Aunque quiera olvidarte..

Aunque quiera olvidarte...

Aunque quiera olvidarte ha de ser imposible -dice el bolero, porque eternos recuerdos tendré siempre de ti, tus caricias serán el fantasma terrible de lo mucho que sufro, de lo mucho que sufro, separado de ti.

Así le hablo no a un amor lejano, sino a Cuba, mi gran amor que vive en cada cosa que hago, en cada paso que doy, en cada recuerdo que de mi mente pasa a mis historias. En ellas vivo, en ellas sueño, y con ellas remonto el mar a encontrarme con mi gente y volver a ser el que siempre he sido: un cubano, cubano, cubano.

¿Qué son las historias? ¿Por qué hace falta contarlas, inventarlas, reinventarlas? Cuando la realidad se vuelve inaprensible nos quedan las historias. En ellas vivimos lo que se nos escapa de las manos, lo que nunca sucedió, lo que huye en el tiempo pero permanece en el corazón, la novia que nunca tuve. Con ellas ponemos, a la vista de todos, las cosas importantes que la vida hizo pasar demasiado rápido, o aquellas que la edad no nos permitió disfrutar del todo, todo lo que nos marcó. También en ellas aparece lo que poco a poco fue cobrando peso hasta hacerse carne, los matices, las reflexiones que llegaron tarde, los consejos, lo que aprendimos por ahí, lo que sólo vivimos por dentro, en silencio.

La vida nos pasa, la mayoría de las veces, escondiendo sutilmente sus miles de mensajes cotidianos en momentos fugaces, como estrellas, que después necesitamos retener. Uno con otro, nos tejen el rostro, la mirada, el alma. El pasado le habla al futuro y el futuro necesita mirar atrás, volver, para ofrecer de toda esa vida un sentimiento, una visión.

Incluso cuando la historia narra hechos reales y pudiera apenas diferenciarse de la vida misma, ésta aparece por encima de ella, como el testimonio de un pájaro. Cuando la historia nos trae sucesos inventados, la vida en ellos se duplica. Si la vida va cerrando puertas, caminos, lugares, momentos irrepetibles que no volverán, las historias, rebeldes, protestonas, tiernas, crueles, románticas o cabezotas, vienen y abren esas puertas, esos caminos esos momentos, que siguen siendo irrepetibles, para que uno los visite y los reviva cómo y cuando quiera. Las historias son el brazo nunca dado a torcer, son la firme voluntad de afirmar que todo puede ser contado y vivido de otra manera.

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