Largando por mi boca, asere

Mosquita muerta

Diana, era una chica trigueña, delgadita, introvertida, encerrada en si misma parecía una “mosquita muerta” y así la llamaban desde que entró en la escuela. Alias que la chiquillería a veces bautiza y el nombre “te acompaña el resto de tu vida“.

El motivo debía ser porque Diana no era muy versada en la comunicación apenas hablaba, no era muy comunicativa, era el “patito feo” del pobre municipio de Guane en la capital cubana de Pinar de Río.

Cuando estaba en el preuniversitario donde cursaba sus estudios, empezó a asistir a las clases de Ballet y Danza y entró a formar parte en la escuela de arte de Pinar del Río del Río.

Diana no lucía mal se le empezaron a ver maneras, las clases de ballet, el ejercicio le hicieron un cuerpo bien contorneado y lucida figura de buen ver, aunque ella seguía siendo muy reservada, no era muy extrovertida que digamos.

Con 16 años era de las mejores en dicho arte. En unos conciertos de Cuba con Italia se presentó la ocasión de viajar al País trasatlántico para llevar a cabo una gira del espectáculo del ballet clásico cubano por varias capitales Italianas.

La gira resultó todo un éxito. Diana estaba sorprendida de la acogida que tuvo el ballet en todos los teatros donde actuaron. Fue para ella una explosión de sensaciones nuevas para lo que ella estaba acostumbrada en su País.

De golpe, pasó de bañarse con la latica, al agua mineral servida por camareros con guantes blancos y a que le hicieran la cama. Decía. ¡ A mí no me habían tendido la cama nunca!. Por su inexperta sesera pasaron las mas dispares ideas soñadoras.

La sorpresa fue morrocotuda, ella se quedó en Italia nadie se lo esperaba. A la hora de salir la expedición cubana del hotel para el Aeropuerto. Diana no estaba, se llegó a pensar en un secuestro, pero esa mañana a primeras horas dejó en la recepción del hotel una carta donde explicaba que había conocido a un hombre que se casaría con ella y se quedaba. Pidiendo perdón por lo que iba a hacer.

Decían los componentes de la expedición. ¡ De cualquiera menos de ella! ¡ quien lo iba a decir!.¡Si parecía una mosquita muerta!. (que ironía)

Lo que extrañó fue por la edad, tan solo contaba 16 años. El caso es que por la familia se hizo mutismo total. Al principio estos mostraron su enfado pero la vida continuo sin más.

Los vecinos llegaron a la conclusión que la familia lo sabía porque al poco tiempo se les empezó a ver en mejor y más cómoda situación.

Las remesas de la Hija desde Italia no se hicieron esperar, aunque la familia guardaba celosamente el secreto pero su repentina bonanza era el más fiel delator que en aquella familia de ser de las más pobres y con necesidades, pasó a ser de los que se les veía con más “lujos” en el vecindario.

En el Consulado de Cuba en Italia se recibió la tramitación de la documentación de la boda de Diana con un italiano. Necesitaban la autorización del padre de ella y los documentos precisos para tamaña empresa.

Por la influencia del italiano, o por lo que sea, no me pregunten como pero lo consiguió el italiano. Los padres de Diana “tragaron” a esas peticiones.

Al tiempo se supo que el italiano la puso a hacer espectáculos nocturnos, Striptis en cabarets y salas destinadas al destape.

Pasaron siete años desde que Diana diera el “susto”. El matrimonio apareció por Pinar de Río. El italiano parecía su Abuelo, gordo, calvo, pero nada más llegar hizo derroche de generosidad compró la mejor casa de Pinar del Río a nombre de ella, los regalos, los enseres electrodomésticos y todo lo que a la familia les apetecía el italiano lo compraba. A saber si era con el dinero que ella había ganado exibiendo su cuerpo.

Las criticas a Diana ahora solo eran de los envidiosos del entorno. Ante cualquier comentario en contra de la decisión por ella tomada en su día decía. ¡ Aquí a mí nunca me ha hecho caso nadie!. ¡Son unos envidiosos del carajo!.

Pero lo que mal empieza mal acaba. Diana estaba inmersa en el mundillo del espectáculo nocturno, se habituó a las drogas tuvo problemas con la justicia en Italia. En una redada en el Club donde hacia Striptis la cogieron con una cantidad de cocaína considerable, aunque argumentó que era para consumo propio. Por la cantidad de droga con que la sorprendieron pasó 4 años en la cárcel. El italiano se olvidó de Diana desde el mismo instante que pisó la cárcel ( ya no era rentable).

Diana, vaga ahora por las calles de una capital italiana ejerciendo la prostitución. Sin haber cumplido los 30 años parece como si tuviera 50. Vive en un pequeño cuarto de alquiler sin lujos ni el boato que le hizo un día deslumbrada quedarse en Italia. Sigue enganchada a las drogas. Las redadas callejeras hacen que de vez en cuando den sus huesos en comisarías y juzgados.

A destiempo, a su delirante mente llegan tardías reflexiones....¿Qué me pasaría a mí por la cabeza?, quien estaría rigiendo mis ideas y las ordenes en mi subconsciente para que yo llegara a tomar la decisión de quedarme en un País que no conocía.¿ Porqué no se eclipsó mi ambición?... Hoy no me vería perdida.

Eran las tristes lamentaciones de Diana. Eran las quejas del perdedor. Jugó en la Ruleta de la vida fácil. “Apostó y perdió”.

En su marginal desespero se reprochaba.... Si yo pudiera retroceder en el tiempo... Ahora quisiera ser la “mosquita muerta” que tanto me enfadaba que me lo dijeran, pero me cegó el lujo y la vida fácil... Lo que daría yo por volver a ser en mi escuela aquella a la que llamaban “mosquita muerta“.

Lunes, 05 de Septiembre del 2005

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