El Sepulturero Cubano

Dios no entiende de ideologías

La recuerdo perfectamente, su imagen está clavada en mi memoria. Sin mutaciones, como un flash. Se sentaba en uno de los últimos pupitres del aula en la fila de la derecha, junto a la ventana ancha, la que daba al patio de la escuela. Donde se celebraban los matutinos, como un ritual: izaban la bandera , cantábamos el himno nacional y luego un resumen del Granma. Viento en popa y a toda vela, así marchaba todo. Y nos lo creíamos. La edad de la inocencia, o de la ignorancia. Nunca se sabe. A veces ambas se conjugan.

Era suave, pálida, lánguida; de cabello muy corto y negro, lo que resaltaba más el óvalo de su rostro. El daguerrotipo de mi mente evoca otra imagen, la del alumno que sentaron justo detrás de ella, en el otro pupitre: un muchacho gordo, amplio. De cara fofa y mirada inquietante.

Era un tipo calculador, militante de la UJC (Unión de Jóvenes Comunistas). Trepaba, los peldaños para alcanzar la cima éramos nosotros, le daba igual quien fuera. Quería coronar las cumbres revolucionarias y sembrar en ellas las banderas prestadas, defenestrándonos.

Él, Andrés. Ella, María. Polos opuestos. Uno tras el otro.

Cursábamos el primer año del preuniversitario. Y el instituto era una edificación monstruosa, aún más que el nombre que llevaba : “La 14 estación”, aunque oficialmente un jerifalte en tiempos pretéritos le había dado el nombre de un muerto, uno de tantos, un mártir. De esos, sin animosidad personal, que casi todos utilizan, malgastan, erigen u olvidan, pero rara vez son comprendidos. La frase me suena hecha, sí la he escuchado o leído en alguna parte, pero no sé dónde. Quizás en algo de Camus.

María era católica. No sé si apostólica y romana, pero afirmaba su fe en un ser supremo. Le daba fuerzas. Hablamos muchas veces sobre ello. Escondía en los pliegues de la saya del uniforme una pequeña cruz. De plata, Cristo crucificado.

Una que decía ser su amiga dio el chivatazo a la UJC del centro de que teníamos una hereje en el aula. Perdón, quise decir, una creyente.

Le cayeron arriba, todos: UJC, la Jefa del Grupo y demás contribuyentes del gobierno revolucionario. Dicho a la cubana, le hicieron la vida un yogurt a la chiquita. Se pusieron de a lleno para ella. Pero eh, ¡cuidadito!, a María no había por donde cogerla: buena estudiante, reservada y de escasos amigos. Se dieron cuenta que el trabajo ideológico les iba a costar Dios y ayuda y he aquí que la frase hecha me cae del cielo porque se ajusta a la crónica. Lo único que podían sacarle en cara es que era una apática, que no participaba en las actividades políticas y que carecía de espíritu crítico, aunque sí era autocrítica, ¿ contradicciones? Ná, ¡qué va! Ninguna, no era ninguna contradicción y todos lo sabían. El problema fundamental: era de esas personas que se echan tierra encima, pero son incapaces de señalar una falta ajena, eso lo dejaba en manos de Dios. Y ahí existía tremendo problema ideológico. Tenía que ser combativa, criticar a los demás , constructivamente, entiéndase — sacarle los trapitos sucios a los compañeros de clase— ; y por supuesto, dejar a Dios a un lado, ese ser al cual no habíamos visto nunca y ocuparse más del presente continuado , las tareas revolucionarias, que serían suficientes para allanar el camino de la victoria y rubricar el futuro de la patria.

El gordo Andrés, me lo contó él en una borrachera hace un montón de años en una “fiesta de quince” allá por el reparto Poey, recibió la honrosa misión de captar a la compañerita María, llevarla la oveja la redil. Y como yo estaba tan curda como él no me corté y le contesté: “Sí, sácala del redil de los católicos y llévate para de los comunistas. Cámbiale el dios,¡total! Secta por secta da igual. Todas terminan chupándote el cerebro.

Y menos mal que al otro día no recordó nuestra conversación, sino me expulsan del redil. Del suyo, del que los cúmbilas de él administraban y dirigían, aunque nunca ostenté ningún cargo. Era un simple alumno y no por nada en especial, y aunque no tenía muy claro mi futuro si me daba cuenta que lo mío era fuera de la UJC y sus ramajes.

