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Otra vez Yisel

Una historia cubana neo-feudal.

Yisel es una joven y pobre campesina cubana, valga la redundancia, que vive en el batey de la Cooperativa de Producción Agropecuaria (C.P.A) "Las Ilusiones Perdidas", cerca de Batabanó, en la provincia Habana Campo.

Corre el año 2006, y al batey llega de visita el joven Luis, que se presenta ante Yisel como habitante de la capital, jinetero y con muchos dólares para cambiar por chavitos, gracias a que está casado con una alemana rica de Silesia que lo mantiene y que le ha pagado las clases de alemán.

Luis es en realidad Alberto, un empleado de una gasolinera de CUPET en un pueblo cercano a Batabanó, que debido a ese trabajo pudo resolver algunos chavitos y comprarse alguna ropa extranjera con que engatusar a Yisel.

Yisel adora bailar en fiestas de quince, pero su mamá, Berta, se opone a que baile tanto, porque Yisel sufre de un soplo en el corazón.

Berta, otrora residente en la capital y amante del ballet, de ahí el nombre de su hija, fue engañada por un guajiro maceta del batey, que se la llevó a vivir allí, la embarazó, y luego la abandonó, yéndose en lancha para la Yuma, por lo que su vida se centra en el cuidado de su hija tan delicada de salud.

Yisel tiene otro enamorado, de nombre Hilario, que trabaja en un aserradero vecino, luego de haber estado dos años en la difunta República Democrática Alemana, talando bosques y aprendiendo alemán, pero Yisel no le corresponde, porque debido al período especial, Hilario tuvo que vender hasta la moto MZ que trajo de allá.

Al enterarse Hilario de que un tal Luis pretende a Yisel y de, que según las malas lenguas, ya son hasta novios, empieza a vigilarlos, y un día decide seguir a Luis, descubriendo así su impostura, por lo que a la primera oportunidad que tenga se lo dirá a Yisel.

Entretanto, al batey llega una guagua de turismo con unos turistas alemanes, que quieren conocer cómo viven los campesinos cubanos, y los amigos y amigas de Yisel organizan una rueda de casino para entretener a los extranjeros y ver si alguien puede ligar a alguno para que lo saque del país.

Luis llega en eso al batey, pero al ver a los turistas alemanes, se esconde para que no se le descubra la mentira de que él sabe hablar alemán, pero cuando aquéllos se retiran a comer algo en el restaurancito en divisas del batey, del cual Berta es la administradora, aparece y baila con Yisel, a pesar de la oposición de Berta, que ya le ha explicado a su hija, y a sus amigas y amigos, que si Yisel se muere de pronto, su alma no descansará y se aparecerá en cuanta sesión espiritista o juego del tablero de la Ouija que se realice por los alrededores.

No obstante, las amigas de Yisel entretienen a Berta y la mandan para el restaurante a garantizar la propina de los nibelungos, a falta del anillo, y a falta del collar de oro del ballet original, y el baile continúa.

Después de haberse elegido a Yisel y a Luis como la mejor pareja de casino de la fiesta, aparece Hilario, que los separa bruscamente, y le dice la verdad sobre Luis a Yisel.

Yisel no le cree, y el falso Luis hace ademán de tomar su celular para hablar con alguien, pero en realidad el suyo no está activado; lo usa sólo para impresionar.

Hilario llama entonces a los turistas alemanes en su propio idioma, y le presenta a "Luis" a una walkiria de mediana edad, que trata de conversar en la lengua de Honecker con él sin resultado alguno.

Al ver Yisel que Luis es en realidad Alberto el pistero, y que no es jinetero, no sabe alemán, y no está casado con ninguna extranjera rica, enloquece y muere.

Como la pobre Berta no tiene ningún panteón en el cementerio de Batabanó ni en el de la capital, ha logrado por sociolismo que le dejen enterrar a Yisel en el Bosque de La Habana, ya que Hilario conoció al guardaparque durante su estancia en la R.D.A, y por 50 chavitos éste se hará de la vista gorda.

La cruz la pudo conseguir en el teatro "García Lorca", porque uno de los encargados de los decorados del ballet se robó la de la tumba de "Giselle", y se la vendió por 30 chavitos.

A pesar de su dolor, y del período (sin íntima) tan especial, Berta ha tenido el consuelo de poder enterrar a su Yisel casi como a Giselle.

Al cumplirse un mes de la muerte de la joven, Hilario decide ir a visitar su tumba en el Bosque de La Habana, pero el viaje desde Batabanó, en botella primero, y luego en un almendrón de 20 pesos, se tardó tanto, que arribó al bosque como a las 11 y media de la noche, encontrándose con un grupo que ya salía por la parte de Puentes Grandes y que le advirtió de lo peligroso que era entrar a esa hora, por la existencia de pandillas que asaltaban a cualquiera para quitarle las cadenas, los relojes, los zapatos y la ropa, sobre todo a los gays que iban a fletear y a ligar puntos.

