Jinetero,... ¿y qué?

Oración de un niño en navidad

No recuerda, de niño, haber disfrutado de historias contadas por sus padres a la hora de dormir, ni arbolitos, ni regalos de navidad ni na’ de na’. A los nueve años ya no tenía sus padres consigo. Su madre se fue temprano, víctima de una enfermedad y su padre murió en los disturbios de la revolución del 33. Sólo le dejaron dos hermanos más pequeños que él y la inmensa preocupación de sacarlos adelante. Dios no le dió tiempo siquiera de terminar de ser niño cuando le cayeron del cielo las preocupaciones de adultos.

Sus juguetes, si es que se les puede llamar así, fueron su cajón de limpiabotas y los barcos de papel que hacía con los periódicos que no lograba vender en el día y que junto a sus hermanos echaba en la bahía de La Habana.

Me contó mi padre, que con suerte podían comer una vez al día y que a veces tuvo que sacrificar su porción para que su hermano más pequeño ganara fuerzas y aprendiera finalmente a caminar a los 5 años.

Fueron los años de Machado en la presidencia.

Enganchado en el tranvía vio La Habana crecer y llenarse de barrios nuevos, inmensos palacios mientras la burguesía estrenaba los últimos modelos de autos. La Habana era progreso. Sólo que ese progreso nunca llegó de forma pareja.

Mi viejo perdió la fe en Dios cuando siendo aún niño soñó que Dios le cumplía un deseo. Ese niño pidió de todo corazón que sus descendientes no vivieran la misma pobreza que vivía él.

-Yo quiero, le dijo, que mis hijos y nietos nunca vivan esta situación. Haz que nazcan lejos de toda la miseria que hasta hoy he vivido.

Nunca olvidó ese sueño. Fue en la Navidad del año 1934 según me dijo.

Más de 70 años han pasado desde aquel día.

Tampoco Dios olvida los pedidos hechos de corazón por un niño:

Los nietos de mi padre han nacido lejos de toda la miseria que el vivió. Lejos, tan lejos que no hablaron el idioma de su abuelo al nacer, ni saben donde está enterrado.

Siendo justos, Dios cumplió al pié de la letra su promesa. Hay que tener fe que todo llega.

Lástima que aquel niño no le haya pedido prosperidad, libertad y justicia para Cuba. Estaríamos ahora todos sentados en el Malecón bajo el sol habanero celebrando la Navidad y adobando el puerco de la noche buena en familia.

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