Varios autores de poesía

A mi madre

Madre mía; tu fuiste desgraciada;
en tu pálida sien de blanco lirio,
dulce emblema de amor, jamás ornada,
aún se mira la huella ensangrentada
que imprimió la corona del martirio.

Tú que el pan de los pobres conseguiste
mojado en tu sudor y amargo llanto,
en el mísero hogar donde naciste,
nunca, madre, infeliz, nunca pudiste
alzar de paz y de ventura un canto.

Eras hermosa, como dicen que era
en el lugar de Nazaret, María,
y tu fresca y lozana primavera
cubrió de soledad una ribera
bajo su niebla silenciosa y fría.

Has sido aborrecida y calumniada
por los que vieron mejorar tu suerte,
y tú, dulce, paciente y resignada,
ni contra el débil te volviste airada
ni tu voz levantaste contra el fuerte.

Ya por fin, tu cabeza atormentada
refrescaba la nieve del invierno,
y al descansar la angelical mirada
en tu familia próvida y honrada
latió feliz tu corazón materno.

Mas, no bastaba aún si en otras veces
el cáliz del dolor habías probado
sin que nunca el destino maldijeses;
aún faltaba apurarlo hasta las heces
para arrojarlo al fin despedazado.

¿En donde están tus hijos? ¿A qué puerto
han llevado su mísera barquilla?
Unos viven, tal vez, otros han muerto;
el hogar de mi padre está desierto,
y una lágrima eterna es tu mejilla

Pues bien, mansa mujer, tú a quién impía
estrechó la desgracia entre sus brazos
sin jamás blasfemar en tu agonía,
ven y dame un consuelo, madre mía,
yo tengo el corazón hecho pedazos.

La historia que llorando referiste
a la luz del hogar, y a la memoria
de tus hijos, confiar solo quisiste
temerosa del mundo, no es tan triste
como un solo episodio de mi historia

Yo que sólo del mundo a la grandeza
mi parte de aire y luz he reclamado,
un lugar medio oculto en mi maleza,
un árbol donde apoye mi cabeza
y un pedazo de cielo sonrosado.

¡Ay!, todo lo perdí, no tengo nada;
cenizas por doquier de lo que ha sido
sólo encuentra mi vista fatigada;
la llama de mi pecho derramada
todo en redor de mí lo ha consumido.

Ven y estréchame más, tu blando seno
me da valor para sufrir mi suerte;
yo quisiera dormir! Si el ronco trueno
sigue bramando de furores lleno,
pídele al cielo que jamás despierte.

San Cristóbal, 1868

Ursula Céspedes Orellano de Escanaverino

Bayamo-Cuba, 1832-1874 - Ursula Céspedes Orellano de Escanaverino. Poetisa Bayamesa, maestra por excelencia y fundadora de la Academia Santa Ursula.

Nace el 21 de octubre de 1832, en la Hacienda La Soledad, muy cercana a Bayamo. Recibió la primera enseñanza en su propio hogar donde aprendió música y francés.

Hija de Don Manuel Céspedes y Barrero y de Doña Bárbara Orellano. Su padre hombre de excelente posición económica y dueño de grandes extensiones de terreno, aparentemente para la cría de ganado, era el propietario de la “Hacienda de La Soledad”, aunque se debe de mencionar que en la escritura de División de Bienes de Don Manuel, que se firmó en 1883, no se hace mención a dicho nombre y por el contrario a su esposa Doña Bárbara se le adjudica la “Hacienda Potrero Guajacabito” con todas sus estancias, la casa en Bayamo ubicada en la Calle de la Mendoza No. 1, la estancia de “La Cañada en El Dátil”, la “Estancia de Yamagual” y la “Hacienda de Gutiérrez”. El resto de los hijos y los herederos reciben otras propiedades y ganado, pero en ningún caso aparece el nombre de “La Soledad”.

Don Manuel y Doña Bárbara tuvieron muchos hijos, en total nueve, de los cuales el mayor fue José María Céspedes Orellano, destacado Jurisconsulto que escribió varios libros y que nació en el año de 1829. Por esta razón y de acuerdo a las costumbres de la época, significaría que sus padres se habrían casado alrededor de 1827 ó 1828.

Los demás hermanos, sin conocer sus fechas de nacimiento, fueron otros 3 varones, Manuel, Leonardo y Miguel aparentemente todos ellos fallecidos en la Guerra de Independencia y tres mujeres Digna Teresa, Gertrudis y Francisca Dolores, esta última falleció también a temprana edad en la casa que la tatarabuela Bárbara tuvo en Camagüey.

Don Manuel Céspedes y Barrero murió en el mismo año de 1868 en que Carlos Manuel de Céspedes se levantó en armas en el Ingenio “La Demajagua” en Manzanillo, visiblemente afectado por la pérdida de todas sus propiedades que fueron incendiadas y confiscados sus bienes por el gobierno español.

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