Varios autores

Estrellas como nanas

... Quién encenderá la luz en la tiniebla,
quién me regalará el sol y las estrellas,
quién paseará conmigo en noches sin luna,
quién me hará en el cielo una cuna..."
Raquel Ortiz. Estampas Nocturnas.

Hace tiempo que no las observo con la misma inocencia que tiene tu hijo. Le envidio. Él, al menos, todavía cree en fantasmas y en hadas, estoy segura de que tú le mantienes en vilo con todas esas historias que escribiste para él. ¿Pensaste pasearle por tus calles?.

Me hubiera gustado estar cerca para verte ejerciendo de padre. Casi puedo ver como coqueteas con todas las mujeres que se acercan a ese pequeño con la excusa de su infantil belleza. Mi querido amigo, ¿sigue Cuba dentro o la hemos apartado de nuestro camino para no dejarnos atrapar por la nostalgia?. Mantengo un libro tuyo entre las saturadas estanterías. Todavía huele a cachaza, a poemas a medio terminar y a aquella colonia en la que me embadurne entera para que la canela hiciera lo suyo. Seguro que ríes, era un truco que no podía confesarte por entonces, le hubiera quitado todo el encanto a aquel bote barato de agua de rosas que conseguí en una de las tiendas del mercadillo.

¿Sabes si alguien riega el "no me olvides" de tu madre?. En una flor caben muchos secretos y los rayos de sol no deben maltratarla demasiado, esta bien que la luz, de vez en cuando, se coloque sobre ella pero deberías de decirle a quién se haya quedado en la casona que no la mantenga a la intemperie constantemente, el amor se seca cuando hay demasiado calor sobre él, que le busquen un lugar donde pueda mantenerse a salvo de esos rayos, igual de malos son los fríos inviernos y los intensos veranos si uno esta quieto a la espera de los temporales venideros. ¿Qué ha sido de aquel río en el que solías bañarte?. El último que yo vi no era parecido al tuyo. La verdad es que no tenía nada que ver, así que tampoco pude hacer demasiadas ofrendas. El mar también esta lejos, cubierto de un asfalto agotador y para subir a la montaña tengo que tomar tantas combinaciones de transporte que el simple hecho de pensar en hacerlo me cansa. ¿Recuerdas cuando en una de esas locuras solía relatar mi vida futura?. Yo pensaba en una enorme granja con caballos incluidos. Una de esas que tuvieran rutas para pasear, mesas para invitados y una gran cocina. Tú nunca dijiste que fueras a venir conmigo. Normal. Yo tampoco pensaba que esa forma de soñar fuera a ser imposible de cumplir. Entonces, sólo nos quedaban los cuentos, aquellos que yo te contaba, aquellos que tú me contabas y la última noche en la que tan febril me decías, casi inquisitoriamente, que no fuera tan comprensiva y exigiera lo que debías darme.

Mi amor, que lejos los unos de los otros, dispersos en medio de la cotidianidad. A veces, sueño con que el mundo es un pañuelo y que mi mano puede doblarlo para que terminen por encontrarse sus esquinas reuniendo a los que dejamos atrás, salvándonos de nosotros mismos en cada uno de los abandonos que iniciamos. Sé que dirías que no debería continuar con esa bipolaridad que me caracteriza, entre sueño y realidad, pero ya sabes que no sé vivir de otro modo. Cuando todo parece romperse cierro los ojos para escuchar el golpe de las olas frente al Malecón. Sigo bajando por veintitrés con los botes vacíos a la espera de siete olas espumosas y al caer la noche veo a Teresa esperando en la puerta a la desconocida invitada. No esperaba que yo fuera tan blanca y que tuviera el pelo tan negro, eso me lo dijo desde el primer momento, ni yo que todas tus cosas se mantuvieran intactas en el recuerdo.

Deberías de haber terminado aquella novela, la historia familiar que te acompaña hace que tú te hayas convertido en lo que eres. ¿Cuánto tiempo ha pasado desde la primera fotografía?. ¿Cuándo fue la última vez que pise La Habana?. Todavía pienso que hay un sitio para mí parecido a aquel con el que soñaba, un atardecer que me esta esperando porque siente que encenderé un cigarro justo en ese momento en el que el sol se esconde para dar paso a la oscuridad anunciándome que voy a ser parte de él.

Estoy mirando terrenos, lugares donde plantarme y crecer. Busco incansablemente alguien que venga a regar las macetas, que inicie las cosechas y espere a ver florecer el primer fruto que soy por descubrir. Ahora que llego la primavera todo esta más claro. Atrás he dejado las grietas del frío y en el patio interior del piso han plantado un árbol que dentro de unos años llegará hasta mi puerta, para entonces creo que no voy a estar aquí. Es hora de comenzar de nuevo. Yo juego con ventaja en este maratón, no hay nada que pueda sujetarme, las paredes son paredes, las cosas son cosas, el trueque no es trueque y en cualquier lugar necesitaran de mi mano de obra o mejor aún haré una obra con mis manos. Tú conseguiste la tuya: el niño mira las estrellas y repite tu nombre. Los míos siguen dispersos en el éter, mejor dejarles así.

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