El Sepulturero Cubano

La paja en el ojo ajeno

El espermiograma es una prueba que se indica al hombre, en el caso de que el médico tenga alguna sospecha de que su semen carece de capacidad reproductora, o para verificar que una intervención quirúrgica, tal como la vasectomía, ha sido practicada con eficacia. Someramente, estas son las dos principales indicaciones de un espermiograma.

Pero, ¿ cómo se obtiene esa muestra de semen? Fácil, el hombre mantiene una abstinencia sexual no inferior a tres días, entre otras cosas; y luego va un hospital, donde tienen habilitada una habitación, para que toda la calma del mundo se masturbe. Porque es importante estar en un ambiente agradable, confortable y con la estimulación visual correspondiente, para que el semen mane y fluya, ampliamente, sin represiones. Se han hecho estudios importantes al respecto, o sea, el carecer de un ambiente adecuado, el medio, y las tensiones, pueden provocar azoospermia ( ausencia de espermatozoides en el líquido seminal). Los estudios más serios fueron realizados por un investigador norteamericano, que detectó ausencia de estas células en los testículos de los condenados a muerte, uno o dos días antes.

Eso he leído. Desconozco cómo este hombre obtuvo esas muestras o si fueron los testículos analizados con posterioridad a la ejecución.

Un espermiograma en España, por ejemplo, no es problema.

El paciente llega al hospital en cuestión, se le entrega un frasco y se le hace pasar a una habitación confortablemente iluminada y acondicionada ( si es invierno, calefacción; si es verano, aire acondicionado), con una cama y un armario con decenas de películas eróticas y revistas del mismo estilo, a gusto del consumidor. A una distancia prudencial de la cama, un vídeo que reproducirá la peli que desee el tipo insertar.

A un lado de la habitación un baño con plato de ducha, surtido con papel higiénico ( dos, tres o cuatro rollos), toallas, gel de duchas y aromatizantes.

El paciente acude en su vehículo, seguramente un confortable coche, pero antes ha llamado a su empresa y ha comunicado que tuvo consulta con su médico. No tiene que dar más detalles. De su paja matinal sólo tendrán información: su esposa ( si él quiere), su enfermera y su médico. Nadie más.

La enfermera, solícita, le recibe en el salón de espera y lo lleva a la habitación en cuestión. El hombre, relajado, coloca toda su ropa en una percha y desnudo se arrellana en la cama, se relaja. Cerca tendrá una nevera con la bebida indispensable ( seguramente algo light) para relajarse, y también algo para picar. Antes de tumbarse ha colocado un vídeo donde aparece el destacado actor porno español Nacho Vidal, follándose con su verga de 25 centímetros a la actriz de turno, una rubia de senos turgentes que se deja penetrar por aquella masa gruesa compuesta de músculos, venas y sangre.

El hombre se pone a mil, como un tren, cuando la rubia se coloca de popa y el actor la penetra por el trasero. Oh, no puede más….Su semen brota como agua de una fuente ( el de él y el del actor), se ha montado en su mente la fantasía de que él es Nacho Vidal.

A pesar de estar atento a los chillidos de la rubia, ha cuidado de no derramar ni un poco de semen fuera del frasco que le han dado para recoger la muestra. Babeante, y con los ojos aún medio en blancos, toma los mandos de la tele y el vídeo y los apaga, luego se levanta. Ha sido un éxito, no se ha derramado una gota , todo está en el frasquito. Ahora el médico podrá determinar quien es el responsable de que no hayan tenido hijos en nueve años de matrimonio ( él o su mujer). Se levanta y se dirige al baño. Se mete en el plato de ducha y el agua tibia moja su cuerpo velludo. Con toda razón su esposa le llama “Osito de Peluche”

Lejos de allí, a miles de kilómetros, hay otro hombre que también debe realizarse un espermiograma porque su médico se lo ha indicado, también como parte de un estudio de infertilidad.

Se llama Randolfo López Armas, tiene 45 años y el policlínico que le corresponde para hacerse tan delicada prueba es el de la Víbora, bueno, uno de ellos. El que está cerca del cine Alameda, en la misma calle por donde sube la ruta 37 y que rinde viaje un poco más allá, dos cuadras más arriba. Randolfo vive por el café Colón, en un viejo vagón de ferrocarril, con su mujer, su madre, una tía y tres primos que han llegado de Guantánamo hace cosa de un mes. Aquello no aguanta más. Donde vive la familia es un vagón abandonado que él acondicionó, fijándolo a una porción de terreno a un lado de la arteria ferroviaria principal, inventando. Enterró las ruedas en la tierra.

Así han hecho muchas familias agobiadas por la falta de viviendas del municipio Diez de Octubre, aunque él está en un limbo legal con respecto al municipio en que vive porque de la línea para allá, hacia el oeste, es Arroyo Naranjo y hacia acá, hacia el este, es considerado Diez de Octubre. Es como vivir encaramado en el muro de Berlín. Pero eso es otra historia.

-Randolfo, ¿ para qué quieres tener ahora un hijo, en las condiciones en que vives?- le preguntó su médico de familia.

-Docto, por mi yo no tuviera ninguno, pero tengo 45 años y mi mujer tiene 25 y tengo miedo de que si ve que no le hago un chamaco, piense que no sirvo como hombre, ¿ usted me entiende?

El médico no entendía, o entendía a medias.

