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Infierno I

Se cortó las venas en la bañera y con su dedo tambaleante pintó en los azulejos la palabra FIDEL. Lo dibujó con letra de molde en un ejercicio de paciencia mientras las velas parpadeaban por un viento del sur que removía la casa y el otro brazo destilaba unas burbujas brillantes. Simplemente lo hacía por él, con tan pocos años ya se le volvía una obsesión y un capricho. Podría ser la edad, 21 años, o los deseos sexuales reprimidos pero el hombre la excitaba al punto de masturbarse hasta siete veces seguidas viéndole dar un discurso. Si al menos en un discurso se hubiese quitado la chaqueta verde olivo y se la hubiese tirado, se hubiera conformado con su olor y su masturbación solitaria entre banderas cubanas y brazaletes descoloridos del 26 de Julio pero nunca se dignó a mirarla ni a contestar sus cartas de amor.

Aquel amor inaccesible de barbas negras que al caminar marcaba los huevos y la pinga en el pantalón o miraba al Che Guevara con aquella mirada cómplice de la Sierra Maestra nunca se había fijado que ella estaba en primera fila de las concentraciones o los discursos chorreando babas por todos sitios, babas que se escondían en el significado de aquellas palabras guerreras y viriles y aquel dedo amenazante de mago, aun sin uñas limadas. Tantas veces que deseo ser tierra y ser ella misma todo Estados Unidos para sentir tantas amenazas y tantas palabras atronadoras. Su suicidio era por él, quería seguir el camino de todos sus adoradores traicionados y para tal menester de soledades lo mejor era cortarse las venas con aquella cuchilla “Astra” que se había encontrado oxidada encima del mueble de baño. Lo de pintar FIDEL en los azulejos lo copio de aquel de Girón que se metió los dedos en la sangre a punto de morir y realizó un graffiti de escritura final. Lo de ella si era fe, se le repetía mil veces el sueño de verlo desnudo en pelotas frente al micrófono en la Plaza de la Revolución y ella sola sentada en la parte de abajo abierta de piernas, esperándolo a que terminase mientras la inmensidad y tanto diseño fascista la envolvían en una bruma azul oscuro. El otro sueño era verlo con cuerpo de caballo y cabeza humana, con la barba trenzada comiendo a mordiscos el corazón de los contrarrevolucionarios. La barba se le teñía de rojo intenso mientras masticaba los órganos y luego excitado, con un pene enorme la montaba a ella varias veces.

Por él comenzó a leer a Carlos Marx, a Lenin y a aquellos rusos que convertían la economía política en un dilema de términos indescifrables que al final significaban la misma tontería, cambiar cualquier vestigio de economía capitalista, incluso borrar los términos de la faz de la tierra, que había recibido el altísimo honor de ser tocada por las teorías de aquellos visionarios.

Por su amor a él recitaba poesías patrióticas, aquellos poemas eran exaltados y llenos de palomas blancas que no cagaban en el hombro de nadie porque las obligaban a cagar antes. Llegó a ser la Jefa de Colectivo de pioneros. Paso todos los procesos y fue de la UJC, combatía lo mal hecho, el fraude en los centros de estudio, la primera en el trabajo voluntario, la ultima en montarse a la carreta. Adopto frases como “No me metas el elefante en el jardín” o “solo los cristales se rajan, los hombres mueren de pie compañeritos”. Se cortó el pelo y se ponía en la mano derecha un reloj ruso de hombres y andaba como andas las verdaderas “machas” de la dirigencia cubana. Su objetivo, llegar arriba, bien arriba y que él se dignara a fijarse en ella.

Cuando fue la invitada más joven al Primer Congreso del PCC fue presentada en pleno teatro y él por primera vez le miró, con cara de pícaro y en un descanso la fue a buscar un guardaespaldas de andares silenciosos y palabras susurrantes. Muy galante le dio la mano y le estampó un beso en la mejilla, la barba le dio cosquillas y una sensación de humedad le quemó las bragas. Le dijo que había indagado sobre ella y que la quería para su grupo de apoyo.

Ella gustosa asintió, atontada por el ambiente de helechos húmedos y bragas húmedas. La humedad del ambiente se percibía como esos viajeros europeos que pisan por primera vez el Caribe y aspiran tantas plantas muertas sobre una superficie mojada de tanto aguacero impertinente y pudridor.

La habitación esta fría, el aire acondicionado esta a todo meter y las mantas que tiene no le devuelven el calor de la juventud, es una lastima que en un país de calor eterno no existan esos aparatos que dan calor, solo frío. El mismo frío de las montañas, aquel que se quitaba con fricciones de secretaria improvisada.

Ella se le acerca y aspira un perfume de hombre seguro, un hombre que puede morder el cuello y aspirar los aromas que destilan de la sangre. Ella, la mujer deseosa, la que le busca como un espiral de dialéctica esta encima de el, sintiendo su “caballo” como monstruo que sale de las entrañas cual liga de tira piedras. La penetra con furia mientras se imagina corazones sangrantes, ella cierra los ojos y le acaricia la barba con pasión depiladora, casi a punto de arrancarla y dejarle sin símbolos de poder. La barba fue una mariconada de la guerra, era un ahorro de cuchillas y una apuesta de gallos que hasta que Batista no se fuera al carajo no se la quitaría. Al final no era símbolo del pueblo sino que daba buenas cosquillas en la espalda de las mujeres que besaba con ardor. La barba era un alargamiento mental que podía destrozar corazones y sentirse macho. Cuando estaba en la Sierra, con barba rala tuvo sensaciones de Che Guevara, sensaciones penetradas que le decían Che que culito más bueno tenes. Che tenía que ser buen palo porque en las noches con su pinga bien dura suspiraba y se palpaba en el ambiente un olor a Pampa.

Ella le recorre entero, hay algo que le recuerda a Mirtha, posiblemente la suavidad de los susurros al oído, la fortaleza de las nalgas y el cerrar de los ojos. Su antiguo y primer amor verdadero le traicionó con un enemigo y por un momento el placer se congela entre sus piernas.

La joven esta a punto de “venirse” y grita “Patria o Muerte” con ardor mientras sus humedades la invaden. Entonces no entiende la causa de ese graffiti en la pared del baño si el le entrega todo su amor, ¿acaso todo lo que toca y ama lleva al suicidio?. Se ha suicidado sin reloj en la muñeca así que la sangre corre sin parar ni introducirse en las ranuras de la pulsera de acero.

La hubiera llevado lejos, quizás a viceministro de algo, es que algo en ella se parece a Celia Sánchez, quizás esos ademanes de mariposa blanca y mirada de halcón pero se ha quitado la vida y el suicidio es un pecado que hay que alejar, enterrando el cuerpo fuera de los recintos sagrados de la Revolución, el suicidio contamina todo, salpica las paredes de las bañeras y deja los cuerpos inertes y con ganas de molestar a los vivos, por el aquello de joder a la humanidad. Demasiados suicidas le acompañan para sumar un espectro más a su lista.

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