Aunque quiera olvidarte..

Somos o no somos

En memoria de mi abuela y de todas las abuelas cubanas, que siempre están ahí

La tarde penetraba a través de la ventana y con su mano gris, me cogía por el cuello, sacándome del alma hasta la última gota de mi falsa fuerza de voluntad. Estaba engorrionao total, tenía hasta un nido en el balcón para darles la comidita con el piquito a mis gricesitos gorrioncitos.

No tenía ningún problema, tenía un buen trabajo, no tenía necesidades económicas, vivía en un cómodo apartamento en el centro de Madrid y amores no me faltaban, pero no podía evitar esa sensación de “o te peinas o te haces papelillos”, mezclada con un poco de mariconeria en bandeja. No hay nada peor que nacer en un solar y andar toda la infancia sin camisa y sin zapatos mataperreando por la calle y encontrarte en la madurez, en un país desarrollado, con todo tan cubierto que puedes hasta pensar en que la cortina del baño haga jueguito con el color del inodoro y las paredes. Oye, se te forma un arroz con mango en la cabeza que no té salva ni el médico chino.

Para colmo la civilización me estaba bajando de la mata. Estaba pensando en que a mis 40 años tenía que cuidarme e ir a la manicura a quitarme los callos de las manos que me habían salido de cortar caña y los de los pies que se los debía a arrollar detrás de la conga por todos los barrios de La Habana. Fíjense el problema existencial hasta donde me había llegado que quería hasta ir a un esteticien a darme rayos UVA para conservar el moreno, afeitarme las piernas y los sobacos y usar crema antiarrugas. Chúpate esa. Sin embargo, como extrañaba el agua cayendo en mi cara desde una latica de leche condensada y ver como en un cuadro impresionista, las paredes deformadas con una pincelada artística de moho.

Al pensar en la manicura dándole guayo a las plantas de mis pies, mirándome con tremenda mala cara. Imagínaba aquella desdichada mujer, tratando de quitar las “islas” de una pila de años andando sin zapatos, o con botas de cortar caña, o con zapatos de dos números menos. Y me entró la risa, pero no risita picua, no risa cubaneá de las que hacen estremecerse los edificios. Y al momento, oí unos golpes en la pared medianera con el otro apartamento, era inequívocamente la señal de que estaba haciendo mucho ruido, ¡le zumba el mango!

Encendí el televisor, en una cadena, calamidades. En otra, tremendo chisme. En otra, una pila de gente encerrada en una casa comiendo mierda. La apagué. De pronto, empecé a sentirme raro. Me entró la comezón esa de que “por eso me pica aquí y voy a rascarme allá” y el tembleque me encendió la leva. ¡Alarma de combate!, uuuuuuuuuuuuuuuu, uuuuuuuuuu, estaba en fuego. Una voz robótica tipo “La Guerra de las Galaxias”, retumbó en las paredes: “Fallo en el sistema, fallo en el sistema, se ha detectado que la célula ECMCQTP (Estás Comiendo Mierda Cuidado Que Te Perdemos) se está yendo del aire, ¡oxigénese urgentemente, oxigénese compadre!.

A la carrera y con tremendo titingó sacudiéndome, fui a la cocina y puse a hacer café, café cubano. Él aroma inundó el apartamentico. Aspiré profundamente y me senté en el sillón, recosté el respaldo y cerré los ojos. Conecté el dispositivo en la nuca tipo Matrix y volé. ¡Allá va eso!, volé a buscar lo mío, lo que siempre será mío porque me da la gana. Eso nadie me lo quita, eso nadie me lo va a quitar

“Cuba, que lindos son tus paisajes, Cuba que lindos son”.

Estaba ya tu sabe, por ahí, cuando sentí una presencia a mi lado. Entreabrí los ojos y allí, vestida entera de blanco y con su pañuelo en la cabeza a lo cubano; estaba mi difunta abuela.

