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Nostalgia de San Juan

Quizás la mejor definición que he encontrado de la nostalgia, fue la sentida añoranza de aquel viejo en su silla de ruedas aquella tarde en el mercado de La Gran Plaza. Esa aflicción que lastima el alma del distante, de aquel que estableciéndose en otras tierras; encuentra que le falta el recuerdo, que se apena de ver cual lejos esta de la Patria y de las personas y lugares que quiso y siente un hondo pesar por esto.

La definición es casi exacta. Hablamos de nostalgia cono un sentimiento de tristeza o pena que causa el estar lejos de la Patria, de las personas y lugares queridos. Nos falta el lugar de nuestra infancia, algo que se mete tan profundo en el individuo que es difícil separar de la existencia misma.

Con la palabra nostalgia viene el término de añoranza; morriña es más familiar y los gallegos usan la palabra: saudade. Los cubanos dispersos por el mundo, usan una expresión algo extraña pero original, hablan "del gorrión" como algo que les desconcierta por momentos en su deseo de arraigarse en un nuevo lugar. Tal vez el asunto es más complicado.

E .Cioran , asegura que : La nostalgia es la obsesión aflictiva de estar en otra "parte" (dimensión), de superar la temporalidad y la finitud hacia la Eternidad y la infinitud, de volver a la Ítaca de los orígenes (tal como los aluviones de su etimología griega - nosteo y algeo, "volver a la patria" y "sentir dolor" - lo indican). Nostalgia, aun cuando también identifica en sus límites un sentimiento de pérdida, no se refiere a una vivencia corriente. Sino a una difusa, a la vez que persistente y dolorosa, como la que denota la palabra dor (< lat. pop. dolus < dolere). El hombre no está satisfecho de ser hombre. Pero no sabe hacia qué regresar, ni cómo volver a un estado del que ha perdido todo recuerdo claro. La nostalgia que tiene de él constituye el fondo de su ser, y a través de ella comunica con lo más antiguo que subsiste en él.

No hay que complicarlo. La nostalgia es un sentimiento que cualquier persona normal puede tener. La nostalgia es el sufrimiento de pensar en algo que se ha tenido y que ahora ya no se tiene.

Entonces regreso al aserto viviente de aquella tarde en La Gran Plaza; en el lugar y hora que se dan cita los trovadores y aquellos que encuentran bien en recordar una melodía ya alejada y triste. Esos que se aferran al recuerdo cuando los versos de una canción rasgan el alma.

Fue allí en las tardes de canciones, cuando los intérpretes se encuentran con un público escaso pero animado al recuerdo. Esos que buscan en una canción el amor que es añoranza, el lugar que se ha ido para siempre y la Patria que se ha hecho distante e inalcanzable.

Aquella tarde en el público habitual se hizo presente aquel hombre en su silla de ruedas que se mueve a capricho y con sorprendente rapidez. Es un anciano, limitado a su silla, elegante y de gestos sobredimensionados. Va hasta los cantantes y casi exige, bromea y gesticula como suelen hacer la gente de las Islas. Hay ánimo y diversión, risas y aceptación. El hombre ha llegado con un sobrero tejano mientras en su mano lleva en alza, mostrando a todos, un discreto sombrero de camuflaje donde no alcanzo a ver lo que él quiere revelar.

Se quita el sombrero ese que trae, tejano, negro. Toma con cuidado el sombrero, orgulloso, de tela-camuflaje y cuando se lo coloca, puedo ver lo que tanto quería mostrar: la bandera de su Puerto Rico y un claro nombre de la Isla; esa que no quiere que desaparezca en el recuerdo.

Los trovadores le sonríen mientras comienzan la canción que el hombre había pedido, "En mi viejo San Juan", conocida canción que se considera el segundo himno de Puerto Rico. Puertorriqueño era el hombre, de esa gente que hacen de su pequeña Isla, gigante Patria. Allí estaba el más famoso bolero puertorriqueño que habla de una nostalgia perdurable por la Isla encantada.

En mi Viejo San Juan, cuántos sueños forjé, en mis años de infancia.
Mi primera ilusión, y mis cuitas de amor, son recuerdos del alma.
Una tarde partí hacía extraña nación, pues lo quiso el destino.
Pero mi corazón, se quedó frente al mar, en mi Viejo San Juan.

El hombre casi se levanta de su silla, levanta los brazos, quiere seguir la melodía con todo su cuerpo; casi baila de alegría al no ayudarle sus piernas. Es entonces que llega el coro que levanta aun más el ánimo del distante; cuando junto a la despedida esta la certidumbre del regreso.

Adiós, adiós - adiós,
Mi diosa del mar
mi reina del palmar
Me voy, ya me voy, pero un día volveré
A buscar mi querer, a soñar otra vez, en mi Viejo San Juan.

Es entonces donde el sentimiento se hace certeza de que el regreso ya no es posible; la ausencia se ha prolongado, no se produce el retorno, al menos no es cercano como se quieres. Ha llegado los días postreros y la realidad de la muerte ronda. El ausente se niega a morir alejado de la Patria. La canción se hace abatimiento.

Pero el tiempo pasó y el destino burló, mi terrible nostalgia.
Y no pude volver al San Juan que yo amé, pedacito de patria.
Mi cabello blanqueó, ya mi vida se va - ya la muerte me llama,
Y no quiero morir alejado de ti Puerto Rico del alma.

El hombre ha dejado de levantar los brazos, ya no sigue con su voz los versos. Separa sus espejuelos para secar las lágrimas que han llegado a sus ojos. Baja triste la cabeza y se quita el orgulloso sombrero lentamente…., mira hacia mí con quien comparte este instante de desventura; uno mas tan distante, triste y lleno de pesares que también aguarda por el regreso. Deja el sombrero, vuelve a ponerse su tejano y se aleja sorteando el numeroso público que llena el mercado los fines de semana.

Entiendo al hombre en toda su dimensión humana y el sufrir que hoy muestra.

La nostalgia ha consumido su tiempo. Fue un momento de encanto ante el recuerdo de la Patria, el lugar que se ha dejado y un sentimiento de dolor ante lo inasequible de aquello que queremos y que se torna perdido. El anhelo del retorno y de recuperar algo que por mucho tiempo has ansiado y no has tenido, es en suma, este sentimiento que agota las escasas horas del insomnio, el sobresalto de un regreso inédito y la desdicha perenne.

El tiempo ha dejado a un lado la esperanza, el alma es toda ausencia.

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