Aunque quiera olvidarte..

Lo que el viento se llevó

Me levanté en talla, con todos los elementos conmigo, el solar seguía igual con su vida abigarrada y agridulce pero yo tenía una cosa, un no se qué que me hacía cosquillas. Me deleite en el baño lleno de moho, viendo como el agua se escurría desde la latica de leche condensada y recorría todo mi cuerpo, eliminando impurezas. Me deleite echándome talco en el cuello, en el pecho, en los huevos y me termine de deleitar, poniéndome la cobita mejor que tenía: un pulovito de Bruce Lee y un pitusita "made in la china", la china es mi pura.

Y salí a la escena, exuberante, matador - Vaya exótico, - me susurró "la violetera", una temba del solar que me quería liquidar

- Matando canallas- oí a mis espaldas-El aché que irradiaba inundo la cuadra y que se sepa que activé al personal.

- Vaya Jesusito está enemorao- me pito Pichilingo "el raider" desde el contén de su casa

- No, pero podría estarlo, ¿por qué no?- le contesté señalándolo con el índice, con tremendo aguaje

Enderecé Sitios arriba, jorobé en Campanario y enfilé Maloja arriba, en busca de Belascoaín, sentía las miradas del barrio en mi nuca, estaba ya tu sabe, en talla.

Llegué al parque de la Willian y me detuve en la parada, a esperar la ruta 2, rumbo al Vedado. Ya tu sabe miradita pa´ca, miradita pa´lla, buscando pelea, tu sabe como es eso en La Habana y en Cuba entera, parecía un ventilador en SLOW. De pronto a lo lejos, apareció el monstruo con un racimo de victimas colgado de los costaos, ¿parará o no parará? Esa era la cuestión. Pues no paró. Corrí Belascoaín arriba, con estilo, con la cabeza alta y sin susto, tomé con mi mano izquierda el pasamanos de la puerta trasera, puse mi pie izquierdo en el pescante y me enganché.

A las dos paradas, ya estaba arriba, cogí un respiro, me limpié el sudor con mi pañuelito blanco, levanté la vista y entonces la vi. Sonará picuo, pero tengo que decirlo, se me cortó la respiración.¡¡tremenda negrona!!, la boca se me hizo agua y el niño se despertó.

- ¡oye muchachón que yo puedo ser tu madre!- la queja provenía de una temba pegaita a mi región púbica y púdica que me miraba inquisidoramente a la vez que comprensiva

- ¿Cómo, como......?- conteste con cara de yo no fui. - Como, comiendo, que ya tu meas dulce, nené- su vista clavada en la prueba del delito, el niño alborotao.

- Disculpe señora....no es lo que usted piensa.....usted ya no, sabe.....?-dije bajando la cabeza avergonzado

- ¡¿ Como que ya no?!, yo estoy vieja pero todavía soy una cintura, mira que si te cojo negrito, te hago hombre en dos minutos.

Ya tu sabe, se formó el alboroto en la guagua - Descarao, jamonero, asaltador de asilos-- Metele una galleta pura por falta de respeto-- Pura, demuéstrale que tu todavía hace la guardia del comité-

Yo no sabía donde meterme, solo atiné a correr a refugiarme en los brazos de la belleza que acababa de descubrir, la futura madre de mis hijos. A codazos, cabezazos y rodillazos, me abrí camino entre la chusma y llegué a su lado, pero algo en sus ojos me detuvo. Había en ellos una mezcla de ira y agobio, busqué la causa y exactamente a unos milímetros de su espalda, la encontré. El Doctor Charles, el mayor jamonero y exhibicionista del barrio estaba con su bata blanca, debajo de la cual iba totalmente encuero, levantándola en peso con su barra de trasmisión que podía levantar la estatua de Maceo con caballo y tó.

Puse mi mano en el hombro de Charles y bajito para que nadie se enterara, le dije:

- Coño Charles broder, esa es mi jevita, perdonala-Se giró hacia y desde el fondo de sus espejuelos, me dijo:

- Coño chama, disculpa asere, no va a pasar má-Y se fue con su música a otra parte, yo tomé a mi doncella por la cintura y la acerqué a mi con delicadeza

- Oye niño tu también está encendio, no se si he salido de Guatemala para entrar en Guatapeor-

Los dos reímos, ella mirando con malicia, yo observándola con cerebrina, empezamos a hablar

- ¿Pa´ donde vas?-

- Pa´la facultad, estoy en 3º de economía, ¿ y tú?-- Voy a la conferencia de Enrique Patterson, ese negro está por arriba-

- Ten cuidao, me han dicho que habla cosas un poco.....ya tu sabes y andan detrás de el -

- Bah-Seguimos hablando, bajamos por M hasta 23, cogimos L y nos detuvimos frente a la Facultad de Economía, le di un beso por sorpresa y le dije:

- El viernes nos vemos aquí a la 10 y media-

- Pero......-- Pero nada, viernes 10 y media- le dije mientras caminaba de espalda, señalando con el índice de la mano derecha, un reloj imaginario en mi mano izquierda.

El viernes, llegue tarde por supuesto y allí estaba, la tomé de la mano sin decir y nos besamos largamente, se apartó y me miró como diciendo

- negrón, así me gustan los hombres, duros y decididos-Fuimos a Coppelia, paseamos todo el Vedado y terminamos en el muro del Malecón, romanceamos y apretamos un ratico hasta que la calentura la hizo mirar el reloj

- Oye papi ya es tarde y no quiero que me coja la confronta, vamo echendo y seguimos vacilando por allá por mi casa, yo vivo por Miramar, cerca de la escuela de química-

- Coñó, tremendo tacón- pensé, perro cuando las ganas de signar aprietan ni la tumba de los muertos se respetan.

Subimos a 23, esperamos la ruta 30 y entre la espera y el viaje, ya tu sabe, tremenda calentura, tenía un dolor en los huevos que pensaba que estaba embarazado.

Nos bajamos de la 30 y camina que te camina entre todas aquellas calles oscuras, yo con mi desespero, ella con su paciencia, hasta que llegamos a una calle en la cual se había roto una tubería y estaba totalmente inundada. Se me salió el caballero que siempre he tenido dentro y quitándome los zapatos y remangándome el pantalón, me dispuse a tomarla entre mis brazos para pasarla a la otra orilla.

Pasé mi brazo derecho por debajo de sus axilas, tocándole una teta de paso, con mi brazo izquierdo tomé sus tiernos muslos, que rico olía. En medio de una total excitación flexioné mis piernas, contraje ni abdomen y me dispuse a izarla como a una dama rescatada de las llamas de un castillo y...........

Raaaacatá, se me fue un peo, pero no un peo cualquiera no, un peo de verdad, tremendo cardo, empezaron a ladrar los perros y tó y los vecinos llamaron a la policía pensando que era un tiro. No obstante seguí como todo un campeón pa´lante pensando que el amor es sordo. Llegué al otro lado y la deposité tan delicadamente como la había tomado e intenté besarla y no encontré sus labios. La ví perderse en la oscuridad sin temor a violadores y asaltadores de camino. Allí me quedé con los zapatos y las medias remendás en la manos, y los pantalones de teca que se me habían encogido hasta las rodillas por que no podían ni oler el agua. Nunca más la ví, pero mejor porque imaginate el cuero:

- Mira, mira, ese negrón es del peo que te dije -que vergüenza

Desde entonces me ha quedado la manía de ir al baño antes de aquello, por si las moscas.

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