Jinetero,... ¿y qué?

Comprar para especular

Un gallego, al que estimo mucho, me ha preguntado lo siguiente: ¿Por qué los cubanos cuando reciben una remesas desde el extranjero, no la administran como es debido y se compran una camisa o algo para “especular”? ¿No sería ahorrar y gastar sólo en comida?

El personaje de un cuento infantil que todos conocemos duda que comprar con una única moneda que llega a su bolsillo. ¡Una caja de polvos faciales!

Cada uno de nosotros lleva dentro de sí un capricho no cumplido, un sueño que acariciamos desde niños. En Europa hay quien sueña con conducir un Ferrari al menos una vez. ¡Y ahorrando logra pagar 5000 euros por conducirlo un fin de semana! Otros se van a Thailandia o construyen una casa con el ahorro de sus vidas.

En Cuba también se sueña. Las personas, aún casi más muerta que vivas, mantienen la pequeña llama de la esperanza y de los sueños en su interior. Pero allá la fábrica de sueños ha cerrado por falta de combustible. Sólo cuando nos visita el tío rico de Europa o el primo de Miami tenemos acceso a la caja abandonada de los sueños. Ese día es como si bajara un hada madrina que con su barita mágica cumplirá un deseo o tantos como le sea posible. Ellos no llegan cada día, tampoco pueden mandar dinero cada vez que tenemos una necesidad, pues estas se han ido acumulando y no terminan; en Cuba hay necesidad desde lo más elemental hasta lo más superfluo.

La lógica del primer mundo indicaría que en ese momento tratáramos de asegurar nuestra existencia el mayor tiempo posible. Que con mano férrea administrásemos el poquito de vida que nos traen esos fulas venidos del norte. Pero seguimos siendo almas.

Descartemos el primer y más grande deseo de los cubanos: que se muera quien tú sabes, porque parece haber hadas madrinas tan fuertes que desafían los pedidos de 11 millones de cubanos.

En ese momento cerramos los ojos y somos reyes y reinas por un día. ¡Que se cumpla el deseo de verme envuelto en una buena camisa! ¡Que se cumpla el deseo de entrar por la puerta principal a Varadero! ¡Qué se cumpla el deseo de tener mi bicicleta!

Porque cuando el hada madrina se vaya, volvemos a la vida sin colores, a la del obstine, los dólares se van a acabar más tarde o más temprano y seguimos con las mismas necesidades de siempre. Pero al menos cuando se vaya el último dólar, veremos la sonrisa del chama por su bicicleta nueva o miramos la hora en el reloj que siempre soñamos.

Dos anécdotas que me tocan de cerca.

Mi suegra que vivió su niñez en una Europa destrozada por la guerra, me cuenta cuan valiosas eran para ellas las revistas francesas de moda de la preguerra. No tenían casi para comer, pero cuando el trabajo les daba un minuto, ojeaban y acariciaban cada página de ellas. Esos eran los mejores momentos de su vida entre mierda, muertos, hambre y necesidades. La mente tiene un poder inmenso y las sacaba de su realidad.

Con 65 cumplidos, era la primera vez que mi madre salía de la isla. Por aquello de la diferencia de hora y por tan largo tiempo sin vernos, conversamos hasta bien entrada la noche. Me proponía enseñarle la ciudad. Pero ella quería sólo cumplir un deseo. Algo tan simple, inimaginable en la Europa actual. A mi madre le encanta el camarón. Pero no había comido camarones por más de 30 años.

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