- Se puede saber a ti que coño te pasa, tu mariconsón, tan viejo que tú está-

- Abuela no me hable así- dije bajando la cabeza

- ¿Qué no te hable así?, ¿quiere que te caiga a cintazo ahora mismo?, ¿te acuerda cuando te tiré la plancha por la cabeza?, no te haga el gracioso que tu no ere “Trompoloco”, ni na de eso-

- Abuela mire……- estaba temblando de pies a cabeza

- Que abuela ni que ocho cuarto, ¿Qué mariconería es la tuya?,, ¿tu tiene complejo e Michael Jackson, o de La Dama e las Camelias?, ponte pa´las cosas-

- Abuela, usted no me puede entender, he cambiado, todos cambiamos-

- ¿Qué tú has cambiado, si de dirección, tú lo que ere un negro ridículo y comemierda, que le hacen falta cuatro ramalazos de escobamarga-

Se echó para atrás, me miro con los ojos encendidos de arriba abajo y me dijo.

- Pon tú memoria a funcionar, ¿te acuerdas de cuando te llevaba a la cama, la leche con canela en un jarrito con el esmalte to descascarillao?-

- Si abuela, como no me voy acordar-

- ¿Te acuerda cuando tenías asma y te daba aceite e bacalao, que había que apretarte toa la bembona esa?-

- Claro abuela, claro-

- ¿Te acuerda cuando venías de la calle, lleno de ñañaras, y te echaba yodo que te ardía y salías corriendo pa´la calle y tenía que ir a buscarte con la chancleta en la mano?-

- Si- levanté la cabeza y sonreí tímidamente.

- Deja la risa de comemierda esa y óyeme, ¿te acuerda del sopapo que te metí cuando te metiste en conversación de mayores?-

- Si, como no- asentí todo lo serio que podía

- ¿Y cuando tu madre y yo nos aparecíamos en la fiestecitas? ¿Cuándo te castigamos por ir a buscar pescaitos a La Naranjera, sin permiso?- esta vez sonrió, yo quise hacer lo mismo, pero levantó la mano.

-¡Eh, que aquí la única que puede reírse soy yo, déjate de gracia conmigo que yo no creo en tus 40 ni en tus 50, pa´que te enteres-

Enmudecí y miré mis zapatos.

-¿Y esos zapatos?, mucho zapato bueno, pero sucio, ¿no te acuerdas de las botas de trabajo que te regaló tu padre que las tenías como un espejo?, parecían de charol, ¡pa´que coño quieres tanta ropa buena si andas con los zapatos sucios!, eso es lo primero que tiene que cuidar un hombre, ¡sus zapatos!-

- Abuela, eran otros tiemp….-

- ¡Cállate!, guarda él bembeteo pa´ la pelea en la calle, tienes que seguir siendo el mismo negrito travieso que eras, tienes que temblar cuando levante la mano, tienes que retener en tu memoria todos los cocotazos que te dimos yo y tu madre. ¡No quiero tener que volver a venir aquí, porque la próxima va ser de anjá!-

- Esta bien, abue…..-

- shhhsssssssssss…….-

Se paró temblando y con los ojos cerrados, tomó mis manos y las sacudió de arriba abajo. No sé de donde sacó una jicarita y un tabaco, se echó un buche de aguardiente y le espolvoreó sobre mí dándome vueltas. Se puso el puro en la boca al revés y me inundó de su humo, siempre dándome vueltas. Mojó sus dedos índice y del medio en la jicarita y los llevó a mis ojos, cerrándolos.

Desperté sobresaltado, sudando como un pollo. Me había quedado dormido en el sillón.

Estaba amaneciendo. Me pasé la mano por la cabeza. ¿Qué extraño todo?, ¿era un sueño?. Bajé la vista y miré mis zapatos, estaban llenos de polvo. El blanco polvo, dejaba ver la huella de gotas, vete a saber de que liquido. Me quité un zapato, pasé un dedo por la piel y lo olí, un escalofrío recorrió toda mi espina dorsal. Olía a caña de azúcar, ¡caña cubana!.

Me asomé a la ventana, me llené bien los pulmones, no había llovido, pero olía a tierra mojada. Saqué el cajoncito de limpiar los zapatos, me quité los zapatos, me senté, abrí la lata de betún y mis dedos indice y del medio quedaron negros por los dos lados. En mi cabeza retumbaba algo que siempre había oído.

“Un hombre no debe andar nunca con los zapatos sucios”.

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