Jinetero,... ¿y qué?

Mirando atrás (Presentación)

Presentación de "Jinetero,... ¿y qué?"

El yoyo no existe, él es todo lo que siempre quise ser y nunca pude. Por eso no les digo mi nombre, pa´que no se desilusionen.

El yoyo no es rico, al menos en dinero. Las únicas cosas que ha logrado acumular en su vida son amigos y experiencias. En cada uno de los disímiles empleos que he tenido fuera de Cuba he aprendido algo. ¡Coño! ¡No vean cómo se aprende desde un cibercafé, calentado viejas en una línea erótica o de sobrecargo en una línea aérea! Cada uno llenó con creces mis entrañas con historias. Historias que andan dando vueltas por allá dentro y trataré de sacarlas como sea para compartirlas con ustedes.

Mis relatos no son ficticios. Están marcados por la realidad mía y del mundo que me rodea. Por la vida que me tocó vivir. No pretendo con ellos convencer a nadie de nada, sino de mostrar la vida como la veo yo y unos cuantos cubanos. Gracias a Gonzalo Obes y Conexión Cubana que me ha dado la posibilidad de mostrar que los cubanos somos de carne y hueso, que sufrimos y que amamos, que los hay muy malos, pero también los hay muy buenos. Esta sección pretende echar una mirada sobre la vida de los cubanos todos, los malos y los buenos, los de aquí y los de allá. Pretendo contar como son los días el cubano de a pié en Cuba. Ese que vive “inventando” en un solar. Y de aquel cubano que tuvo la “suerte” de salir echando pa´otra parte y sobrevive en algún rincón de este planeta. Pretendo mostrar a los que piensan que estamos hechos 100% de alegría, que los más felices son aquellos que todavía están allá, en nuestra tierra. He conocido demasiados cubanos tristes de Vancouver a Santiago de Chile y de Sydney a Ciudad México que como plantas retorcidas de dolor, esperan retornar a su jardín.

Nací en la Habana y eso marcó mi vida. Todavía la llevo a cuestas. Me siento habanero como el que más. Cuando me preguntan de donde soy respondo que de La´bana. Me siento orgullosos de mi ciudad y de mi gente. Un solar de La Habana Vieja vió mis días unos tras otros. En él lloré, sufrí, me fajé, pero también reí, bailé y sobre todo soñé. Desde aquel modesto pedazo de La Habana soñé salir y recorrer el mundo. Ya lo hice. Es más, ya tuve demasiado.

Ahora me pierdo en fantasías de volver. Sueño con sentarme en la puerta del solar, con la mesa de dominó, con “mecaniquear” un Chevrolet del 55 y echarlo a andar. Con el radio del vecino a toda voz y el cañonazo de las 9.

Me gustaría que cerraran los ojos y volaran conmigo a La Habana. A pasearnos sobre la ciudad y sus gentes.

Vengan conmigo, echemos una mirada atrás…

El Yoyo - Diciembre de 2004

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