Varios autores de poesía

Blanco

Canto a Obatalá, la Virgen de las Mercedes o el Santísimo.
24 de septiembre,
Libra, Arcano 4

I

Hay el agua de la fuente cuya gárgola es el cielo,
un arroyo bajo la lámpara del alba,
finas hebras de lluvia oscilando en la cintura del campo,
la madrépora en flor de la ipomea,
y todo llega con lentitud de coralillo albicante
y rutilar de patena de la Virgen
donde caen las estrellas cual fragmentos cristalinos
de un frasco milenario que se rompió en el firmamento.
Hoy el día es así, en sus dos tajadas de claridad,
parecido a los aguinaldos blancos
y al ruego de las varitas de San José.

II

Huele a rocío,
viene oculto en la diafanidad del granizo,
con sustancia de moneda antigua
y resplandor del óvalo bendito de la medalla,
resonando un triángulo de platino.
La luna no se retira del aire,
corre fresca entre las nubes de la mañana,
niña ingenua que marcha hacia la escuela.
Así es la felicidad,
la cabeza del galán de día,
el nácar de un botón de rosa colgando de la camisa del viento
y una sonrisa donde los dientes abren
sus refulgencias de yerba de plata.
Pelúcido, el tiempo derrama sus jugos
de piña pelada.

III

Hay una cera luminosa
con fragancia de mejorana en el bolsillo.
Hay plumas de paloma bailando,
Guineas de lino, cabras de nieve,
un paño puro,
una piedra sin mancha en lo impecable.
En el augur tablero de la creación
la pulcritud del día tiene su casa.
A las doce resuena una campana
de la cándida vicaria
y se siente el rumor de un mosquitero blanco
que no se atreve a rozar el suelo.
Este jueves es radiante,
tiene la tersura de un caracol de leche,
es un ocho caucásico,
un 16 escrito en el globo rojo,
un 24 de luz solar no descompuesta,
una carne de ñame en la religión de la loma.

IV

Este día es el capoc
que envuelve la semilla de la ceiba,
el alma de una almohada criolla,
la jagua blanca.
Es un omiero
de almendra y guanábana.
Una reina buena moza
que aplaca la ira por su estampa de lirio,
construye un castillo de carámbanos
y salva la vida con un grito
apoyando sus plantas en el majá de la espuma.

V

Este día se acerca con rumor de piñón amoroso,
curado del cansancio por la acacia,
lustralmente bañado en acebo de sierra,
con salud de agapanto y apertura de achiote,
dueño de la achicoria.
Huyéndole a la turbonada
se guarece en mi refugio enjalbegado.
Es un Santísimo con patillas de vellón
que baja en la purificación de una albahaca anisada,
envuelto en su casulla papal de mármol,
sonando sus manillas de plata,
lanzando sus juglares huevos de marfil,
enviando sus mensajeras lagartijas de níquel.
Enroscada serpiente de albayalde,
su mano argentina por el cetro;
sus cachetes empolvados de cascarilla,
su escalera de espadas relucientes,
sus collares de cuentas de pan vidriado,
sus babosas de nata
y los labios brillantes de manteca de cacao.
Sale de la sopera de loza inmaculada
para clavar sus banderas de jazmín en lo alto,
con su paz de satín al aire,
espantando a la guerra.

VI

Lo más verde de este día son las plumas del loro.
Casi todo lo demás es del color de los huesos
y el oxido de zinc de la misericordia.
Por eso la bola del mundo salió corno una perla de sus manos,
bailando por el espacio reposada y dulce,
una cola de buey
empuñada por el mango con cuentas de diamante.
Y este día es así, de arroz y camelia,
de majarete tierno,
tiene una torre de merengue con ventanas
de grajeas plateadas,
un brindis de champola,
una calabaza de lúnula
y la cascada del refresco de anón
bajando la montaña de azúcar fina.
Su vajilla es de leche glaseada,
todas sus vasijas vienen de la Vía Láctea.
Este es un día en traje de dril cien
que saca la muerte de su rendija,
la tapa con su jícara de madreperla,
la espanta con manteca de corojo,
sacude su sábana de almidón y esperma,
la echa encima colombas de alabastro,
la distrae con un mono albino
y le hace orejas de algodón,
hasta que se marcha.

VII

Es un día calizo, de yeso, de almendrillo,
que muerde bombones de altea,
sacude la calumnia con bayate
y luce un sombrero de peregún.
Coloca la testa del ángel
entre dos platos de lana esmaltada
y le prende dos velas lacticíneas.
Oficia la boda de la viuda con el galán de noche,
regala peras y chirimoyas
y se amarra una pañueleta de flor de mayo
para que el sol no le caliente la coronilla.
Sabe el misterio turbador del estefanote
y desenreda la suerte con extraña rosa.
Este día lavandero de ojos
como el canutillo blanco.
Este día que me zambulle
en el agua del coco.
Y me trae infusiones de jícama,
muelas de leche de maboa,
saltarinas rositas de maíz.
Se ciñe hojas de higuereta en la frente,
se riega como el incienso,
todo lo rejuvenece con jazmín de la tierra.
Vive en el piso alto de la güira
y de su palacio vegetal desciende
para ir repartiendo malva blanca
y trayéndonos niños envueltos en zurrón
con una cruz en el cielo de la boca.

