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Décimo aniversario del 11 de Septiembre.

Algunas consideraciones.

Cuando nos asomamos a la historia universal con interés político, observamos que en el devenir de los largos siglos que tejieron la civilización humana actual, la existencia de lo que pudiéramos denominar “impulsos civilizatorios”. Fueron creados por pueblos y etnias diferentes, asentadas en lugares disímiles, que se constituyeron, cada uno en su lugar y su época, dentro de sociedades más desarrolladas que la media de su tiempo histórico, desde que este proceso comenzara con la primera civilización surgida en la confluencia de los ríos Éufrates y Tigris.

Hago esta introducción necesaria para decir que los Estados Unidos era (y todavía lo es) en fase con las sociedades a las que históricamente me he referido antes, la sociedad más avanzada de nuestro tiempo, al momento de recibir los ataques del 11 de Septiembre del 2001.

Diez años antes de este ataque (y anteriormente, sobre todo durante la segunda mitad del Siglo XX) la Unión Soviética, en los campos social, político y militar, se había posicionado como siendo una sociedad alternativa a la ideología que emanaba de Norteamérica, con la cual compartió el papel hegemónico, disputando la supremacía en un mundo que se globalizaba.

La Unión Soviética y su sistema mundial de países satélites explotaron desde dentro (sólo quedan Cuba, por desgracia, y Corea del Norte) dejando a EUA como única potencia mundial. Fue entonces que surgió el ataque que destruyó la Torres gemelas del Word Trade Center y una parte del Pentágono estadounidense, cambiando radicalmente el curso de la historia actual.

El resentimiento de la izquierda mundial pro soviética (derrotada) hizo circular el infundio de que, incluso siendo considerado como un ataque bárbaro, Estados Unidos de alguna manera lo había ‘provocado’, al haberse constituido en un “imperio” que intentaba sojuzgar el mundo unipolar remanente del derrumbe de la Unión Soviética. Ese criterio, aminorado hoy por las revelaciones sobre la crueldad contra las víctimas inocentes, parcialmente subsiste.

Regresando a la historia de la humanidad, comprobamos que las sociedades más avanzadas establecieron sus dominios sobre los vecinos y a partir de la organización política de la época, establecieron “imperios”. Como se dijo antes, estos imperios no obedecieron a razones locales, a etnias, ni a recursos naturales solamente. Una confluencia compleja de factores fue lo que cristalizó en cada caso, y el foco de poder se movió por todo el planeta (de manera que no hay etnias superiores) pasando por todos los continentes y llegando al Nuevo Mundo, en EUA.

Una primera consideración: El tal “imperio” norteamericano de nuestros días, no es más que la materialización actualizada de lo que históricamente ocurrió de manera --pudiéramos decir-- ‘natural’ en la historia humana: los caldeos dominaron de inicio el mundo de su época, los asirios después dominaron, los egipcios también dominaron, los chinos dominaron, los persas dominaron, los griegos dominaron, los romanos dominaron, los árabes dominaron, los portugueses dominaron, los españoles dominaron, los ingleses dominaron, los franceses dominaron, los rusos dominaron, los alemanes dominaron y así, los norteamericanos dominan. Sobre el dominio, no hay inocentes, todos, cuando pudieron, impusieron sus reglas de juego.

Los árabes por ejemplo, cuando dominaron el mundo de su época (incluyendo una parte importante de Europa, que no consiguieron tomar completa al perder una batalla naval casi que de milagro) impusieron su cultura y su religión al mundo de entonces y por eso ahora se extiende por buena parte de África, casi toda Asia y una parte de Europa. Si el ataque del 11 de Septiembre tuvo motivaciones anti-imperialistas, ¿por qué fue ejecutado por una organización terrorista árabe, asentada entonces en Afganistán, antigua posesión imperial árabe? ¿Es que el imperio norteamericano era ‘malo’ y el imperio árabe del siglo VI era ‘bueno’ y debe retornar?

