellenar este formulario (en construcción), para enviarnos sus cuentos, historias, ensayos, poesías,.. Tan solo pedimos que los que no sean cubanos solo nos escriban sobre Cuba y los cubanos de lo que quieran. No se admiten opiniones, para eso ya hay una sección específica en Conexión Cubana.

Animo y adelante. Muchos comenzaron con nosotros y terminaron publicando sus libros.


Maldito vicio

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Surgat reapareció en medio de los raíles de tranvía. Con un pase rápido de las manos se impregnó de la capa de invisibilidad que lo hacía ante la gente que deambulaba por la calle cargada de bolsas de un Caprabo cercano invisible. Lo justo y necesario para ocultar con rápidez su despampanante desnudez.

El manual para la transformación que le había sido entregado tres meses antes de la actual fecha, aun le resultaba una maraña de palabras ininteligible. Casi nunca conseguía recitar las adecuadas para transformarse con éxito en su ascenso hacia el mundo terrenal sin antes perder quién sabe donde las extrañas vestiduras negras que acostumbraba a usar. Paso volando junto al telepizza de la esquina y torció a la izquierda siguiendo la trayectoria de la misma acera. Dos calles más abajo paso por una panadería. Junto a ella una juguetería que anunciaba con grandes carteles un descuento del 50 % en todas sus existencias y justo al lado se encontraba su punto de destino "EL ESTANCO".Un local pequeño de puertas acristaladas. Dos clientas dentro y el dueño, un tipo canoso y paliducho con apariencias corrrientes, vestido con una vulgar y barata camisa a cuadros y unos ajados vaqueros. Espero a un lado de la puerta hasta que el dueño se desembarazó de las dos mujeres y entró.

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Dos cubanos en el Polo Norte

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Hace unos días leí estos contornos isabelinos, entre menciones de los barcos que a través de los años visitaron el Puerto de La Isabela, la mención que se hacia de los barcos Noruegos de la Compañía ¨Nortraship¨, organismo creado por el reino de Noruega para coordinar todos los buques de bandera noruega bajo una sola dirección para servir a la Patria durante la Segunda Guerra Mundial. En uno de esos barcos tuve yo el honor de servir, era el “Bruch”. Esta nave llevaba el nombre del celebre compositor alemán, Bruch.

Algún tiempo después de yo estar navegando entre Cuba y puertos americanos transportando azúcar crudo cubano, Armando Hernández, de la familia que tenia el ¨Tren de Bicicletas¨ en la Calle Calixto García, al lado de la Talabartería ¨El Potro Criollo¨, en Sagua la Grande, se une a la tripulación en calidad de camarero. Durante esa travesía nos cruzamos, frente a West Palm Beach, con el barco cubano que tanto hizo y que había de insertarse en la historia, naval de esa guerra, El Camagüey.

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Infierno I

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Se cortó las venas en la bañera y con su dedo tambaleante pintó en los azulejos la palabra FIDEL. Lo dibujó con letra de molde en un ejercicio de paciencia mientras las velas parpadeaban por un viento del sur que removía la casa y el otro brazo destilaba unas burbujas brillantes. Simplemente lo hacía por él, con tan pocos años ya se le volvía una obsesión y un capricho. Podría ser la edad, 21 años, o los deseos sexuales reprimidos pero el hombre la excitaba al punto de masturbarse hasta siete veces seguidas viéndole dar un discurso. Si al menos en un discurso se hubiese quitado la chaqueta verde olivo y se la hubiese tirado, se hubiera conformado con su olor y su masturbación solitaria entre banderas cubanas y brazaletes descoloridos del 26 de Julio pero nunca se dignó a mirarla ni a contestar sus cartas de amor.

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De aceres y otros relatos

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Cuando comencé en la escuela secundaria me topé con los guapitos, los hijos de los guapos cubanos, vamos a ver, los imitadores de sus padres. El guapo de secundaria no usaba pañoleta y tanto en la guerra como en la paz, llevaba pañuelo rojo para secarse el sudor y la guapería, pantalón campana, camisa apretada, botas rusas con tacón alto y dos tapas de pasta “Perla”, una para cada cordón de las botas. La peineta, aquella arma mortal para “agitarnos” la merienda, compuesta de tres galletas de sal y un refresco imitando al “Ironbeer” pasaban a sus manos a la velocidad de extraer la peineta del bolsillo de atrás. Cuantas veces extrañe a mi abuela con su jarro de café con leche y las dos tostadas repletas de mantequilla, ella que esperaba en la primaria a que me zampara todo aquel meriendón y después se marchaba con su paso lento.

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Una herida que no cierra

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Un hombre supura por el vientre abierto, en una cama semejante a una nave de maderas carcomidas, en viaje hacia la inminente presencia de la muerte. Seis meses goteando, contemplando el techo de una habitación donde se mueven figuras armadas, vigilas permanentes, matadores de los rumores, de la luz.