Le indicó a los dos un estudio de infertilidad completo, pero lo primero era saber si la mujer estaba ovalando o no, para ello le indicó por unos meses que se midiera la temperatura basal durante todo el mes. Eso es fácil, la mujer debe dormir con el termómetro al lado de su cama y cada día antes de levantarse, colocarse el termómetro en la boca, bajo la lengua y anotar la temperatura. Se confecciona luego una gráfica por parte del médico y el día en que hubo un ascenso de la temperatura, pues ahí ( teóricamente) ocurrió la ovulación.

Después de un período de observación de tres meses, el médico de familia llegó a la conclusión que el problema no parecía ser de Ofelia, la mujer de Randolfo, aunque aún faltaba por realizarle un estudio del moco cervical. Prueba también no muy compleja. Las hormonas provocan que la mucosidad del cuello uterino, si la mujer ovula, cristalice en forma de hoja de helecho.

EL DÍA DE RANDOLFO:

Tres días antes, Randolfo, siguió los consejos del médico. Nada de sexo. Abstinencia total. El día “D” la bicicleta amaneció ponchada. No es que fueran muchas las cuadras que tendría que caminar, pero cuando terminara de eyacular tendría que ir al trabajo. Bueno, qué se le iba a hacer. Decidió salir andando.

Llegó al policlínico pasadas las ocho de la mañana.

-¿Qué quiere?-le preguntó una mulata enorme, que estaba parada en la puerta fumándose un cigarro.

Randolfo le mostró la orden del médico. Un papel rectangular, color cartucho.

-Ah, para una paja. Sí, al final del pasillo central a la izquierda. Pida el último. Hay esperando otros quince.

Randolfo era un tipo blanco como la leche, pero estaba seguro de que su rostro había adquirido el tinte de una zanahoria.

Cuando llegó al lugar indicado se sentó en un banco de madera que cojeaba. Los hombres estaban como apenados, sólo uno por allá hacía alardes y se quejaba por la demora del que estaba adentro, tras una delgada puerta improvisada con cartón tabla. Se notaba que hacía poco la habían colocado allí para aislar ese sitio del resto del salón. Eso parecía.

- Coño, cómo se demora el social ese. Ya hace media hora que entró-confrontaba la hora en el reloj de pulsera- Caballero, eso es entrar y tirar, a la tonga.

Era un negro enorme con brazos que parecían columnas de granito. El que hacía el comentario. La cola fue avanzando, cuando le tocó el turno a Randolfo, una enfermera se le acercó y le ofreció, con desgana, un frasco de compota, sin tapa.

-Agarra papi, y procura que no se te bote ni un poquito.

Se alejó por el pasillo, riéndose.

La habitación parecía que había sido en su día, recientemente, un cuarto donde se guardaban los utensilios de limpieza: escobas, trapeadores, frazadas de pisos y cubos. Pues todavía quedaban muchos de ellos por allí, recostados a las paredes con un revoque amarillento y deslucido. Para sentarse tenía un pupitre de escuela, de esos con paleta delantera y que hacían de apoya brazos derecho. Allí se sentó, desanimado. Fuera, través de una ventana de persianas entreabiertas se oía el trasegar de enfermos, médicos y empleados. Sus conversaciones, tan distantes de cualquier cuestión que lo pudiera excitar.

Se bajó los pantalones, hasta las rodillas.

También oía al resto de los que esperaban.

-Vamos a ver cuando el comemierda ese termina de botarse su paja, porque yo vengo caliente de mi casa, pero con ese allá dentro demorándose tanto, me voy a enfriar.

Era una voz ronca y áspera.

“¿Cómo me la paro, coño?, pensó Randolfo”

Ni una revista, ni un periódico, ni una mujer que le enseñara una teta, nada. No contaba con nada. Trató de imaginarse a su mujer, pero no pudo. No le salía, estaba bloqueado.

-Papi, ¿ te falta mucho?

Era la voz de la enfermera que le entregó el pomo de compota. Detrás de la puerta.

-No, casi termino.

“Coño, si al menos esa cabrona entrara y me hiciera el favor, pensó”

Con esa nueva situación se excitó un poco y después de mucho bregar con el pellejo que tenía por verga, eyaculó un poco. No mucho. No llegó ni a dos centímetros cúbicos. Como no tenía con qué limpiarse y después de probar suerte con una pilita que había pegada al suelo y no obtener agua, decidió subirse los pantalones y lavarse un poco por la tarde, cuando llegara al vagón, digo a su casa. Después del trabajo.

Al mes, el médico de familia lo citó alarmado al consultorio.

- Randolfo, ¿ y esto qué es? ¿Qué tú comes, chico?-le preguntó el galeno, con cara de alarma.

-Yo sabía que no tenía problemas, lo que suelto es mamey-se engalló Randolfo, malinterpretando la pregunta del médico.

-¿Cómo que mamey? Compadre, siéntese, estos son los peores resultados que han pasado por mis manos desde que estudio medicina. A ti parece que te han hecho la vasectomía, sino conociera tu historial completo, lo pondría en tela de Juicio .Mira, oye esto:

Volumen espermático: un centímetro cúbico, licuado.

Acidez: máxima.

Lo otro no lo vas a entender y esto, lo último, lo más importante:Espermatozoides: tres por campo, uno sin cola y dos sin cabeza.

Movilidad. Cero.

Randolfo bajó la cabeza, aplastado.

-Docto, no podía salir de otra manera. Tomando agua con azúcar, montando bicicleta y viviendo ilegal en un vagón donde convivimos una familia entera en donde apenas cabe uno, yo le digo a usted que bastante bien salió. Mis espermatozoides están suicidándose, seguro. Además, docto, hacerse una paja en un cuarto donde guardan las escobas es del carajo.

El médico comprendió.

Santa Cruz de Tenerife, 19 de octubre del 2005. José Luís Amiéiro Rodríguez.

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