De manera que, por la historia de los organizadores y participantes en los atentados del 11 de Septiembre --incluso a la luz de los hombres honestos de la izquierda mundial anti-norteamericana-- podemos concluir que no hubo razones políticas, éticas ni morales que justificaran la carnicería de hombres, mujeres y niños en un ataque tan bárbaro contra civiles.

En cuanto a la disputa de Estados Unidos con la antigua Unión Soviética, nos hubiera gustado saber la opinión de los críticos de Norteamérica, analizando la variante de los comunistas soviéticos haber ganado la guerra fría. El mundo sería hoy una enorme cárcel-manicomio, como literato algo ha podido imaginar hasta el presente, incluyendo a George Orwell y su 1984.

Hay países en el mundo con potencial de competir con Estados Unidos, que observan con mirada crítica el proceder internacional del país más avanzado de su tiempo. China en Asia es un ejemplo, pero también ella misma es observada con temor por Japón, el que por su vez es visto con desconfianza por Corea del Sur. Brasil en América del Sur ha mantenido posiciones internacionales críticas hacia EUA. Sin embargo, Argentina mira con celos el proceder internacional de Brasil y Uruguay por su vez, mira con mucha desconfianza a Argentina.

La política “imperial”, que el resto del mundo le critica a EUA, los países asiáticos se lo critican a China, así como en Sudamérica se lo critican al Brasil. ¿Hay realmente un comportamiento “imperial” en Brasil o en China? Es posible que la defensa de los intereses de los países poderos sea visto como política imperial por aquellos competidores menos poderosos. Algo similar ocurrió históricamente con la destrucción de Cartago por Roma, en un episodio sobre el cual no se hace hoy una lectura ética ni moral, sino una lectura práctica, asociada al poderío de Roma. Se entiende que si Cartago hubiera podido, hubiera por su vez destruido a Roma.

¿Es válida la política de las grandes potencias de querer imponer sus puntos de vista en la arena internacional? La respuesta no debe ser un tratado de ética ni de moral. Si la Unión Soviética hubiera ganado la guerra fría, hubiera impuesto su sistema comunista en todo el mundo sin contemplaciones, como lo hizo con las “Repúblicas” que componían su “Unión”.

Por otro lado, la lectura de la gran potencia haciendo la voluntad de otros países está por escribirse en más de 5 mil años de civilización. Si los bárbaros ataques del 11 de Septiembre hubieran sellado el triunfo de Al Qaida sobre EUA al derribar las Torres Gemelas, hubieran impuesto su ley islámica y obligado a las mujeres norteamericanas a usar la burka. De todo esto los cubanos tenemos una experiencia providencial: cuando luchaba contra la dictadura de Batista, Fidel Castro hablaba de libertad y era el peor enemigo de las dictaduras. Una vez en el poder, se entronizó con “esa fuerza más” fusilando y sojuzgando al pueblo cubano como nunca.

El que suscribe es hijo de una Nación pequeña de territorio, con recursos naturales limitados y aunque posee un caudal de valores humanos grandes en su población, difícilmente en el futuro se verá ante la tarea de administrar el foco civilizatorio de las grandes potencias han capitalizado históricamente. De manera que, mi óptica objetiva sobre el proceder político natural de los países poderosos no procede de la constatación de ser parte de una Nación-imperio, sino del convencimiento de que la política internacional es un juego de poderes, donde todos se juntan para tratar de derribar al más fuerte --no para imponer la justicia-- sino para hacer lo mismo que históricamente han hecho los poderosos a lo largo de la historia.

No conozco por dentro los Estados Unidos, pero conozco suficientemente su política y la historia universal como para saber que, entre los que hasta ahora compiten por derrotarlo --dentro o fuera del mundo occidental-- ninguno reúne más méritos propios que EUA, con todas sus imperfecciones, para continuar liderando este complicado mundo en el que vivimos.

Artículos de este autor pueden ser consultados en http://www.cubalibredigital.com

 

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