Jinetero,... ¿y qué?

Devuelve lo que no es tuyo

Debido a unos trabajos en un Hotel de Varadero, tuve que llevar a un ingeniero de la industria básica a hacer unas mediciones. A primera vista se veía que e mejores tiempos había sido un negro grande como un escaparate y fuerte como un toro, pero en el momento de esta historia era un cúmulo de huesos. Arrastraba una gran miseria por donde pasaba y se veía a las claras que no había visto un dólar ni en fotografías.

Estratégicamente terminamos el trabajo sobre las 2 de la tarde, la hora pico de un buffet de un Hotel de playa. Así, el placer sería doble al degustar un buen almuerzo a la vista de unas turistas en traje de baño. Quién sabe, la suerte hay que ayudarla, ¿no?… Cuando le dije que comeríamos en el buffet antes de regresar a La Habana poco faltó para que me abrazara. Se lavó las manos y me dijo:

- Vamos al ataque

Al pobre se le salían los ojos de sus órbitas ante tanta comida, quería probarlo todo y de todo se servía bastante. Preguntaba a los cocineros por el contenido de cada plato y todo le parecía bien. Era un niño en día de reyes. Lo llamé aparte:

- Men, cógelo suave que la gente va a pensar que tú te estas muriendo de hambre.

- Usted es un ingeniero coño.

- Asere, tú sabes cuando le haga el cuento a mi negra ¡En mi casa yo como en la casuela!

- Sí, pero de todas maneras cógelo suave que no se te va a escapar. Aquí las cosas no se acaban y la semana que viene hay que volver.

- Pues la semana que viene le damos duro igual a la mesa sueca. Ah deja eso tu verás lo que es comer.

- Bueno.- dije encogiéndome de hombros

Daba pena ver a aquel hombre ir y venir de la mesa al buffet tantas veces. Combinó bisteces de ternera, con camarones, pescados, con carne de cerdo, picadillos, aceitunas, mayonesas y grasas, helados y cafeses. Una bomba.

Durante la comida reía sonoramente, todo para él era felicidad. Se fajaba con una loma de pescados fritos cuando su mirada se cristalizó, los ojos se le pusieron en blanco, pensé que alguna espectacular turista a mis espaldas le había cortado la respiración. Así que ni corto ni perezoso me viré a ver tan buen material, pero a tiempo para ver como en cámara lenta su cabeza estrellarse contra el plato que tenía enfrente.

- ¡¿Oye coño, negro que te pasa!? ¡Camarero llama a enfermería y ayúdame a cargar a este.

Pa´ no formar mucho aspavientos en el salón repleto de turistas, sacamos como pudimos al pobre hombre sin conocimientos por la ventana que tenía a sus espaldas.

Al llegar al puesto médico ya el doctor estaba esperando.

- ¿Y a este que le pasó?

- ¿Qué se yo, estábamos comiendo y de pronto le dió una cosa y aquí estamos?

- ¿Qué comió?

- Bueno, pues de todo: camarones, carne de res, pescados de dos o tres tipos, una sopa, una pizza de chorizo y algunas cosas más. Pero todo de aquí del hotel, vaya bien elaborado.

El docto movió la cabeza, hizo un par de reconocimientos y soltó una carcajada.

- ¿Qué bolá docto?

- ¡Este no tiene na´ ¡Sólo un coma proteico!

- ¿! Un qué!?

- Este tipo grande así como tú lo ves, está fuera de caldero. No ha chocado con buena jama desde que se perdió Camilo. Su estómago no está acostumbrado a tanta marcha, no sabe que hacer con tanta información.

- Pero él me dijo que come muchísimo, que en su casa le dicen come en cubo…

- Sí, no lo dudo, un cubo de mierdas: Picadillo de soya, bistec de cáscara de plátano, pasta cárnica y cosas pa´ engañar el estómago, pero esto ha sido demasiado pa´él. El estómago es un músculo que se entrena también. ¡Y a este le dieron K.O!

Y virándose pa´l negro que estaba atontado en la camilla le dijo:

- Arriba, devuelve todo ahora mismo…- al tiempo que le practicaba un lavado de estómago…

Jueves, 20 de Abril del 2006

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