Jinetero,... ¿y qué?

Un mes en La Habana

La Habana es sólo un destino familiar. Sólo la sangre puede ser (y seguirá siendo) motivo de un viaje a la isla por el placer de reencontrar a la familia que dejamos atrás. También puede ser una opción válida para el para turismo de la tercera edad que busca una noche tranquila después de cenar oyendo una descarga de piano…

Pero para quien ahorra todo un año para irse a desconectar en vacaciones, Cuba puede ser un gran chasco… ¡y mira que quien escribe ama a su isla! Pero hasta yo me di cuenta de que La Habana está despoblada de opciones para jóvenes y gente normal. Los lugares para bailar escasean, bares donde jugar una simple partida de dados, cartas, billar o dardos brillan por su ausencia y los locales de bailes, que sólo abren los fines de semana, cierran sus puertas a las dos de la mañana. Después el turista quedará con la terrible opción de no hacer nada, de bostezar en la cama pensando en sus compañeros de trabajo que dejó en Europa y que prefirieron irse a Cancún, Montego Bay o Punta Cana… ¡Coño a ellos les sorprenderá el amanecer bailando!... Y bostezará diciendo Hasta mañanaaaaa…

La opción gastronómica es desastrosa (excepción Los Nardos y el Asturianito, un par de restaurantes de nueva creación que pertenecen a una sociedad española frente al capitolio. A pesar de no ser perfectos, le sacan un buen tramo en calidad y cantidad al resto de los restaurantes habaneros. Para los gallegos siempre “preocupados por aquello”: El lugar es barato ). Es deprimente comer en restaurantes vacíos (a excepción de los antes mencionados y algún otro en el Barrio Chino) con el aire acondicionado a to´ meter que hace temblar a alguien como yo llegado del hielo. Todos los bares de la ciudad están pensados para turistas, en ellos tampoco encontrarás jamás a un cubano “normalito” y en todos te obligarán a conversar bajo el estruendo de una orquesta de salsa y terminar afónico de tanto gritar. Una mejor opción es comprar la caja de cerveza en el supermercado y sentarse en el malecón (claro si no tienes pinta de yuma).

Hablar con un “cubano real” es ya un encuentro cercano de tercer orden. Los cubanos que tienen fama de ser un pueblo abierto por excelencia, hoy evitan a los extranjeros como el diablo a la cruz. Es preferible que piensen que somos unos mal educados a tener que dar explicaciones al policía que los observa bajo lupa por haber ayudado a un turista perdido a encontrar su Hotel…

Los policías como siempre “ciegos”. “La Lucha” ya es a la cara de los “nagües” y estos… bueno, en la luna. He visto descargar una caja de Vinos en la barra de un bar tras saludar al policía de la puerta. “La suministradora” y el barman cuadraron el precio a la vista de todos. El dinero salió de la caja, ella se lo metió en el bolsillo de atrás del jeans (muy buena que estaba la blanca, por cierto) y se marchó sin problemas. Dijo adiós al Nagüe y ya… Si yo fuera policía en La Habana hacía historia… o mejor, ¡Me hacía millonario en una semana!

Se ve mucho menos turismo en la calle. Y como consecuencia, la nueva generación de jineteras y pingueros la tienen bastante más difícil para entender a los chinos pues además de su idioma, siempre andan en grupo o “atendiendo” a turistas de inaccesible acento británico bastante más escurridizos y menos ingenuos que los gallegos que visitaban la isla años atrás.

Hablé con una pareja inglesa que viajó por la curiosidad de conocer el socialismo Tropical antes de este sucumba tras la muerte de “Quien tu sabes”. Me confesaron que tras dos días en Cuba sentían que habían tirado su dinero en el inodoro… Les respondí: Esto va pa´ largo. Esto les cuadra a los cubanos, ellos lo decidieron así. No hay nada que hacer… dile a los periodistas que te reintegren el dinero… Ni del hermano ni de “ÉL” se habla. Como si nunca hubieran existido. Tampoco hay levantamientos populares en contra de nadie ni nada. Los pocos “disidentes” que visitan de vez en cuando la peña del Parque Central están tan desprestigiados en su muela bizca que la peña no les hace swing… prefieren hablar de pelota (me consta porque lo viví que allí se formaban años atrás tremendas discusiones acerca de “el día después”) La gente sigue su partida de dominó en las aceras llueva truene o relampaguee, bajo una invasión, apagón o en medio del funeral de su presidente. Si mañana anunciaran un mes de luto por la muerte de quien tú sabes, la peña se alegraría por los días libres y punto…

Me pidió esta pareja que les recomendara un buen lugar y los llevé a “La Zorra y el Cuervo” donde por esos días se desarrollaba el festival “Mujeres en el Jazz”. Al ver que había una traductora relajé, pero tras la segunda oración los ingleses me dijeron: Sorry, ¿pero sería mucho pedir que nos traduzcas tú? Recomiendo el festival… sólo tienen que buscar una traductora que sepa hablar inglés decentemente pa´ que todo sea perfecto. (Nota a la “traductora”: Sorry mimi, pero estás tirando con la cara)

Una anécdota tragicómica: iba yo por el malecón, me acompañaba de mi hermano que también se ha ido en vicio creciendo. Ambos tirábamos fotos al Malecón, a los edificios, a los almendrones… De pronto se nos acercó un muchacho de unos veintitantos años. Abría los brazos en gesto exagerado y dijo:

- Hi. Friends! Have a nice Holidays… Where are you from?...

Nos miramos, ¿Habremos cambiado tanto o este cabrón estará dándonos cuero?

- ¿Qué bolá asere, tan jodía está la cosa que vas a jinetear a dos negrones de la Habana Vieja?- Se quedó de una pieza, pidió disculpas y se esfumó.

Caminar por La Habana es un ejercicio doloroso para la memoria. Faltan más edificios y los que aún están, lo hacen en un estado tan calamitoso que duele pensar que esas ruinas son la escuela que habita en tu niñez o que “eso” es el mercado donde tomabas sopas en los puestos de chinos cuando llegabas de regreso de una noche de rumba.

Los años pasan y uno cambia. El primer día se me ocurrió tomar agua del grifo sin hervir ni na´. Pensaba que aún estaba curao de espanto… y me equivoqué. ¡Hasta mis Giardias se han acostumbrado a otra vida y terminé con unas diarreas que pa´qué! ¡Por suerte las guayabas cubanas no creen en cagaleras! (Las guayabas son vía oral… no vaya alguien a tratar de metérselas en el culo…)

¡Monté un camello! Lo cogí en la primera y me tuve que bajar en la segunda parada… ¡No aguanté! ¿me estaré volviendo europeo? Bueno, ¡nadie es perfecto! Con tal que no termine maricón como todos mis colegas…

Voy a dormir que el cammbio de hora me tiene zombie...

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