Jinetero,... ¿y qué?

Mercado de Navidad

Como de costumbre a las tres de la tarde ya es de noche. Este año no tenemos aún tormentas de nieve cubriendo y devorando cuanta superficie queda expuesta a la buena de Dios. No. Este año hace buen tiempo, tenemos sólo – 1 grado. De cuando en cuando cae una fina lluvia helada que atraviesa la cara como agujas, pero eso es todo.

Hemos decidido aprovechar “el buen tiempo” y llegarnos al mercado de navidad que llena de colorido la ciudad vieja, algo que por no tener en Cuba, siempre resulta agradable visitar. Al menos en estas estrechas callejuelas inundadas por la alegría del mercado de navidad no hay que avanzar por sobre toneladas de nieve.

Desde los gruesos muros de la ciudad medieval se nos abalanza el eco de viejos marinos anunciando aceite de ballena para las lámparas que mantenían alumbrados a los lugareños en los meses en que el sol cierra el negocio y se va de vacaciones al Caribe. El aire se llena también de sonidos de instrumentos góticos y chasquidos de viejas jarras de barro y en grandes potes se cuecen menús hipercalóricos para poder soportar este frío increíble.

Son ya las 3: 30 de la tarde y el cielo es una sombrilla oscura sobre nuestras cabezas. A pesar de la oscuridad todo es color, música y alegría. En este tiempo se permiten los borrachos, se admite también alzar la voz y hasta reírse a mandíbula batiente. No es mucho, pero ya es bastante más que en el resto del año.

Hoy es día especial. Se me permite tomar tantos vasos de vino hirviente como quiera, la dieta de mi esposa la mandan al carajo unas sabrosas almendras y mis pequeños pueden acostarse más tarde de lo usual dando vueltas y vueltas en un carrusel y en los carros locos y en la estrella y en… ¡oye está bueno ya, que no se si el mareo es debido al vino o de verlos ustedes dando vueltas!

Ya sé de antemano como va a acabar la velada: Mis hijos me arrastrarán dentro de la vieja taberna inglesa a la que hay que descender por unos escalones de madera tambaleantes y como cada año pedirán al solitario músico de cara enrojecida por el “Güisqui” que toque para su papá la melodía “Get back.” El la cantará …y me pondré triste … y saldré como cada año a la oscuridad de la calle y gritaré (porque hoy está tolerado gritar)

- ¡Cojones, son sólo las 4 de la tarde! ¿¡No hay sol en este jodío país ni siquiera en cumpleaños!?

Porque mira tú que coincidencia, hoy es mi cumpleaños y cerraré los ojos sobre la almohada tarareando la vieja canción de los Beatles, como tantas veces lo hice de joven sin saber que sería una fatídica premonición:

…Get back,
Get back to where you once belong…
Get back yoyo…

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