El Sepulturero Cubano

Sección literaria del cubano José Luis Amieiro.

Cómo se sostienen los dictadores

Un dictador no puede ejercer su poder sino cuenta con el apoyo de fieles colaboradores y, a menudo, de buena parte de la sociedad. El leit motiv para que ciudadanos aparentemente corrientes, y bondadosos, se presten a colaborar con la maldad pueden ser tan dispares como el miedo, el oportunismo o la sumisión al poder.

Y la reflexión anterior surge leyendo las declaraciones de Benedicto XVI, quien afirmó en su reciente visita al campo de exterminio de Auschwitz que el pueblo alemán había sido usado como instrumento del nazismo.

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Hombre precavido vale por dos

En Cuba hay que ser muy precavido. Me lo enseñó mi padre: “Cualquier precaución que tomes es poca”. Era su frase favorita. Y no le faltaba razón. Cuando salíamos a la calle a resolver, a la luchita, se armaba como Rambo. No es que llevara armas de fuego, ni nada de eso, es que antes de salir se echaba tantas cosas en los bolsillos de la camisa y del pantalón, que parecía un cazador en un safari por África. O un superviviente.

En el bolsillo superior izquierdo de la camisa, la libreta de abastecimiento más manoseada que la Biblia del cura del pueblo, que había muerto hacía unos años. Una apoplejía.

Junto a la libreta colocaba una crucecita de madera hecha con ramitas secas de “Abrecaminos”, según consejo elemental y reiterativo de la espiritista del pueblo, Cristina.

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¿Somos o nos hacen?

No voy a filosofar. Para qué. Basta con tener ojo avizor, observar, escuchar, callar y tener sentido común.

Soy cubano y no me apena confesarme, no ante Dios, sino ante ustedes. Es mi opinión, por supuesto. Cualquiera puede tener otra, seguro estoy de ello.

¿Los cubanos somos o nos hacen internacionalistas?

Lo tengo claro, clarísimo: nos hacen. ¿Excepciones? Puede haberlas, no lo pongo en duda. Tampoco ello restará fuerza a mi opinión, sólo por un aspecto, aunque suene a frase manida: la excepción confirma la regla.

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Un hombre de palabra

Ya sé que te han llevado para esa oficinita de ahí enfrente. Me lo acaba de informar la rubia alta con uniforme de policía.¡Está muy buena esa rubia! Cuando me ha dejado sentado en este banco de madera, eché una buena ojeada a su culo . Lo cadencioso del movimiento de sus caderas. Lástima que sea militar, que trabaje en la aduana de este aeropuerto y que hoy yo me largue de este país.

Trabajo me costó obtener el permiso de salida. Puro chiripazo, pues todos los años participaba en el sorteo de la embajada americana Menos mal que soy un tipo perseverante, sino hace mucho que hubiera desistido de irme de Cuba y de sacarte a ti conmigo. Eres mi socio, mi amigo del alma y ni pensar en dejarte atrás.

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El doctor Campos se fue

Un auto negro, feo y quejumbroso se llevó a Campos, al doctor Campos, hace muy poco, hasta su última morada. El miércoles 13 de septiembre de este año. Creo que murió el martes 12 por la tarde. Me enteré a través de una escueta nota publicada en la prensa independiente, desconozco si la prensa oficial en Cuba le prestó alguna importancia al asunto. De cierto modo era un don nadie que se murió de dengue.

Sí, de dengue. No murió del infarto que sufrió a finales de 1999, en el mes de diciembre. Sin embargo el dengue lo mató, las plaquetas descendieron a un punto crítico y una hemorragia lo arrastró como una turbulencia hacia el otro lado.

Conocí a Campos, personalmente.

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Iluminado, ¿en Cuba?

“No podemos estar enojados mucho tiempo con alguien que nos hace reír”
Jay Leno.

Cuba, década del noventa, quizás primer lustro: una verdadera explosión de religiones. Crisis. Los cubanos, todos, en medio de la debacle cotidiana, se agarraban a un clavo ardiendo. Para no sucumbir. Las personas se hacían Testigo de Jehová, santeros, o teósofos. Lo que fuera. Demasiada miseria material y espiritual. Veían venir el Apocalipsis, el total, el acabóse; porque el Apocalipsis local ya lo estaban viviendo.