Hilario no se arredró, y penetró en nuestro bosque mayor hasta llegar a la tumba de Yisel.

Yisel, por su parte, después de haberse muerto del disgusto que le provocó descubrir el engaño de Luis/Alberto, como era casi una recién llegada al mundo sobrenatural, estaba todavía en la lista de espera del espiripuerto para poder aparecérsele a alguien, asustarlo y halarle las sábanas, así como para entrar a una sesión espiritista o juego de la Ouija, porque Mirta Agirre, la reina de las Ouijas, era la que cantaba los números y no dejaba colarse a nadie.

Las Ouijas estaban muy organizadas, tenían a Mirta Aguirre como reina, y a Ana Lasalle y a Rita Longa como responsables de vigilancia y de la recogida de materias primas en el bosque respectivamente.

Como a las doce de la noche en punto, Mirta Aguirre cantó el número de Yisel en la lista de espera para poder aparecérsele a alguien, y la visita de Hilario a su tumba le vino como anillo al dedo, ya que así no tendría que viajar hasta Batabanó.

Le pidió a Ana Lasalle que le calentara la escena, apareciéndose primero, pero Hilario, en cuanto la vió, huyó despavorido, y Yisel, contrariada, no lo pudo asustar.

Desafortunadamente, la reina de las Ouijas y sus milicianas no eran las únicas que campeaban por su respeto en el bosque, sino que existía una banda de tortilleras palestinas, llamadas las Wiliwilis, procedentes de las provincias orientales, que huyendo de la deportación obligatoria decretada por el señor feudal y mayoral de la Isla, se habían refugiado en el bosque, y asaltaban y robaban a todos los que entraban a sus dominios nocturnos.

Hilario se puso fatal, pues se encontró en su huída con las wiliwilis, y lo asaltaron para quitarle el reloj Poljot, sobreviviente del primer matrimonio bolo del señor feudal, las chancletas chinas metidas por el dedo, recuerdo del segundo enlace del susodicho, y la gorra roja con el escudo de Venezuela, fruto del actual matrimonio del mayoral con Hugo Chávez, después de que en Galicia se aprobaran las bodas del mismo sexo, como muestra de lo adelantados que están ya los gallegos, y del poco seso del venezolano.

De más está decir que Hilario entró en estado de coma debido al atraco, y las wiliwilis arrojaron entonces su cuerpo al río Almendares, donde se acabó de morir a causa de la contaminación y de la podredumbre del mismo.

Yisel, a pesar de que estaba de lo más impaciente por acabar de aparecérsele a alguien, se demoró en hacerlo para no perderse el numerito que le hicieron las pan con pan / wiliwilis a Hilario, y en cuanto se produjo el desenlace, observó a Alberto, montado en su bicicleta de fabricación nacional, dando pedales como un loco con la catalina zafada, camino hacia su tumba. Finalmente, pudo parar la bicicleta con los pies, pero su alegría duró poco, porque las wiliwilis lo rodearon, le pusieron un punzón en la espalda baja y le robaron la bicicleta.

Entonces fue cuando Yisel decidió intervenir, y le rogó a Mirta Aguirre, a Ana Lasalle, a Rita Longa y a las otras milicianas sobrenaturales que la ayudaran a salvar a su Luis-Alberto de las desnaturalizadas wiliwilis.

Rita Longa le sugirió que se pusiera una máscara de Alicia Alonso, ya al final de su carrera, maquillada como Giselle, pero con la pintura de labios roja corrida en su boca absoluta, para que así se les apareciera a las guerrilleras del atraco.

Éstas, al observar horrorizadas semejante visión, huyeron como alma que lleva el diablo, para ir a tirarse los caracoles en cuanto amaneciera, y ver así cómo podían librarse de tan terrible maleficio, que les estaba echando a perder su negocio de robo y venta, ya que si se corría la voz de que el espíritu de Alicia, aún antes de morirse, se aparecía en el Bosque de La Habana, ya nadie iba a querer entrar a templar después que cayera la noche.

Alberto, completamente choqueado, y sin poder creer realmente lo que había sucedido, vislumbró a Yisel, ya sin la máscara de Alicia, y comprendió enseguida el sacrificio de amor que ésta había hecho por él, porque ponerse una careta de Alicia no es nada fácil, aunque fuera para salvarle la vida a su amado.

Sonó el pito de la Papelera de Puentes Grandes, que debe sonar a eso de las 5 y 30 de la mañana cuando no está atrasado, y comenzó a clarear, por lo que las milicianas de la Ouija se empezaron a desvanecer, pero Yisel lo hizo de última, sobre su tumba, logrando llevarse en un gesto postrero las horribles flores plásticas de la Industrias Locales del Poder Popular que Alberto le había llevado desde Batabanó, con las que piensa entonces asustar a las nuevas víctimas de su próxima aparición.

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