Con su mirada inquietante, sus pasos de plantígrado y su fofo cuerpo se acercó como ideológico del Comité de Base número 5 a María, primero pidiéndole prestadas las libretas para completar sus estudios individuales. Aduciendo el pretexto de que no se le daban bien las matemáticas o el español. Cosa muy cierta, no tuvo que esforzarse. Era el peor del grupo, pero la mayoría le tenía un miedo del carajo a aquella boca pequeña donde apenas cabía su lengua negruzca y de donde habían salido los más sonados chivatazos del preuniversitario. Por un carguito en la UJC o en el Pre echaba pa`lante hasta su madre. Otra frase hecha, quizás.

Ella nunca le negó nada, María. Se sabía vigilada, un día me lo confesó. No les temía. No estaba sola, Dios con ella. El crucifijo lo cambió de lugar, dentro de la media, en la planta del pie. A veces cojeaba, imperceptiblemente. Había que fijarse mucho. Vivía con su abuela en un cuarto mínimo en lo más profundo de un viejo solar. Más de una vez repasamos juntos lo aprendido en clase. Cuando llegaba Andrés, me marchaba.

— ¡Hay que captarla! No se puede malograr, sí es buena en los estudios, tiene que serlo también en lo ideológico— me dijo eufórico un día el gordo.

— Está bien, cáptala— respondí. Me mordí la lengua. De ahí no podía pasar. Pero pensé: “ Sí puedes, lo cual dudo mucho, idiota”

A mediados de mayo el proceso de captación, o al menos de descatolización de María avanzaba muy lentamente. Desde septiembre, principios de curso, estaban con esa comedera de catibía. El gordo ya no era tan gordo, ni me pareció tan feo, ni su mirada tan inquietante. María seguía siendo la misma: comedida, resuelta, aplicada … Y para sorpresa de todos Andrés mejoró su índice académico, se volvió más tolerante, menos crítico con los otros, dejó de asistir a algunos trabajos voluntarios asignados, a reuniones programadas y dieron el chivatazo en el Comité de Base de que el gordo, no ya tan gordo, como dije anteriormente, se había enamorado de María.

Y sorprendí este trozo de conversación en medio del patio del instituto. Pablo, el comecandela de tercer año, retaba al infiltrado:

— ¿Qué pasa, Andrés? ¿Te ablandaste? Esa virgencita te cogió pa sus cosas, ¿ no?

Por primera vez en la vida vi a un hombre crecerse ante las dificultades. Otra frase hecha.

— No, mi ambia, es que desde que conocí a Dios soy más feliz. Cuando mi padre se enfermó María fue la única que me tiró un cabo, cuando por poco suspendo el primer semestre ninguno de ustedes me echó una mano, se batió conmigo sabroso y calladita, sin pedirme nada a cambio— la cara no ya tan ancha se iba tornando más roja a medida que hablaba— , y …

El otro lo interrumpió. Yo estaba oculto tras unos tanques de agua de fibrocemento, a unos pasos de ellos.

— No sigas, estas “gusanitas” siempre actúan igual … Terminan cogiéndote pa`sus cosas. Yo tenía que imaginarme esto. Una labor ideológica es una cosa de hombres …

El otro no se inmutó, o aparentó no hacerlo:

— Esa chiquita vale lo que ninguno de ustedes. Toda la UJC cambiada por mierda da pérdida.

Pablo se violentó y proyectó un puñetazo directo a la mandíbula de Andrés. El otro se apartó a tiempo, dejó pasar el brazo que detuvo en el aire, congelándolo:

— No voy a golpearte, pero no vuelvas hacerlo. Si quiero puedo partirte el brazo. No voy a hacerlo. Violencia engendra violencia.

Soltó al agresor, se inclinó hacia delante y extrajo del interior de un zapato, del derecho, un crucifijo tan diminuto como el de María.

— Si quieres puedes ir tramitándome la baja de la UJC, del Pre; pero éste va conmigo a todas partes y desde mañana me lo cuelgo en el cuello, con un cordel, o una soga. Pero lo van a ver. ¡Qué me importa! No estoy solo. Dios está conmigo, con ella … y contigo también. ¡Por qué no! Dios no entiende de ideologías. Es solo amor. Te falta mucho para entenderlo, no pongas esa cara de verraco …

Estampó un sonoro beso a la cruz, se marchó. El otro quedó en medio del patio y atisbaba las ventanas de las aulas para comprobar si alguien le observaba.

Autor: José Luís Amiéiro Rodríguez. 16 de noviembre del 2006.

0
0
0
s2sdefault

Escribir un comentario

NOTA IMPORTANTE SOBRE EL USO DE LOS COMENTARIOS:
Por favor, recuerde que los comentarios son comentarios no un consultorio, es decir, si usted tiene algún tipo de consulta que realizar, hágalo en nuestros foros, (http://www.conexioncubana.net/foro) allí siempre hay personas dispuestas a ayudar.
Gracias.


Código de seguridad
Refescar