VIII

Este zahorí se lleva sus ocho pelotas de yame,
lava sus reliquias con ofón,
le da el palo de guitarra a la música,
prepara la chicha con cáscaras de piña.
Este día está debajo de mi sueño
con un gajo de tamarindo.
Vino lleno de tréboles,
en la reliquia de túa túa.
Ahí está, alejando a los enemigos
metido en la tuna silvestre espinosa
detrás de la puerta.
Y hará de centinela en el envés de la yagruma
este apegado al amor en la yedra.
Mi sangre no sale porque él pone su cruz de yerba lechosa
sobre mi herida.
Este día de cristal de roca
me dice que se llama Obatalá.
Lo voy a envolver como a dinero puro
en hojas de malanga,
voy a cubrirlo con una tela nívea
y a esconderlo bajo el pilón.
No vaya a ser que le tiznen
sus milagros de copra.

(Tomado del libro, La fronda y el mar)

Pura del prado

[Santiago de Cuba, 8 de diciembre de 1931 – Miami, 16 de octubre de 1996]

UNA POETA CON SUEÑO MAMBÍ

Por Nydia Sarabia

La poeta y escritora santiaguera Pura del Prado Armand perteneció a una generación que se relacionó con muchos

de los protagonistas de la Revolución cubana. Se autoexilió en México entre 1957 y 1958, y colaboró con el Movimiento 26 de Julio. Pura fue integrante del Club Literario La Avellaneda, fundado por un grupo de jóvenes que amaban la literatura y la vida y obra de José Martí, y del cual posteriormente fue su presidenta. Después formó parte del Círculo Artístico y Literario Heredia. Comenzó a escribir en la sección infantil “La Edad de Oro”, de la revista Carteles, dirigida por Dulce María Bryon “La Madrecita”. En esa revista aparecen sus pequeños trabajos en prosa. También colaboró en la revista La Quincena, que dirigía el padre Ignacio Biaín, así como en periódicos de habla hispana en Los Ángeles, California, en Réplica y otros. Fue una gran versificadora, dominaba la técnica de la honda poesía.
Escogió el camino de la décima y la rima sonantada. También empleó los versos libres. Se influenció por la lectura de Martí, Lorca, Guillén, así como por la de otros poetas de esa generación en Cuba y los clásicos hispanos.

La obra literaria de Pura del Prado está aún muy dispersa, aunque se sabe que publicó en Cuba y España. Se estima que su creación más importante es Color de orisha, cuya primera edición estuvo a cargo de la Editorial Campos, de Barcelona, en 1972.

Pura me contaba un pasaje de su vida con gran alegría. Cuando en 1953 se celebró el Centenario del natalicio de José Martí, el régimen dictatorial de Batista se vio obligado a convocar a intelectuales de América Latina y el mundo a un congreso martiano. Fue así que Gabriela Mistral, apasionada estudiosa de Martí, vino a La Habana como invitada especial. No podía faltar a esta magna cita la andina universal, la chilena que tomó como suyo el ideal y la lírica del gran intelectual y liberador cubano. En cuanto Pura se enteró de que la Mistral había llegado a La Habana y se hospedaba en la residencia de otra gran poeta, Dulce María Loynaz, se presentó allí para conocerla y darle sus respetos. Los sirvientes no le permitieron entrar. Entonces, tomó de los canteros al pie de la acera unas flores silvestres con las cuales hizo un pequeño ramo y se las arregló para saltar una verja de hierro. Así pudo burlar la vigilancia de los empleados domésticos. Al ser descubierta, se formó tal algarabía, que aparecieron en escena Dulce María y Gabriela, y preguntaron qué sucedía. Les respondieron que se trataba de una testaruda e intrusa joven. Gabriela recibió el modesto ramo de flores y lo estrechó contra su corazón al tiempo que abrazaba a la joven. El 16 de octubre de 1996, como consecuencia de un infarto, Pura falleció en Miami, Florida. Su vuelta a la tierra que la vio nacer, tal como pidiera a sus hijos, resultó un tanto sorpresiva. Llegó para descansar en su querido Santiago de Cuba, ciudad a la que le cantó en apasionados y cálidos versos, después de una ausencia de la patria de más de treinta años. Su sepelio se realizó el 22 de noviembre y las palabras de despedida estuvieron a cargo de su amigo y compañero de estudios, el profesor de la Universidad de Oriente, Guillermo Orozco Sierra. Hoy sus restos reposan en el Panteón del Arzobispado de Santiago de Cuba, en el Cementerio de Santa Ifigenia, lugar donde también se encuentran los del general de la Guerra de los Diez Años, Silverio del Prado Pacheco, su bisabuelo y amigo de José Martí, y sus entrañables camaradas de estudio Frank País y Pepito Tey. Ella puso término a tantos años sin ver las palmas, las montañas serranas, los tomeguines y su…“Cuba tan alta como un sueño de mambí”.

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