Largando por mi boca, asere

Ofelia, una tía buena

Ofelia era una mujer independiente. Había que dar gracias a la naturaleza que había hecho un extra con ella, esta mujer se salía de la media y de cualquier porcentaje de las revistas de estética o del llamado “corazón”. A menudo de forma superficial, se trata de saber cuantas bellas hay y cuantas bellas son menos agraciadas, guiándonos por esas medidas que la sociedad a impuesto en absurda estética. Ella con sus medidas perfectas. 90, 60, 90. 1.75 de altura, cumplía ampliamente con el requisito. estaba dentro de los cánones de belleza de los poster que decoraban su habitación. Allí las divas del momento y las que en su día fueron referente social , en la actualidad no le despertaban envidia alguna.

- ¿ Que tienen esas que no tenga yo?, se decía.

Por la calle estaba acostumbrada a oír piropos de todo tipo...

¡ Guapa, tenías que pagar impuestos por estar tan buena !. y no digamos los albañiles cuando pasaba por delante de una obra.

- ¡ Tía buena, tienes un polvo que paqué!

Recuerda como en la Universidad,

fue motivo de que alguno de sus profesores empezaran a visitar gimnasios y tintar canas, intentos vanales de enamorarla evocando a galanes venidos a menos y con lanzamientos de mensajes insinuantes. Eran mensajes de todo tipo, no olvidemos que las especies animales incluyendo las racionales no paran de hacerlo, sabido es que cada cual utiliza su sistema de “caza” en busca de destinatario. Esos mensajes del pavo de turno, ella los recibía y con las mismas los reenviaba a... ¿vaya usted a saber a quien y adonde? y con la sonrisa del saber quedar bien, porque el caso es que era guapa pero no tonta.

Una mujer así era el mito erótico de esos hombres entrados en años con la curva de la barriga cervecera, que de alguna forma estaban cerca de ella.

Hombres que por motivos de trabajo, o por relacionarse en actividades comunes, socialmente hablando, lo que llamamos el día a día, prestándose los ansiosos incluso a pasar por un trasplante de pelo ¿ y porque no? algún estiramiento de piel.

Creyéndose ilusos equivocadamente, que las sonrisas de la tía buena llevaban implícito algo más.

-¡ Nena tienes un cuerpo 10!.

Ella desde que se lo dijeron por primera vez lo grabó en su disco duro, lo de cuerpo 10 le recordó la película de Bo Derek y el Bolero de Ravel. Tema que pasó a ser su canción preferida y arma seductora. Cuando se encerraba con el amante de turno en el apartamento que disponía la familia en la sierra, esa era su canción de guerra, la ponía a cien cuando hacía el amor. No era de piedra y le gustaban los de su edad, pero estos solamente están por ellos. Nunca había tenido claro si los animales se reconocían en los espejos, pero los niñatos sí. Se daba cuenta que estos últimos cuando pasaban por delante de un escaparate no paraban de mirarse, y eso que era un supuesto reservado a las mujeres, convertido hoy en patrimonio de esos guaperas que no cesaban de mirarse al espejo, ese gesto a ella la desesperaba.

De esos amores sufrió varios desengaños pero lo consideraba ya pasado y superado al fin. Su liberal forma de ser la llevó a viajar en vacaciones por países de culturas diferentes a la suya donde de alguna manera se sintió con fuerza para saber lo que quería y tomarlo en cada momento sin pensar si estaba bien o no, acorde con la educación de monjitas que había llevado.

Solo se vive una vez y hay que aprovechar. El que le entraba por el ojo ¡zas!. Caía. Esas más o menos eran sus convicciones. Se miraba al espejo y se decía.

- ¡ Que difícil va a ser que yo duerma sola jajaja!.--¡ Es que rompo, estoy buenísima coño!.

