Largando por mi boca, asere

Le dijo ¡NO!

Era uno de los muchos días que esta doctora hacía el viaje desde su ciudad hasta La Habana, la Guagua que tenía que llevarla a su destino por esas cosas que allí pasan, como algo de lo más normal no pasó.

Ella con su maletín se dispuso a coger botella junto a un semáforo, para ver de llegar a tiempo a su trabajo. De ella dependían las pruebas y análisis Oncológicos a practicar a los pacientes citados ese día.

El transporte público de viajeros en toda la Isla, desgraciadamente es un desastre, aquí no descubro nada, cualquiera que haya visitado la Isla lo sabe. Es muy corriente ver en las carreteras que cruzan toda la Isla de Cuba el penoso espectáculo del transporte de seres humanos hacia sus destinos como si fuera ganado cargados en camiones gubernamentales.

Una máxima que llevaba muy a gala esta Dra. Cubana era la responsabilidad, y le empezaron a entrar los nervios propios de saber que aquel día sus pacientes dependían de ella; Por su cabeza empezaron a llegar las preocupaciones propias de que esos seres eran humanos, no eran catarros precisamente lo que les afectaba, eran victimas del Cáncer.

A ella empezó a entrarle la desesperación.

La botella ese día no daba su efecto, no paraba ¡ni Dios!; En el semáforo donde estaba su mirada despedía mensajes de S. O. S. a los conductores de cualquier vehículo que pasaba.

Iba pasando el tiempo y pasaban los carros, uno, otro, otro, otro, y nada, con el consiguiente disgusto que le ocasionaba aquella situación por lo responsable que era.

Con el semáforo en rojo se detuvo un carro y decidió dirigirse al conductor al ver que iba acompañado de una señora mayor con la parte de atrás vacía. Diciéndole.  ¿Compañero me puede adelantar algo?  El chofer se volvió hacia ella con mirada fría y una respuesta contundente salió de su boca ¡¡ NO!!

La fatalidad no podía ser tan adversa con ella, sus pacientes no tenían la culpa de las deficiencias del transporte público de su país.

Aquella pesadilla parecía no tener fin, seguían pasando los carros y nada. Hasta que la recogió el conductor de una moto y la adelantó, dejándola a unos dos kilómetros del Hospital; ¡Algo es algo!, se iba diciendo ella, echo a correr mientras recordaba... ¡coño!  He llegado a estar con lluvia, con Sol, esperando horas por la botella, pero la tensión de hoy no se la doy a pasar a nadie.

Rota por el cansancio aceleró el paso en su nerviosa carrera, tenía que llegar a tiempo. Vio pasar una moto que a unos metros delante de ella paró. ¡Apúrate!, era un empleado del hospital que la conocía, acercándola hasta la misma puerta del Hospital.

Entrando por la puerta de la Sala de Oncología la enfermera le dijo. -¡Ya íbamos a decirle a los pacientes que se marcharan!; Pero al ser estos de provincias decidimos esperar un poco más.

Rápidamente se puso pa las cosas. 

Tenía citados a cuatro pacientes, esa era la cantidad establecida por la dirección del Hospital, ya que por el exhaustivo estudio que les tenía que hacer precisaba para cada paciente unas dos horas.

Estaba de espaldas a la puerta de entrada a la consulta poniéndose su bata de trabajo y pasó la primera paciente acompañada de su hijo, oyéndose la voz de este... Dra. Menos mal que llegó, estábamos a punto de marcharnos, con el viaje tan largo que hemos echo...

Ella se giró para empezar el estudio de su primer paciente y... Allí estaba el hombre frente a ella que le dijo aquel rotundo ¡NO!, cuando le pidió botella a la salida de su ciudad.

Al mirarse cara a cara, el silencio se adueñó de aquella sala, la cara de estupefacción de aquel hombre era todo un poema al reconocer a la doctora a la que le había negado botella.

Por la mente de la doctora en fracciones de segundo pasaron las imágenes de lo duro que fue hacer aquel viaje hasta la llegada al hospital; Su corazón seguía latiendo sobresaltado.

Y allí frente a ella se encontraba la única persona a la que ella se dirigió para que la auxiliara con resultado negativo; ¿Qué decirle, ¿qué reprocharle, si la solidaridad del pueblo cubano, bastión inexpugnable hoy esta por los suelos, está tocado de muerte.

El régimen ha hecho que se convierta en una jungla del sálvese quien pueda.  

El hombre aquel la reconoció, no dijo nada, ella tampoco no hacía falta, sus miradas hablaron por si solas, la de él con un—Lo siento... pido perdón... Y la otra resignada perdonando.

La doctora le dijo— Que pase su mamá, vamos a hacerle las pruebas

Las tristes circunstancias políticas de ese país instalado en otra época, hacen que los ciudadanos  a veces se vean “enfrentados”  por este, o cualquier otro servicio público deficiente. 
Septiembre de 2005.Toni

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