El Sepulturero Cubano

Sección literaria del cubano José Luis Amieiro.

La pieza

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Cuando hice la carrera de medicina, alternaba los estudios básicos de la misma con la ayudantía de anatomía patológica. Una especialidad que me hubiera gustado hacer, pero que por circunstancias de la vida no pudo ser.Esta es una especialidad médica que las personas tienden a asociar con el estudio de los cadáveres, cuestión muy lejos de la verdad, pues también se toman muestras de tejidos vivos ( biopsias) para diagnosticar una enfermedad en vida y poder instaurar el tratamiento apropiado.

Recuerdo una anécdota muy interesante y divertida y voy a contárselas. Un poco a modo de distender, como siempre, el clima de nuestra página.

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Iris

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Iris es una joven pequeña y demacrada, estomatóloga en el policlínico de Lawton, a donde tenía que acudir cada jueves, a entregar planillas, papeles e informes de mis pacientes. Desde hacía cosa de tres años trabajaba allí y me resolvía un montón de problemas, siempre dispuesta para lo que me hiciera falta: un empaste, un turno para una limpieza bucal- para mi o para un familiar o amigo-; nunca recibí una negativa de su parte.

Mide un metro sesenta y rara vez pasa de los cuarenta y cinco kilos. Tiene la voz atiplada y acento oriental. Vive con su madre, su marido y tres hermanos, en un solar perdido entre otros, allá por la calle Delicias, entre Acierto y Villanueva, en el reparto Luyanó.

Iris es agnóstica, aunque nunca me lo expresó así, tan explícitamente, sólo decía: “Yo, yo no creo en ná, chico. Estoy demasiado escarmentá. Después de esto no hay ná.”

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El buen cirujano

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La Covadonga es un antiguo y enorme hospital. Tiene muchos pabellones, al estilo de hace cien años y muchos jardines entre ellos. Hace casi un siglo creo que estaban sembrados de hermosas flores, césped bien cuidadito y eso, pero ahora crece la hierba mala en ellos y nadie se ocupa de plantar flores. Eso si, tiran en ellos toda la mierda que hay en la calzada del Cerro. Al menos era así antes de marcharme de Cuba, hace unos cinco años. Quizás ahora estén peores.

Creo que se construyó allí para darles atención a los asturianos, o algo así. No estoy seguro. De lo que sí pueden tener seguridad es que está construido en un buen lugar. Mucho verdor, poca contaminación y aire fresco. Cada pabellón, los hay algunos enormes, lleva el nombre de un mártir o de un héroe. Nombres de muertos que la mayoría no conoce, pero que un día dejaron sus huesos por ahí.

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Domingo, y guardia de 24 horas en el policlínico

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En ocasiones, hablando con colegas españoles, les he comentado que en Cuba los médicos, además del mal salario que perciben, se ven obligados a realizar guardias sin cobrar nada a cambio. Un absurdo total. Cuando solicitas marcharte del país te dan mil vueltas porque según el gobierno revolucionario ellos tienen derechos sobre ti por haber realizado gratuitamente la carrera. Una gran mentira, una más. Y es que no miento, cualquier médico cubano es un fiel testigo de este insólito hecho. ¿Y si te niegas? Te expulsan del trabajo, te colocan la etiqueta de conflictivo y ya puedes imaginar lo que viene detrás. Pero hay algo más, en Cuba se pasa trabajo para trabajar. Parece una redundancia, pero no lo es. He aquí un nuevo relato, muy personal.

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Cuba es un número

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“Hay tres clases de mentiras: las mentiras, las malditas mentiras y las estadísticas”
Mark Twain

Conclusiones de tres estudios:

  1. Hay menos accidentes de tráfico a 170 Km./h.
  2. Las mujeres conducen mejor que los hombres.
  3. Los niños con los pies más grandes leen más rápido.

Lo que no contaron en los estudios:

En el primer caso es normal que haya menos coches que tengan accidentes yendo a 170 Km/h porque hay muchos menos coches que van a esa velocidad.

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El bistec

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Llevábamos casi un mes comiendo arroz y frijoles, todos los días. De vez en cuando conseguía un pedazo de yuca y lo poníamos en el plato, para acompañar el eterno menú.

Era una yuca malísima, había que darle candela, mucha candela, para que se ablandara, sino te quedaba dura como un palo de escoba. Y el problema es que cocinábamos con kerosén y también era tremenda jodienda conseguir el combustible para cocinar, por la libreta sólo daban cinco botellas para todo el mes, por persona.

Por todos lados eran problemas: la yuca dura, la falta de kerosén, el arroz que no alcanzaba, los frijoles que venían picados y a veces duros también. Ná, que para donde quieras que te viraras estaban al acecho las dificultades de un país socialista donde las necesidades de la población son cada vez más crecientes, pero que en la práctica crecían sin ser solubles.

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