Largando por mi boca, asere

Ingeniero en Fosforeras

Mario en una clase de mulato que yo no acabo de centrar en si es atrasao, de pelo malo o qué...

Lo cierto es que con 63 años repara y rellena fosforeras y todo tipo de artilugios de gas, en su mesita taller en un popular reparto de la capital habanera.

No se le resiste ninguna fosforera por vieja o rota que esté, él las repara con una destreza y agilidad, como si de un mago se tratase.

Mario es de tez fina, dice que tiene raza de negro, blanco y hasta de chino, muestra todo el rato una sonrisa que delata en su parte superior de la boca cierta carencia de sus dientes caninos.

Todas las mañanas alrededor de las nueve, lo suelo ver en la cola del Kiosco de prensa para comprar el diario el Granma y el Juventud Rebelde. A continuación pone su negocio en funcionamiento( mesita, silla, así como los utensilios propios para ese menester)

Mario es una especie de “Filosofo de la calle”. Me cuenta sus múltiples facetas, ocupaciones que ha desempeñado a lo largo de su azarosa vida. Habla varios idiomas, dice entre otras cosas que es abogado por la universidad de la Habana.

Una de las cosas que más me impactó de este hombre fue cuando con pena me contó como se truncó su esperanza de salir del país. Lo intentó cuando lo de la Embajada del Perú en el año 1984. Aquello no le salió bien y se la mentaba diciendo. ¡Me hicieron la vida un Yogurt!. A raíz de aquello tuve que trabajar en la construcción y en los más diversos trabajos que se presentaban, por mi pretendida salida del país.

Hoy en esta pinchita pago 25 pesos al gobierno diarios y levanto unos 75 más o menos. Los fines de semana toco la Guitarra en un grupo de música y así voy tirando, vivo con una hermana que me cocina y lava la ropa.

En uno de esos momentos que paso conversando con él, pasa la señora con el termo del café ( un peso) me invita a café, envía a algún viejito a que le compre tabacos de la bodega, pues desde que se toma el café no-suelta el tabaco.

Mario de alguna forma ejerce una especie de autoridad en torno a su “Multinacional de la Fosforera” Aporta 10 pesos para la compra de una botella de ron, mientras otros viejitos contribuyen en lo que buenamente pueden, para tomar en total camaradería. Él es solidario con sus paisanos, se podría decir que es indispensable en el portal de la casa donde hace su labor, es como una pieza insustituible del Puzzle de esa calle, o triangulo formado por la bodega con sus viejitos en la puerta hablando y discutiendo de todo... El Kiosco de prensa y Mario al frente de su negocio, cual Alejandro Magno donde su montura no es más que una vieja sillita desde la que él aún tiene sueños... Suele decirme. ¡Me gustaría pasearme por la calle de Alcalá de Madrid bien trajeado con zapatos nuevos ¡ - Y si muero en Madrid que me entierren en Barcelona y viceversa.

Mario es un cubano más de los que a los ojos de cualquier paisano dirían de él... ¡ Ese está quemao!

Pero yo no pienso así. Me alejé de su multinacional fosforera recapacitando en sus sueños y convencido de cuantos miles de Marios viven en la Isla de Cuba y que todavía al menos su imaginación les permite y sueñan con poder volar.

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