Largando por mi boca, asere

Cinco siglos de denominación

Octubre de 2005. Hace más de un año en la feria de libreros viejos que se expone en mi ciudad compré un libro. HÉROES DE CUBA. Editorial Planeta.

Estos días empecé a ojearlo y leí el Prologo donde se esquematiza el contenido de la obra novelesca. Y como siempre que tengo un libro en mis manos me leo el principio y el final. Prácticamente al final de la novela en sus paginas números 477 y 488 dicen así:

Los salones y pasillos del palacio del Capitán General estaban llenos de gente. Había acudido a él los generales del ejército y de la armada de los Estados Unidos que se hallaban en la capital, una comisión de altos jefes de las fuerzas cubanas y muchas personas civiles. Sentados en un sofá, en medio del salón de recepciones, se hallaban los generales Jiménez castellanos y Brooke.

Veintiún cañonazos habían sido disparados en el Morro. La bandera española fue arriada. Cinco siglos de dominación terminaban para siempre. Sobre aquella isla descubierta por Colón en su primer viaje, último despojo del Imperio hispánico, se consumaba la pérdida definitiva de un dominio en el que no se ponía el sol.

En el castillo del Morro fue izada la bandera de los Estados Unidos. Otros veintiún cañonazos la saludaron.

El general español se dirigió al yanqui:

En cumplimiento de lo acordado en el Tratado de París y lo que me ordena me Gobierno, en este momento os entrego la isla de Cuba, que deja de pertenecer a España.

--En nombre del gobierno y del Presidente de los Estados Unidos—replicó el general Brooke--, acepto este grave encargo y sedeo a usted y a los valientes que le acompañan, que regresen felizmente a sus hogares patrios. Quiera el cielo que la prosperidad acompañe a ustedes en todas partes.

Ambos jefes se saludaron. Después, Jiménez Castellanos se dirigió al salón del trono, para despedirse allí de los amigos de España.

Señores—les dijo el general--, he hecho quince años de guerra, me he encontrado en muchos y difíciles combates y nunca me faltó el valor, pero ahora noto que me faltan las fuerzas. ¡Adiós, adiós...!—murmuró ahogadamente.

El general Jiménez Castellanos salió del salón del trono, acompañado por las personas que se hallaban en él. Los generales yankis y sus estados mayores se unieron a la comitiva en el pasillo.

Jiménez Castellanos se despidió del general Brooke a la puerta del palacio. Los demás siguieron acompañando al general español.

El general Jiménez Castellanos se despidió de sus acompañantes. Subió con su estado mayor en un falúa que los llevó a embarcar en el vapor Rabat.

Cruzaron frente al castillo de la Punta. Allí quedaba la capital de la isla en la que tanto habían sufrido. Ondeaban en el viento las banderas que engalanaban su postrer adiós. Un gran gentío apiñado en la playa agitaba los pañuelos de la tristes despedidas. Oíanse confusamente sus gritos. Los soldados españoles callaban. muchos tenían los ojos llenos de lagrimas.

En los fuertes de la Cabaña y el Morro, las banderas de los Estados Unidos batían insolentes, solitarias.

La Perla de las Antillas se quedó poco a poco en la distancia engastada en la orla de las espumas del mar, que batía deshaciéndose entre los arrecifes.

0
0
0
s2sdefault

Escribir un comentario

NOTA IMPORTANTE SOBRE EL USO DE LOS COMENTARIOS:
Por favor, recuerde que los comentarios son comentarios no un consultorio, es decir, si usted tiene algún tipo de consulta que realizar, hágalo en nuestros foros, (http://www.conexioncubana.net/foro) allí siempre hay personas dispuestas a ayudar.
Gracias.


Código de seguridad
Refescar