De esa guisa anduvo tonteando en sus años mozos, mientras sus amigas y compañeras de estudios habían aprovechado las ofertas varoniles que eligieron en su momento. Cuando aparecía invitada en las celebraciones de sus amigas, oía especiales críticas acerca de sus fracasos amorosos y de su vida perenne, su soltería..

- ¡ Chica , tan mona y te vas a quedar para vestir santos jjajjaaj!

Ella sabía que era pura envidia por lo estupenda que se conservaba, siendo todas de la misma edad, y compañeras de antiguas correrías, y cómplices de historias compartidas.

Ella, la tía buena no había parido y no tenía que sudar sus arrebatos en gimnasios, ni acudir a cirujanos plásticos para dibujarles la expresión, sus amigas si lo hacían ... y pagaban sus maridos con un cheque, como quien compra un nuevo negocio.

Ella la auténtica, la que no tenía ningún implante, era la que tenía que soportar las constantes miradas y bromitas picantes de esos maridos, que al fin y al cabo eran matrimonios que al final se reunían en la misma “ cama caliente”, pero Ofelia se marchaba sola, sin marido, siendo objeto, blanco de los comentarios de sus amigas.

Hasta que un día que la edad lo va venciendo todo, se descubrió hablando sola y diciendo:

-¡ Se me acabo la buena racha!--¡ Hasta el horóscopo me es negativo!.

Eso a ella le empezaba a preocupar. Últimamente los varoniles pantalones huían de ella, no tenía suerte su perfil de tía buena asustaba a los hombres. Se iba dando cuenta de la mujer que era, de la persona que realmente era Ofelia, lejos de la mujer diez y la fachada exterior, y pensaba:

-No perciben mi belleza de la verdadera forma que soy, ven mi plante bello pero no se imaginan el mundo que va dentro de mi, lejos de todo estereotipo, soy como soy y no llega a los ojos de los demás.

A menudo se decía para si.--¡ Yo estaré muy buena, pero estoy harta de dormir sola!.-- Estaba cansada de salidas esporádicas y polvos ocasionales. Calentamientos sin más resultados que la obligada resaca alcohólica y las excusas del ligue de turno... - -Si, si querida, te llamaré.

El Ocaso de la Diva...

Los años no pasan en balde y de pronto desapareció su “vida publica”.-- Estaba depresiva, y entró en una gran crisis, recordaba sus escarceos amorosos, haciendo balance de su liberal comportamiento y del transcurso de su vida dentro de un cuerpo diez, los resultados del balance, un uso indiscriminado de su persona como un objeto. El error estuvo en que su físico fue una traba para los hombres, ninguno le duraba un asalto, no soportaban el hecho de tener a una tía tan despampanante para siempre a su lado. No se veían capaces ni asimilaban la idea de que les fuera fiel, ya que era el blanco de insinuantes miradas y por cualquier lugar que pasaba el mirar goloso de algunos cuervos humanos.

Así se lo confesaba al pie de frondosos árboles de paisajes románticos un novio celoso en otros tiempos, estos árboles ya habían sido testigos antes, de declaraciones amorosas, y esas ironías inexplicables de la vida hacían que hoy la llevaran al mismo sitio justificando su adiós, un adiós definitivo con un.. Lo siento querida, es mejor que lo dejemos, lo nuestro no funcionaría.

La felicidad no se tiene que apoyar en las apariencias sino en los sentimientos y esa frase de que las mujeres encuentran la felicidad por ellas mismas, por el momento con ella no dio resultado.

Ofelia se creía curtida en los avatares de la vida, hasta ahora hábilmente sorteados. Llegó a la conclusión que le faltaban consejos y pensó acudir a un cura, pensando en soluciones, para cuando la autoestima roza el suelo.

Pese haber encandilado a los hombres a lo largo de su vida, viéndola como objeto de deseo. Hoy por hoy... Ofelia esa tía tan buena, para su desgracia, seguía durmiendo sola.

Sábado, 05 de Noviembre del 2005

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