El Sepulturero Cubano

Especulador

Conocí a un negro en Tenerife que todos los domingos iba al mercadillo de África a comprar joyas de fantasía: cadenas gordas y deslumbrantes, pulseras, relojes, etc. Todo por cinco o seis euros cada prenda.

¡Todos los domingos!

Y no sólo eran joyas falsas, sino gafas de sol, camisas de poliéster multicolores, anchas, batientes. Llenaba bolsas y bolsas con aquella mercancía.

Un día me le acerqué, me presenté, y le dije que debía tener una familia muy grande ( aún no sabía que era cubano), o que vendería todo eso después un poco más caro. Entonces supe que era cubano que hacía chapuzas por ahí de vez en cuando y que estaba casado con una canaria, ah, y que lo que compraba no era para negociar, sino para llevárselo a Cuba. Una parte era para la familia y la otra la llevaba puesta encima: “¡Pa especular!” Fueron sus palabras, textuales. Y que me envíe Dios un rayo y que carbonice a mi familia si miento.

“¿Especular?”

“ Claro, asere, yo llego vestido sabroso, bacán, al barrio, con la MasterCard de la jeva en el bolsillo y los socios me reciben con los brazos abiertos. Llevo seis mil euros para gastármelos en 15 días. La cosa es dar “reborde” de maceta. ¿Ves este sortijón que llevo en la mano derecha? Pues me tomo el lagarto con la luz del sol metiendo sus rayos sobre él, los socios piensan que es magia. Me siento por unos días como un rey. Yo en el barrio siempre fui un “estrallaó”. Un negrito que jugaba a la pelota sin camisa y descalzo, mis padres estaban en la tea. Cuando me casé con la española que me lleva un chorro de años, me dije a mi mismo que nunca más sería un pinga. ¡Que iba a triunfar!”

“¿Y triunfaste a tu manera, no?”

“Más o menos, asere. En la vida no se puede tener todo. Yo soy negro, feo y viejo. Tengo casi sesenta años. Cuando llego a Cuba con todas estas gangarrias y alquilo un carro, las jevas se vuelven locas. En una semana tiemplo más que aquí en un año”

“Echo leche al compás de los sonidos de las cadenas. Suenan como cascabeles, jajajjajjajajjaja”

“Ninguna jeva me a preguntar si las joyas son buenas o no. Ninguna es hija de un joyero, ni las va a morder o no. Ni les van a echar ácido para saber si son de oro. La vista es lo que hace todo. La presencia, ¿copiaste? En cien años todos seremos calvos. No importará si yo hacía esto o lo otro para vacilar. Lo que importa es lo que me llevo a la tumba. Me metí una pila de años oyendo discursos, ahora soy yo quien da los discursos y con música. ¡Mira como suena esta cadena con la Santa Bárbara que tengo en el cuello! ¡Oye eso! ¡Parece oro de 22 kilates! ¿Sabes por cuánto la compré el domingo pasado? ¿No? Por diez euros. Fantasía de la buena, llevo una semana bañándome con ella y no se destiñe. Sabrosura”

“Y la potencia sexual la tengo asegurada con la viagra. Llevo en cada viaje un botiquín por la mitad, para mis gastos. Una o dos diarias y cabilla, bebidas, comelatas, vacilones,…jajajajjajaja”

“Un chama del barrio me dijo en el último viaje que cuando fuera grande quería ser como yo. Y le contesté: “No te preocupes, dentro de diez o veinte años, todos serán como yo”

“ Y más locos se vuelven cuando les llevo fotos de mi casa y del carro. ¡Locura en Alcatraz! La vieja del comité siempre me dice que cuando regreso a España, a la semana se van diez o quince del reparto en una balsa. Tengo lo que dicen aquí: “Efecto llamada”

El negro ríe y ríe. Tiene toda la razón del mundo con aquello de que vista hace fe y que dentro de diez o veinte años todos serán iguales a él. Quizás una minoría se mantenga al margen, por mojigatería, por honradez, por … No sé bien. El mundo entero marcha por la misma senda, sólo que unos muestran joyas falsas y otros las verdaderas, al final resulta lo mismo. De lejos se parecen mucho.

*Y la crónica no es una crítica a los especuladores.En todas las épocas los emigrantes regresaban a casa cargados de baratijas y cuentos de mentiritas, de fotos y regalos, pero lo de Cuba es diferente, porque el que se queda no puede salir y comprobar si lo que dice el otro es cierto o no. Entonces se arriesgan en balsas o juegan con los sentimientos ajenos de una persona que los saca del diabólico juego de la Isla. ¿Y es que en este mundo todo vale?

Pero la sociedad presiona al individuo, tanto tienes, tanto vales. Como decía Sartre, el infierno son los otros. Un adolescente tímido e introvertido en un colectivo al cual pertenece lo incita a beber, a fumar, a drogarse … Sino lo hace es expulsado del círculo. Con los adultos sucede otro tanto, si no estás a la altura de los otros, te juzgan como un tonto, un mojigato, un flojo … Y un día cualquiera, cualquiera de nosotros puede convertirse en un especulador. No sólo los adolescentes y los niños son proclives a repetir y a seguir los dictados del rebaño, también los adultos. Sólo que los medios son más sutiles. El resultado el mismo. ¡Tener a toda costa!¡Y que los demás sepan que tienes! ¡Restriégales tus viajes de vacaciones, la marca de zapatos que usas, la mujer que llevas a tu lado, el último coche que te compraste!

Y el negro se ríe, aún ríe: “Asere, no cojas lucha, Tin tiene, Tin vale”

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