Su oficio corresponde a la actuación del moribundo; su misión: impedirle el respiro bajo un árbol de barrio, el perenne ajetreo del libre, la humilde condición del asustado delante de su minuto final. De todas formas no se lo merece, sus fieles servidores lo saben y le castigan.

Con pantomimas solapadas, reverencias y risas de ocasión le dicen que todo va bien, “eres el faro de este viaje; negaste el norte, la posibilidad, naufragamos a la deriva, entre brumas, obligamos a bracear, ahora aprovechamos tu desfallecimiento, a eso nos has acostumbrado, a flotar…”

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El hombre que regresó del Exilio

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..... ya no hay modo de morir como los otros.
Belkis Cuza Malé

Fue en una gélida madrugada que estaba junto a sus familiares allí esperando al hombre que habría de regresar del Exilio. El recuerdo de aquella noche y aquel encuentro me produce un escalofrió como de muerte. Lo vi llegar como suelen verse esos espectros que salen de las tinieblas buscando entrar de nuevo a ellas.

El hombre con pasos quejosos se bajó del avión que le traída de la distante Italia, y que ahora reposaba en la loza del aeropuerto Internacional de La Habana, después de salir de éste los cansados viajeros de esa jornada transatlántica. Él, el hombre de nuestra atención, venia de Italia, aquel país que le dio refugio cuando más de veinte años atrás decidió abandonar la delegación oficial cubana y solicitó asilo político. Observé desde la terraza junto a sus familiares que le esperaban, su lento andar, su fatiga y el espanto que ya le había sobrecogido.

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La buena muerte

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Dolores desperto sudorosa a la misma hora de costumbre, las seis de la mañana, atormentada por el espíritu de Monona. Se sento en la cama y bebió un poco del vaso de agua que dejaba todas las noches en la mesilla. El espíritu de Monona había logrado sobrevivir en el tiempo incluso a la generación posterior a ella, su propio hijo, que había muerto hacía diez años en su casa de Centro Habana de un infarto mientras leía el periódico.

_ ¿ Habrá existido Monona o solo era uno de los inventos de mi abuelo ?.

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Las frustraciones

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El cubano Arsenio Rodríguez, el ciego maravilloso, apodado así por su incapacidad visual y su virtuosismo musical, escribió y musicalizo una bella letra en tiempo de bolero allá por el año1947. Popularizada unos años después en 1954 por dos grandes de la música latinoamericana: Pedro Vargas y Benny More. Su titulo es "La vida es un sueño" y en parte de su letra dice:

La vida es un sueño
y todo se va
la realidad es nacer y morir
por que llenarnos de tanta ansiedad
todo no es mas que un eterno sufrir
el mundo esta hecho
sin felicidad.

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Vocaciòn de locos

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-¿Pero quién carajo eres tú?, vociferó con sorpresa y hasta cierta furia que da el extrañamiento, y su voz rebotó contra el cristal de la ventana y fue a parar dentro del lavamanos del baño, cuya gotera intermitente y lasciva era una de las tantas terapias psicológicas de Andrés en los días de soledad y abulia cuando no podía hilvanar ni una oración decorosa delante de la muda pantalla de computadora.

-- Soy un payaso y colecciono máscaras para cada segundo de la vida. Ahora mismo- tú no te das cuenta- pero traigo puesta la del hombre que quiere conversar y hacer nuevos amigos. Aunque por tu cara de pocos amigos me parece que no lo voy a conseguir. No temas...

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Un cuento de camino

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Estábamos recostados contra la pared, junto al armario.

-Este sitio está lleno de historia –dijo Alfredo.

-De historia barata –ripostó Leoncio.

La tensión se respiraba en el ambiente. Ignoro si los demás se habían percatado. Pero nadie dijo nada.

-Te voy a partir al medio, cabrón –gritó Alfredo y se abalanzó contra Leoncio.

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El Liendras

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Su agrandada barriguita saludaba antes de llegar a la esquina; en el dedo gordo llevaba una herida en su piecito derecho que alimentaba a una colmena de moscas que se deleitaban en su alrededor, a lo que contribuia sin el menor esfuerzo Capitán. Aquel pobre perro cargado de peladuras y razgones por sobre todo su cuerpo, era su amigo y compañero desde siempre, acurrucado en una bola o, mejor, convertido en un aro horizontal, lo esperaba a cada amanecer cerca de la puerta del desvencijado casucho de palma cana que les servia de hogar al “Liendras” y sus padres. El pobre animal no podia acercarse a la casa. Y si lo hacia solo lograba que el padre le diera un par de patadas por la barriga: “Anda, perro sasnoso, lárgate de aqui….” “Liendras, Liendras, muchacho, ¿cuantas veces te voy a tener que decir que no me traigas a ese cochino animal a la casa?”… Y seguia: “…¿Tu no ves que lo único que hace es comerse los mojones que cagan las gentes por ahi, por el platanar?”

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