Largando por mi boca, asere

Dos profesionales y un pavo

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Era Domingo. Volvía de Pinar del Río con mi amigo Vicente, serían sobre las 19 horas aproximadamente el carro que alquilé, por el iba conducido. El estaba viajando a la Isla de Cuba con cierta periodicidad, siendo veterano por asuntos de trabajo allí.Desde el carro me llamaba la atención la cantidad de chavalas que había por las calles. Eran como ramilletes de flores silvestres junto a las aceras. Todas con la mirada en alto oteando el horizonte, así como sin darse cuenta, pero no se les escapa ni un detalle.

En una calle bastante amplia en dirección al casa que teníamos alquilada en playa, vimos a dos chicas de pié como si estuvieran allí esperando poder cruzar la calle. ¡Vicente mira que dos chavalas !. --¡Una mulata y una trigueña!.

Nos quedamos mirándolas y ellas a nosotros, dice mi amigo. ¡Vamos a dar la vuelta!. Seguimos calle abajo y cuando pudo giró para llegar a su altura.

--Yo iba diciendo en llegar ya no estarán, tardaríamos unos minutos,-- ¡eh! si que están, acercamos el carro junto a ellas y yo desde mi ventanilla me enrollé.-- ¿Qué donde vais?.

El caso es que las invitamos a salir,-- las subimos al carro y las acercamos a casa de una de ellas.-- Decían que se tenían que cambiar de ropa para salir, así hicimos y nos hicieron parquear a una cierta distancia de la casa, oscureció entró la noche y por fin aparecieron muy bien arregladas. ¡Llevarnos a la casa de mi amiga!, que mi papá no quiere que me ponga minifalda, iba con pantalones y llevaba en una javita una minifalda y eso hicimos, querían cambiarse de ropa.

Una vez hechos los cambios de ropa etc. Las vimos aparecer. ¡ Vaya par de bombones!.

-- Las llevamos al Hotel Inglaterra, las invitamos tomaron lo que quisieron en la terraza oyendo música. Llevaríamos con ellas un buen rato y a mi amigo lo tenia que venir a buscar el botero de su empresa y llegó.

¡Toni me voy!, toma las llaves del carro, ahí te quedas.

¡Yo me decía vaya juerga que me espera con este par de chavalas!.

--Del Hotel las llevé donde quisieron fuimos a bailar al Diablo Tun Tun, se harían las dos de la madrugada y con las dos marché para la casa.

--Entramos a la casa, abrí la puerta de la habitación de mi amigo y estaba “frito” le dejé a la trigueña.

¡Dale, dile algo ya tu sabes!.

OK, está bien.

Y la mulata conmigo a mi habitación mucho jiji, mucho toqueteo, mucho besito, la verdad que tenia un cuerpo escultural.

De pronto se cruza en la cama y me dice. ¡Vamos a hablar!.

Vale, dime.

¿ Que tu crees que me tienes que pagar?.

Dime tu cuanto quieres.

Sonriendo dijo ¡80$!.

¡ Queee!, mira lo que llevo en el bolsillo 40 $ y era verdad.

Contestó. ¡Pues nos vamos!.

Le dije, podemos quedar mañana y arreglamos la diferencia, en la maleta yo tenía 3.000 Euros pero no quería abrirla delante de ella. Yo llevaba una cuantas copas en el cuerpo, no me fiaba.

Mira, os quedáis aquí, mañana es Lunes vamos al banco cambio los Euros y lo arreglamos, ten confianza yo no me voy a aprovechar de ti, se trata de que lo creas o no.

De pronto entra la otra, la trigueña.

¡A tu amigo no hay forma de despertarlo!,

bueno quédate aquí,

la mulata... ¡de eso nada mi amor!, encima con las dos!.

La mulata era algo mayor que la trigueña y llevaba la voz cantante.

Yo vi que aquello parecía la negociación más difícil (y mira que he tenido) que se me planteaba desde hacía mucho tiempo, saqué los 40 $ y nada. La mulata decía dame Euros, la trigueña no decía nada pero la mulata no tragaba, cogí la maleta sabía que la combinación terminaba en 5 probé y nada, que coño pasa, otro numero y nada así varios intentos, me iba poniendo nervioso ¡coño! no recuerdo el numero de la combinación. Pensé yo, mañana llamo a casa y lo pregunto.

Yo veía que la mulata no se lo creía para que le iba a decir que se fiara, aunque si no hubiera abierto la boca posiblemente hubiese conseguido más, “rompió el encanto”, pero que se le iba hacer yo estaba calentito.

¿ Y tu amigo ?, que te deje él la pasta, pasamos ella y yo a su habitación e intentamos despertarlo.¡ Vicente!, ¡oye mira que no tengo dinero!.

El empezó a abrir los ojos, eh, eh.

¡Que, mira hoy es Domingo!, mira la hora que se ha hecho, me he gastado cenando y de copas una pasta, me quedan 40 $ nada más.

El se daba la vuelta eran las tres de la madrugada, yo volvía a intentarlo.

Vicente. ¡Tienes pasta!.

El media vuelta pá el otro lado de la cama, la mulata como si estuviera de guardia en la garita de un cuartel con las brazos cruzados viendo el espectáculo. Yo debía de tener cara de carnero degollao porque Vicente conforme le iba contando lo que me pasaba, sonreía y se dormía.

Volví a insistir ¡Vicente oye tienes pasta!.

Eeh ?.

¡Que si tienes pasta !, medio se despertó y empezó a reír, las dos chicas serias, yo debía tener una cara “nueva” mi amigo reía sin estar despierto del todo, me dijo mira el bolsillo del pantalón, miré había un billete de 10$.

Y nada, salimos de la habitación y me dijeron,¡ danos 10$ a cada una para el taxi!, estábamos cerca del Hotel Comodoro, allí había parada de taxis.

Las acompañé yo le decía a la trigueña, ¡tu amiga no se fía!, no se cree lo de la maleta. Yo lo iba a intentar con la trigueña no la veía tan profesional y estaba loco por “merendar”.

De pronto la mulata con una mirada dirigida a mi me dijo.

¡ A esta no te la vas a singar descaraito!.¡ Así que no te hagas ilusiones oíste!.

Les di los 10$ para el taxi me volví a la casa me acosté más solo que la una y a la mañana siguiente mi amigo, me relató que cuando medio se despertó, recordaba que yo tenía una cara como si estuviera acojonao o pidiendo perdón.

¡Cuando saliste por la puerta me desvelé y me descojonaba de la risa de pensar como me pedías el dinero!, sí tenía pero como te vi... ¡Esas te hubieran sacado los ojos gilipollas!.

Aquello que me hizo la mulata me dejó jodido, me había dado previamente su numero de teléfono y me dijo que se llamaba Judit. Me rondó por la cabeza. ¡Esa va saber quien soy yo!.

-- ¡ Mira que no fiarse de mí!,- pensé haberla llamado pero ya PA qué.

-- A la mañana siguiente. Mae la mujer de la limpieza y de toda confianza, diciéndole que la combinación terminaba en 5 con paciencia consiguió abrir la maleta.

Pero aquella noche yo no “mojé” y me quedé más caliente. ¡Que el cenicero de un Bingo!.

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