Ingenieros, médicos, maestros, físicos, agrónomos, todos con buen nivel, y de improviso se vieron en la calle y sin llavín: cesantes, virtualmente desempleados, pues ganaban menos que un intocable en la India. Un monje mendicante sacaba más en un día, en plena ciudad de Bombay, que un médico en Cuba.

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Dios no entiende de ideologías

La recuerdo perfectamente, su imagen está clavada en mi memoria. Sin mutaciones, como un flash. Se sentaba en uno de los últimos pupitres del aula en la fila de la derecha, junto a la ventana ancha, la que daba al patio de la escuela. Donde se celebraban los matutinos, como un ritual: izaban la bandera , cantábamos el himno nacional y luego un resumen del Granma. Viento en popa y a toda vela, así marchaba todo. Y nos lo creíamos. La edad de la inocencia, o de la ignorancia. Nunca se sabe. A veces ambas se conjugan.

Era suave, pálida, lánguida; de cabello muy corto y negro, lo que resaltaba más el óvalo de su rostro. El daguerrotipo de mi mente evoca otra imagen, la del alumno que sentaron justo detrás de ella, en el otro pupitre: un muchacho gordo, amplio. De cara fofa y mirada inquietante.

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Pamela Anderson se va al Caribe

Cuco llegó a España a principios de los años noventa. Tuvo aquí unas cuantas aventuras amorosas muy decepcionantes. Nunca me contó si las mujeres se alejaban de él por su culpa o por la de ellas. Ni yo tampoco insistí para que me dijese nada al respecto.

Lo conocí un día en el Centro Médico donde hacía sustituciones.

La primera vez, cuando nos conocimos, intercambiamos el saludo de rigor entre médico y paciente y dos o tres palabras, supo por mi acento que era cubano al igual que él. La mirada se le encendió. Se puso contentísimo. Vino por un dolor de cabeza, pero después de dos o tres revisiones más y unos análisis llegué a la conclusión que todo era de los nervios. Pues no sólo era el dolor de cabeza, como me confesó después, con más confianza. Tenía muchísimo stress. Más que en Cuba , según él. ¿Cómo podía ser eso? Un hombre que tenía un buen salario, vivía solo y que tenía sus hijos ( todos adultos) y nietos en Cuba.

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La paja en el ojo ajeno

El espermiograma es una prueba que se indica al hombre, en el caso de que el médico tenga alguna sospecha de que su semen carece de capacidad reproductora, o para verificar que una intervención quirúrgica, tal como la vasectomía, ha sido practicada con eficacia. Someramente, estas son las dos principales indicaciones de un espermiograma.

Pero, ¿ cómo se obtiene esa muestra de semen? Fácil, el hombre mantiene una abstinencia sexual no inferior a tres días, entre otras cosas; y luego va un hospital, donde tienen habilitada una habitación, para que toda la calma del mundo se masturbe. Porque es importante estar en un ambiente agradable, confortable y con la estimulación visual correspondiente, para que el semen mane y fluya, ampliamente, sin represiones. Se han hecho estudios importantes al respecto, o sea, el carecer de un ambiente adecuado, el medio, y las tensiones, pueden provocar azoospermia ( ausencia de espermatozoides en el líquido seminal). Los estudios más serios fueron realizados por un investigador norteamericano, que detectó ausencia de estas células en los testículos de los condenados a muerte, uno o dos días antes.

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Sin dinero para un helado

Vagaba por la Calzada de Diez de Octubre, mataba el tiempo. Me acompañaba mi hijo, el varón, que en aquella época tendría unos cinco años, y poco más.

Pasamos frente al Photo Service, el que está cerca de la Plaza Roja, en la misma calzada.

— ¡Papá, papá, cómprame un helado!

Lo miré y palpé con ambas manos los bolsillos de mi pantalón. Dos pesos cubanos tintinearon. Aquello no me alcanzaba para un helado.

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Especulador

Conocí a un negro en Tenerife que todos los domingos iba al mercadillo de África a comprar joyas de fantasía: cadenas gordas y deslumbrantes, pulseras, relojes, etc. Todo por cinco o seis euros cada prenda.

¡Todos los domingos!

Y no sólo eran joyas falsas, sino gafas de sol, camisas de poliéster multicolores, anchas, batientes. Llenaba bolsas y bolsas con aquella mercancía.

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