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Ella cubana, él no

Ese instante: Esa mañana de verano era diferente. Lo supo desde que un calor intenso se apoderó de su pecho mientras la mirada de él sutilmente recorría todo su cuerpo. Ella analizaba cada gesto y cada palabra que él con dificultad, quizás por el idioma, quizás por los nervios o quizás por ambas lograba pronunciar.

Él no sabía por qué no podía parar de observarla; aunque su mano derecha, esa con la que firmas, la más cuerda, la más sensata le gritaba que se detuviese alertándolo del peligro, del peligro de querer tocar lo intocable; pero la comparó con la luna y quiso tenerla. Ella no sabía por qué extraña razón su imagen no se esfumaba de sus pensamientos.

Las cosquillas en su estómago, el no comer, el ahogo repentino y el querer abrazarlo le indicaban algo. Sería una enfermedad? Algo que no sabía explicar que irrumpía en su vida como las bravas olas en las rocas de este mar que me observa.

Un encuentro: Desde la ventana de aquel hotel veían las montañas nevadas.

Habían dejado atrás el calor del caribe, habían dejado en una esquina de la cama todos sus temores, sus cadenas, sus sufrimientos.

Estaban muy lejos de aquel día de verano pero con la misma fuerza de esa primera vez. En aquella pequeña habitación solo se sentía el latido de sus corazones que retumbaban en sus pechos y la respiración agitada de ella se agudizaba cada vez más mientras sentía unos cálidos besos recorriendo su cuello como fuego.

Su vestido cayó al suelo quedando totalmente desnuda como aquel árbol que dormitaba en el parque de la esquina y que en otoño se desviste para esperar a su apreciado invierno.

No sólo su cuerpo se desvistió, también su corazón quedó al descubierto. Sus manos recorrían su cuerpo, ruborizando cada centímetro de su piel. Se liberó la pasión, aquella que parecía olvidada; que sufría dormida en su lecho de rosas, aquella que yacía en su castillo de cristal.

Se dejaron llevar como cuando flotas en el mar y terminaron exhaustos, rendidos, vivos. Aquel día hubo magia.

Ella sintió que volvía a respirar, que era mujer, que era ella.

Más tarde: Unas horas más tarde la temida y terrible realidad se apoderó de sus vidas.

La pasión volvió a su castillo de cristal y ahora juega con ellos la incertidumbre como en una partida de blackjack apostándolo todo a una carta. Una carta que espera nunca llegue tal vez por miedo, por inseguridad o por no querer enfrentarse a la felicidad o por el de al lado o por todo o por nada.

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